
Sólo había visto la inicial
Twilight y leído la primera parte del libro de Stephenie Meyer, ambas -aunque os parezca extraño- por cuestiones laborales. Mi opinión no era mala del todo, especialmente en lo que concierne al planteamiento de la historia: chica huidiza es desplazada de su entorno habitual -cambia madre por padre- y comienza de cero en un instituto, siendo objeto de todas las miradas; mientras esquiva las presiones del grupo conoce a un extraño personaje que le fascina de manera más y más obsesiva... hay muchas claves de la psicología adolescente ahí, tópicos y dilemas morales por resolver, interrogantes sobre la diferencia, la fascinación de lo ignoto, que hacen que su desarrollo sea apasionante para una chica o chico en ese trance... también, visualmente, me pareció que había escenas de impacto, por ejemplo la presentación de los tres vampiros
malos.

Por eso, como con motivo del estreno mundial de
Eclipse vi que en uno de mis cines favoritos en versión original, los Princesa, iban a echar las tres películas seguidas, me lancé de lleno a la piscina sin mirar antes el bordillo ni meter el pie para ver si el agua estaba fría, consciente de que me aventuraba en una excentricidad de gran calibre. Así las cosas, me interné completamente solo en el pase de las 16.00 horas de
Crepúsculo -sólo fui yo a la sesión- con una caja gigantesca de palomitas y una cocacola de tamaño medio -os juro que nunca tomo ni lo uno ni lo otro, pero como estaba transgrediendo mis normas cinéfilas al ver esas películas, ya me decidí a transgredir todo al mismo tiempo, y además como nadie me veía...-.
Confieso que, inmerso en esa situación insana de soledad en la sala y con el día algo tontorrón, disfruté de esta primera parte de la saga, que me gustó más que la primera vez. Tras un intermedio en el que di una vuelta por la Plaza de España, me sumergí en
Luna Nueva, la segunda parte, aunque con dos espectadoras añadidas al séquito, y el acomodador mirándome ya cómplice, como diciéndome -vaya atracón te vas a meter, papito-. La primera parte me encantó. Las escenas en el bosque, el conflicto amoroso, la entrega para la eternidad, el abandono, la decadencia... fue quizá cuando empieza a fraguarse el protagonismo del batallón de Hombres Lobo -con todo lo sexy que les ha quedado esa iconografía- cuando empecé a percibir que el argumento y la credibilidad endeble del guión comenzaban a hacer aguas de una manera estruendosa, como la bajada de un río en cascada atronadora, imposible, pero sin la coherencia arrolladora de esta, claro... el despropósito al completo, tras la incomprensible naturalidad con que la pánfila protagonista acepta las situaciones más chirriantes, llegó en la última escena, cuando tanto tiempo de conflictos y peligros se resume en esta frase de Él a Ella: ¿Te Quieres Casar Conmigo?
¡Bendita Corín Tellado! Que nunca engañó a nadie, y que además evolucionó con los tiempos.
UNA ESTAFA EN TODA REGLA
La tercera parte,
Eclipse, me pareció con mucho la peor de todas y la más perversa en el peor sentido de ese término -y eso que su director, David Slade, lo es de vídeo-clips del gran artista electrónico Apphex Twin o de la película de culto `Hard Candy´-. Porque utilizándose las referencias, los mitos y los anhelos de los adolescentes rebeldes o románticos, lo que se pretende es darles una ahogadilla de realidad sucia, de todo lo contrario, en esta película infame que ya desde el principio plantea este eslogan: "Todo comienza con una elección". Y la elección es la de la guerra santa, es decir, tienes que elegir no sólo chico y para toda la vida y con matrimonio casto y sacrosanto -porque la virginidad es un valor de primer orden, súbitamente, tras las engañifas previas, en la saga- sino un bando de lucha, porque la vida es una guerra, un campo de minas plagado de peligros y los que no son buenos son malos, porque así es y así ha sido, y tú tienes que elegir bando y plegarte y obedecer, porque el amor a tu amado, que es inmortal y está por encima de todo, así te lo exige.

Eso por no hablar de la torpeza y previsibilidad de las escenas de
acción y batallas, o el estereotipo insoportable del personaje femenino malvado, un personaje en realidad sin caracterización, sin personalidad alguna; del barullo que se adueña, ya, de toda la película, consagrada por completo al fragor de la causa, la irracionalidad de una chica enamorada que se convierte en una especie de monja alférez y a la que le hacen pronunciar unos monólogos supuestamente cargados de espiritualidad, y que hubieran avergonzado, por lo pomposo y ridículo, a la mismísima Aurora Bautista en sus papeles tipo Agustina de Aragón.
Claro, que más tonto soy yo por haber ido al maratón y cargado de palomitas, diréis... Bueno, de vez en cuando viene bien un baño de realidad.
Ah, se me olvidó decirlo. En esta última proyección -que para algo era una première- ya se abrieron dos salas que estaban de bote en bote, fundamentalmente de chicas en grupo -no tan adolescentes, por cierto-, algunas con sus novios, que rompieron en aplausos y gritos de alegría cuando el Vampiro le entrega el anillo de prometida a Bella.
The Twilight Saga: Eclipse / D. David Slade
The Twilight Saga: New Moon / D. Chris Weitz
Twilight / D. Catherine Hardwicke
Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner.
Cines Princesa, Madrid.
((SOS TÉCNICO: De un tiempo a esta parte, la letra al completo de todos los textos me aparece en cursiva. ¿Sabéis qué podría hacer para solucionarlo? Muchas gracias de antemano)).