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lunes, 19 de marzo de 2012

MARINA


Si ya de por si es un privilegio que una lectura teclee resortes de tu corazón, el poder escribir sobre ello y que además esas líneas lleguen a su autora, es motivo más que suficiente para abordar con alegría la semana.

¡Gracias, Marina!

He llegado a este blog por casualidad y he encontrado tu comentario, que me ha gustado mucho y que te agradezco. Casi no me acordaba de esos cuentos, que tienen muchos años, y me ha alegrado que alguien los "resucite".. Se nota que eres un gran lector. Gracias y un abrazo de Marina

Sobre la colección de relatos El tiburón y el ángel
Su última novela, Deseos

lunes, 5 de septiembre de 2011

LEONORA SIGLO XX CARRINGTON


Como he estado tan poco bloguero últimamente, no comenté nada en mayo sobre la muerte de Leonora Carrington, escritora y pintora que adoro y que marcó un antes y un después en mi formación cultural y afectiva. Sobre ella y sobre la novelista británica Angela Carter ya me explayé hace cuatro años; ahora, si tuviera que elegir un titular sobre la muerte de Leonora sería algo así como que con ella se va el siglo XX... porque es una mujer carismática que simbolizó todas sus convulsiones -vanguardias artísticas, liberación femenina, locura por el horror de la guerra, huida y éxodo, búsqueda incesante,..-.

Esta chica inglesa de buena cuna que se fugó con su amante surrealista a París, que fue ingresada en un psiquiátrico de Santander en la época más oscura de la Historia reciente y que halló amparo y acomodo en el país donde ha pasado la mayor parte de sus días y que la hizo ya suya, México -que con tanta generosidad acogió a los europeos que buscaban refugio ante el horror-, creó mundos insólitos y libérrimos, en los que los seres vivos se mezclaban de una manera dislocada.

Gracias a la editorial Siruela, que publicó esos magníficos volúmenes de El séptimo caballo y Memorias de abajo, sin los cuales yo no la hubiera conocido...

(En la primera foto vemos a Leonora con, entre otros, Max Ernst.)



LEONORA CARRINGTON EN CIUDAD DE MÉXICO  (Bajado por alecemusic)

jueves, 25 de noviembre de 2010

DE VUELTA A MI SANGRE DE AMOR CORRESPONDIDO



-¿Cuál fue la última vez que me viste?

Él la vio por última vez hace diez años, ocho años. Después nunca más. Fue en Cocotá, Estado de Río. En la plaza, del lado de la iglesia ¿verdad? ella le fue al encuentro, tenían cita ¿o cómo fue la cosa? de ahí salieron juntos, hasta el Club Municipal, a bailar toda la noche. ¿Y qué más pasó con ella? Estuvieron en el baile hasta las dos y media de la madrugada, después se fueron a un hotel a hacer sus cosas ¿está claro? aquella noche.

-¿Y nadie se dio cuenta, que una chica de quince años entraba a un hotel?

En el club había mucha gente, el pueblo no era muy grande, seis mil personas, seis mil habitantes. Pero se podía ir a un hotel, sin problemas, no ahí, en otro pueblo cerca ¿está claro? llegaron y tomaron una cervecita y demás. Fueron en automóvil, en esa época él tenía un Maverick, otros tiempos, después él entró en picada, y nunca más tuvo automóvil. El año que viene se va a comprar uno financiado, si Dios quiere.


LA DISTANCIA / ROBERTO CARLOS


-¿Qué baile era ese?

Era un baile con música de Roberto Carlos, todo el tiempo, toda la noche discos de Roberto Carlos. También había otros lugares para ir a noviar, estaba la pileta de natación, para unos señores baños, y la cascada. Se subían por las piedras, se ponían el bikini y el pantaloncito de baño, se metían entre los árboles, ahí mismo está la selva de veras.

(...)

-Dicen que me llevaste una vez entre unos matorrales, solos lejos por el campo ¿es cierto?




Fue a la de pelo negro que él se llevó a los matorrales, una cuestión muy diferente. La rubia fue en el hotel, la María da Gloria. Fue lo siguiente: llegaron a la pieza, se dieron una ducha ¿no? la ropa no había modo que ella se la sacase. Él se puso medio furioso. La agarró con fuerza, "¡No!", gritó ella, "¡A acostarse se ha dicho!". Él la acostó y le sacó la ropa, se empezaron a besar, a morderse y esas cosas. Ella lloraba como loca, desesperadamente. Entonces fue que él habló, "M´hijita, es inútil, de aquí no te vas a escapar, la noche es tuya y hay que aprovecharla". Y una serie de palabrerías que no se terminaban nunca. Estuvieron tres años de novios, qué joder, le tocaba a él y no se la iba a dejar a otro. Digamos que él la dejaba como tenía pensado, y otro tipo venía y se la mandaba al buche en vez de él, entonces el embromado era él después de tres años de novios ¿está claro? Por eso se lo dijo a ella. Y le enseñó cómo se hacían las cosas, la puso para abajo, y para arriba, la mordió toda, hizo que ella lo mamara todo, que lo lamiera por todas partes ¿está claro? Fue una orgía total ¿verdad? hubo de todo, hubo una que lloró, hubo risa más tarde, ella se empinó varias copas.

-No es cierto, yo nunca tomé en la vida. A mí me descompone la bebida, en seguida vomito, o me da dolor de cabeza muy fuerte.




(...)

(...) Pero a ella le gustó demasiado aquello la primera vez, "No te gustó tanto porque dolió muchísimo ¿verdad?", "No, el problema es el siguiente: yo tendría que haberte hecho caso, Josemar, y dejar que me hicieras esto el primer día que te conocí". Y ahí él le dijo, "Eso imposible porque cuando te conocí tenías doce años ¿o menos? en aquella época debías tener diez años. Yo nunca te habría hecho esto ¿está claro? ahora sí, ya estás en buena edad, aunque lo mismo te dolió". ¡Él andaba loco por ella!

-No me acuerdo de cómo era ese dolor, por más esfuerzo que hago no puedo acordarme.


(...)



Sangre de amor correspondido (1982) no tiene nada que ver con vampiros, a pesar de lo que pudiera parecer por su título. Fue la penúltima novela del argentino Manuel Puig (1932-1990), el escritor arrebatado y sensual, pionero en tantas cosas, abanderado de la vida, del erotismo, de la cultura icónica del pop.



SANGRE DE AMOR CORRESPONDIDO / MANUEL PUIG (Ed. Seix Barral)

Sangre... utiliza un juego de preguntas y respuestas -en el que se cuela algún intruso- para narrar una pasión adolescente que se desfigura en el recuerdo. La recreación del espacio y del tiempo -los años 70 de un pueblo brasileño-, el retrato del arrollador y carismático Josemar -carne de cañón-, la crónica de su fracaso anunciado; la pasividad enfermiza de su prometida favorita, la María da Gloria que se queda tejiendo y destejiendo su tela tras la marcha traumática del noviete en quien deposita la vida, es apasionante, y apasionada..

La he releído estos días, o quizá debería decir leído entera por primera vez, ya que en su momento -cuando apareció en el mercado- dejé la novela a un amigo antes de acabarla, deseoso de compartirla con él.. pero nunca más se supo. A veces ocurre que idealizamos una lectura en la distancia y al cabo de un tiempo no resiste la confrontación con la realidad: pero este no ha sido el caso. Sangre de amor correspondido ha salido más que airosa de la batalla contra el recuerdo.

¡QUÉ BUENA ES LA MATUTE!



La noticia de su premio Cervantes me ha pillado trabajando en clase un texto de ella con mis alumnos. No voy a mentiros: sólo he leído su Aranmanoth, una de sus últimas novelas, pero me pareció tan maravillosa -es una fábula que contiene una explicación completa de la vida y de la muerte, de la historia, en fin, de los humanos; y eso, que parece tan cargante y ambicioso, expresado con una sencillez y una amenidad apabullante- que Ana María Matute es una de mis asignaturas pendientes, estoy deseando pillar el Olvidado Rey Gudú y también obras de su primera etapa.. Y ella, como personaje, es adorable.



¡Enhorabuena!

(Los cuadros son: O pescador, de Tarsila do Amaral; Retrato de Joaquim Rego Monteiro y Leda e o cisne, de Vicente do Rego Monteiro, Adán y Eva, de Tamara de Lempicka y el Aranmanoth de Elisabeth Nogales.)

domingo, 18 de julio de 2010

BELÉN GOPEGUI, GEÓGRAFA DEL PENSAMIENTO



Aprecio y leo desde hace tiempo a Belén Gopegui (Madrid, 1963), por lo que hace unas semanas no pude resistir la compra de una edición que encontré de bolsillo de su primera novela, La escala de los mapas (Anagrama, 1993).

Ya sabía de su peculiar manera de decir las cosas, de su meticulosidad filosófica, su aprensión hacia los lugares comunes, la necesidad en ella perentoria de re-pensar -el Diablo es no pensar es una frase suya- y replantear todo. Mas a pesar de ese conocimiento previo, esta ópera prima suya me ha sorprendido mucho... puede decirse que la estoy leyendo con fruición, y eso que apenas hay acción, es todo pensamiento -estoy en contra de esa estupidez de que en verano hay que leer cosas leves; precisamente ahora que estamos menos sujetos es más fácil sumergirse en lo profundo, y eso no es sinónimo de pesadez ni aburrimiento-.


¿Cómo resumir la trama, o el propósito de la novela? Es difícil, pero voy a intentarlo.
Sergio Prim es un señor de mediana edad y geógrafo de profesión. Cauto, discreto, serio, escéptico, reservado, contenido, desapasionado. En un momento dado reaparece en su vida Brezo, un amor que pudo ser y no fue, y que ahora reclama con firme delicadeza su sitio, el de compañera, amante, novia, amiga. Esto que en principio suena tan sencillo pone patas arriba todo el universo existencial de Prim. Se obsesiona con que la Realidad -representada en su imaginación como una señora con tacones- no estropee lo que científicamente está destinado a estropearse: el sentimiento de amor sublime que le invade. Para ello se lanza -con la ayuda de la psicóloga Maravillas Gea- a la búsqueda de un Hueco en el Espacio, un cobijo, una guarida que le permita preservar el sentimiento puro que en cáliz ofrenda a Brezo, preservarlo de la ruina y la corrupción, del desgaste. Pero este camino de abstracción conlleva muchos peligros...

Estoy terminándolo, en estos días que para mí también son un Hueco en el Espacio y el Tiempo, días de descanso en los que también tengo más disponibilidad para dedicarme a la página.



Belén Gopegui es sacerdotisa y es guerrera del Pensamiento, y de la Forma. Nada en ella es convencional -comenzando por el pelo blanco que dejó crecer desde joven- lo cual no extraña en quien se ha empeñado en transformar la Realidad o en su defecto en enfrentarse con Ella, como Quijotesa que se ofusca en chocar contra los Molinos. Y quizá por eso penetrar en su delicado pero elaboradísimo mundo es aventura difícil pero apasionante, instructiva, gratificante.

Más Belén Gopegui en Korador: Tres escritores españoles

(La ilustración de los Molinos es de Aguijarro)

lunes, 14 de junio de 2010

EL PULSO SUTIL DE MARINA MAYORAL



(...) Para algunas cosas eras un poco borrica, Celina, como lo de decir que eras mi mejor amiga poque te daba la gana. Lo de mejor amiga siempre lo entendiste al revés, ya se ve en la libretita que acabo de quemar. Tenía que ser yo quien dijera que eras mi mejor amiga, de la otra forma se notaba demasiado tu empeño. Yo sé que a ratos soy difícil de aguantar, pero dicho así parecía que todo el gasto de la amistad fuera tuyo, que a pesar de los pesares te habías empeñado en ser mi amiga, la mejor, la única, la mejor amiga del mundo... Ya las monjas decían que eras un ángel, siempre fuiste la buena, pero querer, querer, quizá yo te he querido más, porque tú eras así con todo el mundo, y yo no, sólo contigo. Me acuerdo de un juego que inventamos siendo niñas, con varias barajas unidas; perdía el que se quedaba antes sin cartas, pero nosotras no perdíamos nunca porque la que iba ganando le "prestaba" cartas a la otra, y así durante horas. Yo siempre he jugado a ganar, Celina, sólo contigo jugaba a jugar, a esperar que la suerte cambiara de signo, con tranquilidad, ayudando al otro y confiando ciegamente en él.

Cuando te asomaste a la galería aquella última vez fue como si toda nuestra vida estuviera allí, entre las dos. Éramos Celina y Bela esperándose para ir a la escuela, al colegio, a la Universidad, al extranjero, al frente, a la boda, los niños, los tíos, tu madre... "No quiero que estés aquí hasta el final", dijiste, "prefiero que me recuerdes así", y dos días después: "vete, Bela, vete ya", cuando aún tenías fuerzas para levantarte, para decirme adiós como siempre. No he vuelto, Celina, no he querido volver. Antonio me contaba todas las noches, una semana apenas, las inyecciones que te ponían y que hablabas mucho de los años del colegio, de la Universidad... y que cerraste los ojos y dijiste: "no te olvides de apagar la luz, Bela". Como en la residencia, que te dormías con la luz encendida y a veces con un trozo de galleta debajo de la almohada, porque ya no podías más, tragona, pero te la dejabas por si te despertabas y te volvía el hambre, y ya medio dormida: "no te olvides de apagar la luz, Bela". No te gustaba leer por la noche, pero no te importaba que yo me quedara estudiando o leyendo en la cama. Yo por las noches nunca tenía sueño, por la mañana sí, eras tú la que abría la ventana y en seguida ponías la radio, una música suave mientras te lavabas. Era un agradable despertar. Ahora tampoco duermo, lo peor son las noches, Celina, y lo que queda todavía. Me tomo una pastilla y muchas veces me duermo pensando en aquel sonido del agua y de la música y de tus pasos que vendrán a despertarme
.

De De su mejor amiga, Celina, relato de Marina Mayoral



(...) Pero ella siempre ha sido así, ya me lo esperaba, en cierto modo me ha dolido más lo de Juan Carlos; si le digo que tengo lepra no me mira con más horror. Él fue desde pequeño mucho más cariñoso que la niña, sin comparación, lo que pasa es que en estas cosas me preocupa, hay algo que no va bien, yo no sé si los frailes... no sé, pero no me parece a mí normal tanto desinterés. Yo no soy como mi suegra, que quería a su hijo para ella sola, por muy viuda que fuera ya podía suponer que alguna se lo había de llevar un poco antes o un poco después, no era para tomárselo así. A mí me gustaría que Juanca saliese con chicas y, en fin, lo normal a su edad, lo que pide la naturaleza. Cuando se me empezó a notar volvía la vista hacia otro lado, como si fuera algo repugnante y eso que llevaba unos vestidos muy monos y muy disimulones, y ahora igual, le voy a dar un beso y me tuerce la cara. Me preocupa este chico y me duele que reaccione así, en el fondo es egoísmo, no querer enterarse de los problemas de una. De modo que si la familia hace eso, ¿qué vas a esperar de los de fuera?, "estás loca", "qué insensatez", "¡a estas alturas!". Hasta el médico, "¿ha calculado usted los riesgos?", calculado, qué barbaridad, como si una fuese una máquina; ni una palabra de aliento, nadie. El único Juan, "a lo hecho, pecho", como siempre, no es un gran consuelo, pero tampoco lo de los otros. Más de dos me han recomendado el viaje a Londres, Marieta también. Pero yo eso no lo quiero, no es por ser católica, que sí lo soy, pero me parece horrible, como planear un crimen, a escondidas y en un país con esa lengua que no se entiende nada. Además, le decía yo a Gloria, que ella sí que fue hace años a Londres y es de las que me animaban al viaje, mi abuela tuvo dieciocho hijos, estuvo pariendo casi hasta los cincuenta y no le salió ninguno mal. Y ella me decía, "pero tú qué sabes si de los seis que se le murieron de niños había alguno tonto", y en eso tiene razón, cuando son pequeños se les nota menos y sobre todo antes, que la medicina estaba más atrasada. Pero el mío no, el mío no era tonto. Era un niño hermoso y parecía fuerte. Nació justo a los nueve meses y un día. Nació muerto. Fue en el momento del parto, el chico venía bien, pero tardé mucho en dilatar y después algo falló, no tenía ganas de empujar, no sé por qué sería. Me dio mucha pena. Entonces sí que me sentí vieja, que ya no servía, que ya no sirvo. Porque la verdad es que yo lo quería, quería a ese niño, desde aquella noche, desde antes. Yo me acuerdo de cuántas angustias con Marieta y con Juanca, llegaron y cargamos con ellos, pero lo que se dice quererlos, antes, antes de verlos ya aquí, pues no, no los quería, y después estábamos deseando dejárselos a mi madre, nos apetecía salir, y con sólo una habitación y aquella cocinita tan pequeña y siempre llena de humos nos arreglábamos muy mal, no nos iba a alquilar un palacio, decía mi suegra... Ahora tenemos una casa grande y un dinerillo ahorrado y una asistenta por horas y yo tengo tanto tiempo libre. Juan se pasa las horas en el estudio o en la obra y después muchos días con los filatélicos, y yo estoy aquí, esperando que aparezca Marieta y me cuente algo, o el chico. Juan se enfada conmigo, dice que no entiende por qué me siento vieja, que él se encuentra en plena forma, está pensando en apuntarse al maratón, siempre le ha gustado hacer deporte. Así que yo vengo aquí, a este cuarto donde pensaba poner la cuna, junto a la ventana, para que al crecer pudiera ver el árbol y los pájaros que vienen algunas mañanas, y me siento aquí, y lloro un rato.

De Nueve meses y un día, relato de Marina Mayoral.

Compré hace muy poco su libro, atraído -igual que en el caso de Pilar Pedraza- por su naïve portada: El tiburón y el ángel, una colección de cuentos de Marina Mayoral (Mondoñedo, Lugo; 1942), cuentos publicados originalmente en 1989 bajo el título Morir en sus brazos.

El enhebrado de sus palabras, de sus impresiones, que son como una pintura a acuarela, es tan sutil que tarda un poco en irte impregnando, hasta que -ha sido mi caso- te cala hasta los huesos. La unión inquebrantable y delicadísima con una amiga -qué poco se escribe sobre las amigas, mujer y mujer-, el bebé no deseado que nace muerto en el parto, la sobreprotección maternal, el cambio de rumbo en una mañana de verano... Lo más bonito es que -aunque no creo que fuera esa su pretensión- Marina parece pulsar el espíritu de muchas mujeres -de una época concreta- dando forma al pensamiento que nunca encontró su cauce, y al traducirlo en palabras queda claro que esa expresión no se identifica ni con lo que hubieran deseado sus mentores ni con el discurso de liberación que ya sería asumido por la generación inmediatamente posterior. Es simplemente la voz que sale del alma, el torrente personal e intransferible de cada una y por eso mismo un canto universal.

((Los maravillosos cuadros son, claro, de Amedeo Modigliani: Cipreses, árboles y casas y Jeanne Hebuterne)).

domingo, 6 de junio de 2010

PILAR PEDRAZA, AL ROJO RUBÍ



"Yo acepto siempre las llamadas, porque prefiero las turbulencias del fondo a la calma inerte de la superficie".

"De mis amados gatos he aprendido muchas cosas que el vulgo desconoce, entre ellas esa flexibilidad de cuerpo y alma que hace que sean criaturas serenas. Ellos saben que la libertad es indestructible. Prefieren dormitar en almohadones de plumas forrados de terciopelo, pero encuentran un buen cobijo en un montón de papeles o de trapos viejos, porque el placer está dentro de ellos y no en el mundo exterior. Lo mismo me ocurre a mí".

Imperatrice de los Cobos, en La fase del rubí.

Esta tarde me he arreglado con esmero, como para asistir a una gran fiesta, porque estoy invitada a una reunión singular.
Lo más prudente hubiera sido ir de negro para pasar desapercibida por las calles, pero ya se encargará mi capa oscura de protegerme. He hecho que Flora me pusiera el vestido de raso azul zafiro, cuyo color dulcísimo recuerda un cielo nocturno de primavera.
He adornado mi cuello con el collar de diamantes de mi madre. Mi cabello castaño ha quedado oculto por una peluca empolvada, alegrada con perlas de cristal que parecen gotas de rocío, y con pequeñas rosas de seda. Unas mosquitas de terciopelo ponen en mi rostro una nota de picardía.
Flora me ha preguntado si debía ordenar que me prepararan el carruaje, pero me ha parecido mejor tomar un coche de punto. No es conveniente que mi servidumbre sepa adónde me dirijo en esta ocasión, por acostumbrados que estén todos a mis vagabundeos.
Yo misma no sé si hago bien acudiendo a la cita: es demasiado peligroso. Demasiado horrible. Pero no dejaría de hacerlo aunque estuviera segura de que iba a costarme la vida.
Envuelta en un capote pardo que eclipsaba el esplendor azul del vestido, y con la capucha cubriéndome la cabeza y medio rostro, he entrado en un coche que he tomado a prudente distancia de mi casa, y que me ha conducido hasta las cercanías del cementerio, donde le he despedido. Al descender, la seda de mis zapatos sin chapines ha brillado, indiscreta. Lo he visto reflejado en la mirada del cochero.
Ignoro cómo voy a regresar, pero no es eso lo que ahora me preocupa. Tal vez ni siquiera regrese, lo cual tampoco me importa, al fin y al cabo.
Temía encontrar cerrada la verja, pero no ha sido así. Se ha abierto a mi paso, como empujada por una mano invisible, rechinando suavemente, y lo mismo el portón de madera. No he visto a nadie y me he aventurado por las avenidas flanqueadas por viejas tumbas. Sé que tengo que dirigirme al otro extremo, a la zona infamante donde se encierra a los suicidas.
El cementerio está bellísimo a esta hora, en la soledad y bajo el fulgor plateado de la luna llena. Los mármoles relucen como dotados de luz interior. Negros contra el cielo pálido, los cipreses se mecen mansamente en la brisa de la noche, y de los ramos y coronas de las sepulturas se desprende un aroma que adormece los sentidos y embriaga.


(.......)

Cuando logro alcanzar la salida, las nubes que se han ido acumulando en el cielo comienzan a descargar. La luna se ha ocultado en una masa gris, un viento desplaza la templanza de la noche, sustituyéndola por rachas de lluvia fría.
Maldigo la idea que tuve de despedir el coche, porque estoy muy lejos de mi casa y la oscuridad es atroz.
Las calles están desiertas. Avanzo por ellas penosamente, arrastrando una terrible debilidad que vuelve doloroso cada paso que doy con los pies calzados con los frágiles zapatitos de tacón. ¡Lo que daría por encontrarme entre las sábanas de mi lecho, con Flora al lado dándome calor!
La lluvia arrecia, me ciega. Ha traspasado mi capa y noto que el raso del vestido se me pega al cuerpo. Tengo frío.
El camino hasta mi casa ha sido un calvario, pero al fin llego, agotada. Subo a tientas la gran escalera de mármol, cuyo pasamanos parece tallado en un bloque de hielo. Aunque no enciendo las luces y trato de no hacer ruido, Flora se ha despertado y me acoge en el vestíbulo.
Al ver el estado en que me encuentro, mojada y sucia da fango, hace un expresivo gesto: se lleva las manos a la boca como reprimiendo un grito. Pero es lista, no dice una sola palabra y se limita a acompañarme con un candelabro hasta la alcoba y a ayudarme a quitar la ropa.
Lo que llevo en el estómago comienza a producirme unas náuseas tan profundas que creo morir. Hago acopio de fuerzas y ordeno a Flora que me traiga un frasquito azul que guardo bajo llave en mi tocador. Es una droga poderosa que mataría en el acto a cualquiera que no fuese yo misma, porque Plájowitz la elaboró en previsión de casos como éste y está pensada exclusivamente para mí.
Tomo unas gotas en un vaso de agua de azahar y me meto en la cama temblando de angustia, tiritando, y empapada en sudor frío. Pero no tarda en hacerme efecto: al cabo de pocos minutos, una deliciosa sensación de sueño y bienestar me inunda. Despido a Flora, que ha permanecido a la cabecera del lecho con mis manos heladas entre las suyas, y caigo en un sueño cuyas virtudes reparadoras conozco de otras veces.
Mañana estaré tan fresca y saludable que me reiré de los horrores de esta noche y sólo recordaré sus placeres.



((Me hallo aún inundado de los gozos, yo también, los que me ha proporcionado la lectura ávida de La fase del rubí (1987), novela de Pilar Pedraza -Toledo, 1951- una escritora personalísima que yo hasta ahora desconocía, y es que el libro lo compré por su magnética portada -editorial Valdemar- y por la promesa que ofrecía la sinopsis.
Sheridan Le Fanu, Théophile Gautier, Vernon Lee, Marqués de Sade y Barón Masoch, Gustavo Adolfo Bécquer o Angela Carter -y hasta maestros españoles de la literatura no fantástica como Valle Inclán o Clarín- son nombres que me bailan a la hora de intentar explicar lo que se siente al leer a esta Amazona literaria, que a pesar de dar pie a hablar de tantas referencias es quizá por ello rabiosa en su personal rúbrica, que es de ella sola... dicen en las wikipedias que es autora de culto, quizá una especie de Paul Naschy desdeñada por la intelligentsia oficial.. pero casi mejor así.. me ha resultado fascinante, y a su Imperatrice la incluyo ya en la galería de Heroínas Perversas que más me han seducido desde la infancia...)).

-Entrada 401, 3 años cumplidos el 15 de mayo... pero estoy cansado, no porque me deje de satisfacer la comunicación, sino porque se me agotan los ojos, la espalda... y es la vida que me rodea la que me pide que no me pase el preciado tiempo pegado al ordenador. Con todo, la página no va a cerrar, porque sé que me arrepentiría al instante, aunque es posible que de momento, y para este verano, el eslogan ya no sea Tiburones en Korador, tu blog a todo ritmo. ¿Qué tal tu blog a fuego lento? Bueno, ya veremos, lo mismo ahora me da por todo lo contrario... De momento, esta entrada la dedico a una bloguera que añoro: Madame X., regenta de La Vie en Noir, a quien intuyo afín al mundo de Pilar Pedraza. Un beso, querida, si lees esto-.

jueves, 15 de abril de 2010

MARUJA TORRES, INSPIRADA



Cuando Maruja se inspira no hay quien pueda con ella, aquí o en Beirut. Sobre todo si, para enhebrar la prosa, acude a su recuerdo el clásico de José Luis Perales, Y cómo es él, que tanto juego le ha dado siempre. Disculpad los amigos no españoles, porque el artículo está en clave muy de aquí... por cierto, creo que la rueda de prensa del Tribunal Supremo para los medios internacionales se ha desconvocado. ¿Habrá tenido que ver la columna?

SOIS RIDÍCULOS / MARUJA TORRES

No contentos con hacer el ridículo enjuiciando a Garzón, los llamados jueces del Tribunal Supremo se disponen a meter la gamba contándoles a los corresponsales extranjeros por qué lo hacen, y seguramente cómo es él, y en qué lugar se desenamoraron del juez. Me pregunto si estos tiesos y secos franquistas se han reblandecido con los años. Quizá es que la democracia que practican -entendida a la manera de Cospedal, es decir, la salvaguardia de sus intereses- les ha convencido de que el mundo les comprenderá en cuanto se expliquen e inviten a los corresponsales a una paella y una corrida de toros. Chicos, chicos, recordad el regio ejemplo que antaño os dio vuestro defendido, Francisco Franco. "Somos el asombro de Europa", proclamaba cada dos por tres. Y seguía poniéndose a Europa, al mundo, por montera. Aquel sí que era un fascista berroqueño. A vosotros se os ven las grietas. No porque seáis mejores, sino porque estáis en terreno resbaladizo: terreno democrático. Mas no de Cospedal ni de Rajoy ni de Rita la Barbacoa. Democracia sin adjetivos y, sobre todo, sin zorrillas (en el sentido bíblico: que se cargan la vid) que usan su nombre en vano. Quizá la cercanía de una socialistísima como Margarita Robles os ha debilitado y necesitáis, además de hundir a Garzón, al Estado de derecho y a esta ciudadanía, además de dar la espalda de nuevo a las víctimas del franquismo y echar una manita a los gürteles, necesitáis, decía, de un poquitín de cariño por parte del extranjero.

Un consejo: tened cuidado que esta clase de gentuza, periodistas de democracias consolidadas, están acostumbrados a preguntar y repreguntar en las ruedas de prensa. Porque será una rueda de prensa, supongo. ¿O pensáis saliros con un comunicado y un vino español? Ayyyyy, ayyyyy, en qué pedazo de jardín os habéis metido. Perdón por el tuteo. Lo hallaréis irrespetuoso. Pero es que no os respeto en absoluto.


(Publicado en El País esta mañana. La foto es de Emilio Naranjo para Efe)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

DORIS LESSING CON LOS GATOS DE TU VIDA




Uno de los destellos de pureza que perdurará si perdura algo en el planeta tendrá que ver con el amor correspondido que se profesan algunas personas y sus perros o gatos. Esos momentos de exaltación íntima, de comunión espiritual que hemos vivido con nuestras mascotas y que no son comparables a nada, porque conforman un universo propio ilegible para no iniciados. Si es verdad que antes de la muerte hay un desfile de imágenes fugaces y trascendentes, ahí estará la mirada de tu gata unos días antes de dejarte para siempre, los ojos penetrantes y sabios con los que te advirtió una tarde de que su destino ya estaba sellado y su despedida era casi inminente: tu gata orgullosa y digna hasta al final pero tan agradecida por los servicios prestados, compañera de confidencias, de reproches, de ilusiones. O el recuerdo de tu gato negro de tejado, el inseparable, meloso y pesadote de ronroneos infinitos, que no te abandonó un minuto pero tú sí a él, a quien no pudiste confortar en su agonía final, que padeció solitario por la mala fortuna de coincidir con una mudanza de sus amos... o de la gatita que escogiste en aquella casa loca donde habitaba con otros dieciséis felinos, y que se lanzó feliz y decidida al cesto que la conducía a su nueva y larga vida.. o de la perra blanca y canela, cómplice inagotable cuyo placer por la vida te deleitaba ya desde el ascensor en que la bajabas a sus alborozados paseos.



Vi en una librería On cats, de Doris Lessing, y no lo pensé dos veces. Se trata de una edición que contiene su clásico Particularly cats (1967) unido a otros dos más recientes: Rufus the survivor (1989) y The old age of El Magnifico (2000).
No son historias inventadas, sino reales.
La escritora británica pretende contar la historia de los gatos de su vida, desde los salvajes y aviesos de su infancia en Sudáfrica hasta los caseros acomodados, y los adyacentes... las relaciones entre ellos, sus jerarquías, sus caracteres. Así, conocemos a gatas con un avezado instinto materno y a otras que, pagadas de sí mismas, reniegan de él; a una diversa gama de gatos golfos y seductores de arrabal, a náufragos y arribistas, suicidas y aventureros... y los milagros se suceden.
Todos son distintos, pero sí... en aquel y en otro detalle, los reconoces, y sonríes, y lloras, y mascullas.. ¡se parecen tanto a los tuyos!

Este libro apasionante de Doris Lessing sobre los gatos de su vida es, en realidad, el libro de su vida a través de los gatos que la marcaron. Está extraordinariamente bien escrito, con sus dosis exactas de ternura, de ironía y precisión british, de musicalidad, de tensión narrativa.
Ahora que, haciéndome mayor, valoro cada vez más mi tiempo, pienso que no lo podía haber invertido en algo más gratificante que en la lectura de sus delicadas páginas, que os recomiendo vivamente.

(La foto de la escritora es de 1956, y la realizó Marc Gerson).

martes, 5 de mayo de 2009

UN CABRILLEO DE AGUA Y SOL


Hace apenas unos días que hablaba con el amigo Senses en su blog sobre Pablo Lizcano, a propósito de su pasada relación con Massiel y de la presente y longeva con Rosa Montero, la escritora madrileña que yo leo y quiero desde que hace seis lustros apareció su novela primera.
Con ella he coincidido personalmente en varias ocasiones a lo largo de los años, encuentros breves, pero del calado suficiente como para que aumentara mi estima hacia su persona: desde la entrevista que le hice en mi época universitaria para una revista imaginaria -en un momento de esplendor, eufórica e idealista con la aparición de su Te trataré como a una reina, mimada por todos en la redacción de su periódico, donde me recibió, yo amedrentado con grabadora en mano, ella con un vestido que dejaba la espalda al aire- hasta la vez en que, ya a principios de esta década, me enviara a domicilio el único libro suyo que me faltaba, Temblor, o más tarde se ofreciera a ayudarme en una situación comprometida-.


Hoy me he enterado de que Lizcano ha fallecido a los 58 años, tras una enfermedad. No deja nunca de asombrarme lo raro que es todo. Ahora veo desde mi ventana a los operarios argelinos que arreglan la fachada de la buhardilla.. cómo llenos de vida bromean entre ellos, se afanan y componen sin saberlo una sensual estampa al sol de la tarde que empieza a decaer. Después, quién sabe, quién podrá dar fe de que este instante que me inunda existió alguna vez..



Juan Cruz ha publicado un obituario en El País que me ha parecido sincero y emocionante, sobre todo cuando rememora el espíritu de los años en que el periodista Lizcano despegaba profesionalmente:
"...Decía de coña Gabriel García Márquez que ahora se muere gente que antes no se moría. Lo cierto es que Lizcano pertenece a una generación, la que ahora cumple las canas de los sesenta, que se hizo en un país cuya alegría repentina parecía convertirlo en un país feliz e inmortal; la de Pablo es una generación que creó muchas alamedas por las que transitó de todo, desde Pedro Almodóvar a Miquel Barceló, fue la época en que parecía que el cine, la televisión, las artes, iban a transitar por alamedas abiertas, de generosidad y de calidad. Después este país ha sido como cualquier país, pero Pablo fue uno de los que con más ahínco lucharon por hacerlo distinto, hasta que quizá se dio cuenta de que este amor por la elegancia de ayudar a que se viviera mejor era una pasión inútil, y regresó a esa melancolía que transfiguró sus ojos de chiquillo en los ojos de un hombre que usaba la inteligencia sobre todo para extrañarse de que el mundo no fuera lo que una vez soñamos."

Y es que la década 1975-85 fue en España genuina en su frescura y efervescencia -quizá a otros países les tocó antes, o después- y no creo que tenga esta sensación porque esos años coincidieran con mi adolescencia o primera juventud. Después, casi todo ello se ha ido yendo al garete, fuera por la llegada del progreso material, del desencanto político o de las apestosas televisiones privadas. Y no soy nostálgico, hay aspectos en los que hemos mejorado, pero en general...

En su habitual columna de los martes, Rosa se ha despedido así de su compañero:

UNA VIDA / ROSA MONTERO

Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho.

Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.

Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes.

Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.

La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.

Y también el desamor: un agujero.

Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.

Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.

La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.

Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.

La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.

Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio.

Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve.

Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.

Un cabrilleo de agua. El último chispazo.

Esta poca cosa, o esta enormidad, es una vida.


(Mi testimonio de cariño a Rosa Montero, y al recuerdo de Pablo Lizcano).

((El cuadro de apertura, la célebre Impresión. Salida del sol, de Claude Monet -1874-.))

lunes, 2 de marzo de 2009

YOLANDA CASTAÑO: AS BATALLAS LE SENTAN TAN BEN



Joven, moderna, gallega, egoísta, atrevida, ambiciosa. Poeta poetisa. ¿Profunda? Alguien que se preocupa de quién ha de preservar los contornos de la conciencia a la fuerza ha de serlo.

Se falase de ti non pronunciaría
as sílabas supremas
pero bicas ben e gústame estar contigo.
O meu verde co teu azul.
Delirio de ramas.
O meu verde co teu azul.

Abstéñome de pronunciar esas sílabas sublimes
pero gústame cómo abrazas e o teu pelo fai xogo co meu vestido.
Os teus dedos patinan nas miñas medias.
O meu verde co teu azul.


***

Si hablase de tí no pronunciaría
las sílabas supremas
pero besas bien y me gusta estar contigo.
Mi verde con tu azul.
Delirio de ramas.
Mi verde con tu azul.

Me abstengo de pronunciar esas sílabas sublimes
pero me gusta cómo abrazas y tu pelo hace juego con mi vestido.
Tus dedos patinan en mis medias.
Mi verde con tu azul.

____________________________



Quén preservará todos os contornos da conciencia.
Quén ha de revelar o meu nome descoñecido,
o meu impúdico nome que codifica e devora.
Quén pode prescribir tantos equívocos moldes
por encima desta fiestra construída polo corpo.
Quén haberá que incorpore esta razón esta memoria
cara un ciclo impertérrito de tebras e de luz?


***

Quién preservará todos los contornos de la conciencia.
Quién ha de revelar mi nombre desconocido,
mi impúdico nombre que codifica y devora.
Quién puede prescribir tantos equívocos moldes
por encima de este balcón construído por el cuerpo.
Quién habrá que incorpore esta razón esta memoria
para un ciclo impertérrito de tinieblas y de luz?



(Del libro Delicia, 1998)

Faltamos a clase. Cómo me buceas.
Faime o que sabes que me gusta que me fagas.
Cociñándome a túa hipérbole
a un fogo mui lento.

Cando as nosas emocións
xa nos doen de tanto usalas,
de alritadas e enroxecidas, que tanto pagaron a pena.
Cómeo todo, meu ben, como cando eras pequeno,
e apertámonos moito
para que non caiba máis nada.

A miña obsesión por esa melena,
acibeche vertical que che abriga toda a espalda,
unha relixión de 68 centímetros; para que vexas.
A túa posesividade coñece as miñas formas.

Fálasme de cousas de maiores.
Tiven que engulirte na miña cabeza.
Logo comezamos a ,e fixéchesme ,
e puxéchesme o como se fose unha .
Un asunto de sintonías, e non sei como é que o fas tan ben.

Xa nos saen todos os cadros máis bonitos.
Se che dá por arrodearme de velas eclesiásticas.
Amarrándote con cordas e coas miñas dotes de quecer
por iso pido a insolencia de que ti me necesites.



Faltamos a clase. Cómo me buceas.
Hazme lo que sabes que me gusta que me hagas.
Cocinándome tu hipérbole
a un fuego muy lento.

Cuando nuestras emociones
ya nos duelen de tanto usarlas,
de irritadas y enrojecidas, que tanto valieron la pena.
Cómetelo todo, mi bien, como cuando eras pequeño,
y nos apretamos mucho
para que no quepa más nada.

Mi obsesión por esa melena,
azabache vertical que te abriga toda la espalda,
una religión de 68 centímetros; para que veas.
Tu posesividad conoce mis formas.

Me hablas de cosas de mayores.
Tuve que engullirte en mi cabeza.
Luego comenzamos a , y me hiciste ,
y me pusiste el como si fuese una .
Un asunto de sintonías, y no sé cómo es que lo haces tan bien.

Ya nos salen todos los cuadros más bonitos.
Si se te dá por rodearme de velas eclesiásticas.
Amarrándote con cuerdas y con mis dotes de incendiar
por eso pido la insolencia de que tú me necesites.


____________________________



Que non morran as batallas que me sentan tan ben.
Decido se traducirás os meus acenos profundos,
se encolaremos os nosos nocellos, decido a nosa voráxine.
Ti queres que te aperte forte
e xa sabes ónde está o teu sitio.
Falándonos das arborescencias que aniñan detrás dos abrazos.

O teu fráxil van xemelgo e inimigo,
e sentiámonos case como se anovasemos os nosos membros.
Queres que te aperte forte,
pides que me deixe facer cousas,
decido se visitarás
a fame violenta do meu corpo.

O intraxuste fero e único.
A miña capacidade de ornamentación.
Mentres escribimos as páxinas máis bárbaras para que ocupes
o teu sitio que está
entre o chan e o meu ventre.


***


Que no mueran las batallas que me sientan tan bien.
Decido si traducirás mis gestos profundos,
si encolaremos nuestros tobillos, decido nuestra vorágine.
Tú quieres que te abrace fuerte
y ya sabes dónde está tu sitio.
Hablándonos de las arborescencias que anidan detrás de los abrazos.

Tu frágil cintura gemela y enemiga,
y nos sentíamos casi como si renovásemos nuestros miembros.
Quieres que te apriete fuerte,
pides que me deje hacer cosas,
decido si visitarás
el hambre violenta de mi cuerpo.
El intrajuste fiero y único.
Mi capacidad de ornamentación.
Mientras escribimos las páginas más bárbaras para que ocupes
tu sitio que está
entre el suelo y mi vientre.


(Del libro Vivimos no ciclo das Erofanías, 1998)


Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977), poetisa / Ha obtenido cierta repercusión con su O Libro da Egoísta.

La acabo, como quien dice, de conocer, aunque por lo que he podido husmear parece que es ya todo un personaje -y controvertido- en Galicia, donde incluso le han dedicado un espacio gráfico con vestidos a lo Mariquita Pérez que por lo visto a ella le ha sentado fatal.
A mí me interesa la imagen que da de ella misma, pero sobre todo cómo escribe en su bella lengua y cómo se autorrecita, y por eso la he traído para Korador.

(La primera foto es de Ren Rox, la que hay sobre estas líneas de Xulio Villarino; las otras no he logrado averiguarlo).

VIDEO POEMA EGOÍSTA / YOLANDA CASTAÑO


A Yolanda

Pero eu, filla das miñas fillas, hei desmantelar a golpe de deslumbramentos esta aciaga militancia dunha yolanda emigrante de min. Eu, a soberana estéril, a por desgracia egoísta. Debo tasar a dose exacta de memoria e esquezo. Así a miña visión da vereda é un rostro dende atrás. Todas as escuras raigames que se nacen en min. Non hai dirección que non me conteña, raza que non en min se comece e filas de díxitos extendendo para min os seus dedos ferais. O que interesa son os meus pasos. Coma un bosque de símbolos do que a miña ignorancia é significativa. Moito deixarse a pel pero eu non quixen aprender a chegar. Xardín exiguo, vento pechado de mans, infinita cuadrícula. Renuncio ó lugar do alento. Quero aprender a saír.

Hai tempo que un animal vive nutríndose do esquezo. Pero eu son a ventrílocua, eu, a tirana louca, a analfabeta. Co magnífico libro das venturas agochado na vulva. A que non comprendeu nada pero sentiuno todo. Son a ventrílocua, a que corre cantando polos corredores de chumbo, con voz de pizarra. E abortar foi unha obriga, unha necesidade fonda, un desafío. Para cando o pálido manto da miña memoria se vai cubrindo desta pel que eu serei. Que todas as noites con devoción escribo arrebatadoras cartas de amor e nas madrugadas panexíricos a esta yolanda mesquiña, que sabe venderse e coñece o final.

Son eu na cripta e o meu nome dentro debuxado de tiza. Habitacións concéntricas. Que a miña intelixencia non compre o meu sentido. O tacto, o privilexio, as ganas de tirarse. Nin a miña cabeza será escrava do meu orgullo. Yolanda a soldada, a comerciante. Porque eu son a que nin agarda. Son o auriga do ardente carro. A egoísta porque está soa. Que tanta calamidade me satisface, porque a miña beleza fundará dinastías. E entón será ir cunha minuciosidade de devota recolleitando eses minúsculos e ditosos pedaciños de espello roto que eu son. Yolanda farame un fogar paupérrimo entre os seus brazos de mundo e así aprenderei a inenarrable alegría de ter casa.

E entón virá ese postrímero advento e A VerbA farase carne. E eu direi: " Eu son a da única estirpe de Adnaloy, a que extenderá os seus dedos flamíxeros sobre o horizonte, a que baixará e despois se despoxará do seu manto e vestirá un saial, e logo reclinarase e dará de comer o seu corazón ás bestas”.


***


A Yolanda

Pero yo, hija de mis hijas, he de desmantelar a golpe de deslumbramientos esta aciaga militancia de una yolanda emigrante de mí. Yo, la soberana estéril, la por desgracia egoísta. Debo tasar la dosis exacta de memoria y olvido. Así mi visión de la vereda es un rostro desde atrás. Todas las oscuras raigambres que se nacen en mí. No hay dirección que no me contenga, raza que no en mí se comience y filas de dígitos extendiendo para mí sus dedos ferales. Lo que interesa son mis pasos. Como un bosque de símbolos del que mi ignorancia es significativa. Mucho dejarse la piel pero yo no quise aprender a llegar. Jardín exiguo, viento cerrado de manos, infinita cuadrícula. Renuncio al lugar del aliento. Quiero aprender a salir.

Hace tiempo que un animal vive nutriéndose del olvido. Pero yo soy la ventrílocua, yo, la tirana loca, la analfabeta. Con el magnífico libro de las venturas agazapado en la vulva. La que no comprendió nada pero lo sintió todo. Soy la ventrílocua, la que corre cantando por los pasillos de plomo, con voz de pizarra. Y abortar fue un deber, una grave necesidad, un desafío. Para cuando el pálido manto de mi memoria se va cubriendo de esta piel que yo seré. Que todas las noches con devoción escribo arrebatadoras cartas de amor y en las madrugadas panegíricos a esta yolanda mezquina, que sabe venderse y conoce el final.

Soy yo en la cripta y mi nombre dentro dibujado de tiza. Habitaciones concéntricas. Que mi inteligencia no compre mi sentido. El tacto, el privilegio, las ganas de tirarse. Ni tampoco mi cabeza será esclava de mi orgullo. Yolanda la soldada, la comerciante. Porque yo soy la que ni espera. Soy el auriga del ardiente carro. La egoísta porque está sola. Que tanta calamidad me satisface, porque sí mi belleza fundará dinastías. Y entonces será ir con una minuciosidad de devota recogiendo esos minúsculos y dichosos pedacitos de espejo roto que soy. Yolanda me hará un hogar paupérrimo entre sus brazos de mundo y así aprenderé la inenarrable alegría de tener casa.

Y entonces vendrá ese postrímero adviento y La VerbA se hará carne. Y diré: "Yo soy la de la única estirpe de Adnaloy, la que extenderá sus dedos flamígeros sobre el horizonte, la que bajará y después se despojará de su manto y vestirá un sayal, y luego se reclinará y dará de comer su corazón a las bestias".


Extraído de "El libro de la Egoísta". Yolanda Castaño. (O libro da Egoísta, 2003)

martes, 19 de agosto de 2008

CLARICE LISPECTOR MONTA A UNA VIEJA EN UN TREN


Me informaba el otro día un amigo en Benidorm de que esa ciudad alicantina está destacando por una nueva proeza, y es la de ser foco de atracción mundial para los amantes de las personas mayores, pongamos a partir de sesenta y cinco, desde un punto de vista sensual; parece ser que se han organizado hasta cruceros desde Estados Unidos y que hay puntos de encuentro para este nuevo culto, que ha surgido, claro, en la comunidad o comunidades gay que allí se dan cita.
Para mí esas noticias son un regocijo, en primer lugar porque si nadie lo remedia esa franja de edad es a donde vamos a ir a parar, así es que tengo un motivo añadido -a los muchos que tengo ya- de atracción hacia Benidorm; y en segundo, porque me interesa la vejez en la literatura, en el cine y teatro.. y lo cierto es que no es algo que se aborde excesivamente.
Hoy quiero compartir con vosotros retazos de un relato de Clarice Lispector, escritora brasileña -aunque naciera en Ucrania en 1920; murió en Río de Janeiro en 1977- absolutamente personal e innovadora, un relato sobre una vieja que monta en un tren.
Vieja en tren: para qué hacen falta más florituras.


La literatura de Clarice Lispector está, por así decirlo, despojada de lo innecesario, que para ella era casi todo. La letra desnuda, como si se le hubiera practicado una radiografía; sin duda la brasileña se adelantó a las tendencias minimalistas, aunque con tan poco dijera tanto.. y tan profundo, y si hacía falta ella misma se metía en mitad del relato, para despojarlo un poco más del sentido de ficción.

(...) Doña María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo descendió del Opel de la hija y se encaminaron hacia las vías. La vieja iba bien vestida y con joyas. De las arrugas que la ocultaban salía la forma pura de una nariz perdida en la edad, y de una boca que en otros tiempos debía haber sido llena y sensible. Pero qué importa. Se llega a un cierto punto y lo que fue no importa. Comienza una nueva raza. Una vieja no puede comunicarse. Recibió el beso helado que su hija le dio antes de que el tren partiera. Antes la ayudó a subir al vagón. Aunque en éste no había un centro, ella se colocó de lado. Cuando la locomotora se puso un movimiento, se sorprendió un poco: no esperaba que el tren siguiera en esa dirección y se encontró sentada de espaldas al camino.

(...) Doña María Rita era tan antigua que en la casa de la hija estaban habituados a ella como a un mueble viejo. Ella no era novedad para nadie. Pero nunca le pasó por la cabeza que era una solitaria. Sólo que no tenía nada que hacer. Era un ocio forzado que en ciertos momentos se tornaba doloroso: no tenía nada que hacer en el mundo. Salvo vivir como un gato, como un cachorro. Su ideal era ser dama de compañía de alguna señora, pero eso ya no se usaba y además nadie la creería fuerte a los setenta y siete años, pensaría que era floja. No hacía nada, hacía sólo eso: ser vieja. A veces, se deprimía: pensaba que no servía para nada, no servía siquiera a Dios: doña María no tenía infierno dentro de ella. ¿Por qué los viejos, aun los que no tiemblan, sugieren algo delicadamente trémulo? Doña María Rita tenía un temblor quebradizo de música de acordeón.

(...) La vieja ya era el futuro. Parecía tener vergüenza. ¿Vergüenza de ser vieja? En algún punto de su vida debería con certeza haber habido un error, y el resultado era ese extraño estado de vida. Que sin embargo no la llevaba a la muerte. La muerte era siempre una sorpresa para quien moría. Tenía, a pesar de todo, el orgullo de no babear ni hacer pípí en la cama, como si esa forma de salud bravía hubiera sido meritoriamente el resultado de un acto de su voluntad.


(...) Me parece -se dijo en voz baja la vieja-, me parece que esa joven bonita no tiene interés en conversar conmigo. No sé por qué, pero nadie conversa más conmigo. Aun cuando estoy junto a la gente, nadie parece pensar en mí. A fin de cuentas, no tengo la culpa de ser vieja. Pero no hago daño, y me hago compañía. Y también tengo a Nandino, mi hijo querido que me adora.

(...) La vieja, como si hubiera recibido una transmisión de pensamiento, pensaba: que no me dejen sola. ¿Qué edad tengo? Ya ni lo sé.
Después, enseguida, vació su pensamiento. Y era tranquilamente nada. Mal existía. Era bueno así, muy bueno. Inmersiones en la nada.

(...) Yo no puedo detener el tiempo, pensó María Rita Alvarenga Chagas Souza Melo. Fracasé. Estoy vieja. Y fingió leer el diario sólo para recuperar la compostura.

(...) La vieja era nada. Y miraba hacia el aire como se mira a Dios. Estaba hecha de Dios. Es decir: todo o nada. La vieja, pensó Ángela, era vulnerable. Vulnerable al amor, al amor de su hijo. La madre era franciscana, la hija polución.
Dios, pensó Ángela, si existes, ¡muéstrate! Porque llegó la hora. Es esta hora, este minuto y este segundo.

(...) La vieja pensó: soy una persona involuntaria. Tanto que, cuando reía -lo que no ocurría a menudo-, nadie sabía si reía o lloraba. Sí. Ella era involuntaria.

(...)



((Del relato La partida del tren, de Clarice Lispector, 1974.
Publicado en la recopilación Silencio, en Grijalbo Mondadori, 1988.
Traducción de Cristina Peri Rossi.
A través de las tres fotos de Clarice Lispector nos hacemos una idea, además, de lo bellísima que fue esta mujer)).

LECTURAS TRISTES PARA EL VERANO



CAMINO DE PETRA / TARA Y LA CORNIZA

Y no me resisto a rescatar la memorable entrada con la que hace unos meses nos sorprendiera el amigo Antwaters Daza, en su página Tara y la corniza. Se llamaba Camino de Petra, y es un complemento ideal a la lectura de Lispector, y que Ant escribió como homenaje a Las olas de Virginia Woolf. Las dos fotos de la anciana que ilustran la página son suyas.

Te echamos mucho de menos, amigo.

SIGUE A LOS CHICOS MÁS GUAPOS DEL MOMENTO.


Y una recomendación: si te gustan Íker Casillas, Gervasio Deferr, Miguel Ángel Silvestre, Darek -en la foto-, Justin Timberlake,.. no te pierdas el blog de Marlon Dera, porque no se le escapa ni un movimiento de estos y otros chicos.. yo es que tengo el gusto muy similar, y por eso os lo recomiendo..
Aunque quizá sea el mismo hecho de esa saturación de maromos lo que provoque que la página se bloquee muy a menudo.. en fin, esperemos que su hacedor solucione pronto esos problemillas técnicos.

Enhorabuena, en cualquier caso.

Y a todos vosotros un abrazo fuerte.

domingo, 14 de octubre de 2007

TRES ESCRITORES ESPAÑOLES

Los tres publican novela nueva, los tres me interesan, y los tres son la prueba de que hay una narrativa española contemporánea diversa, potente y creíble. Hablamos un poco de ellos. Orden estrictamente alfabético.

RAFAEL CHIRBES, EL HOMBRE SENTIMENTAL

A mí me enternece este escritor que es discreto y humilde, a pesar de la calidad de la obra que va articulando y del reconocimiento de tantos lectores a su valía, aquí y en otros países como Alemania. Su trilogía de la evolución de la sociedad española desde el desarrollismo hasta hoy -La larga marcha, La caída de Madrid, Los viejos amigos- parece que se amplía ahora a tetralogía con su nuevo libro, Crematorio -un título muy lógico si tenemos en cuenta que es lo único que puede ya quedar tras la desolación de Los viejos amigos, que para mí trata en realidad del miedo a la muerte-.
Chirbes realiza retratos corales, al modo de La colmena, pero con corazón; no desde arriba y majestuosamente, sin piedad por sus personajes o diseccionándolos como haría un entomólogo, sino absolutamente implicado y dolido, y si bien toma partido claramente por un modelo de sociedad que no se ha conseguido -la traición, la renuncia o el fracaso son temas clave en su obra- ello no conlleva sectarismo en la configuración y evolución de sus personajes, que discurren libres, porque él conoce las ambivalencias inherentes a toda persona.


Por mi parte, si tuviera que elegir una novela contemporánea ambientada en Madrid, elegiría sin duda La larga marcha -aunque transcurre en distintos escenarios-, mi novela favorita de Chirbes, de la que recuerdo con especial cariño el personaje de José Luis, que protagoniza párrafos delicadísimos, y gracias al cual nos podemos hacer una idea de lo que serían las vivencias, afanes y miedos de un joven homosexual en los años sesenta.

BELÉN GOPEGUI, DESDE LA TRINCHERA

Ella no es una escritora al uso, porque lo que más le interesa -o al menos da esa impresión- es la filosofía, y dentro de ella la filosofía política. Alguna vez la he oído decir que quizá cambie de instrumento, que no está segura de que una novela sea lo más eficaz en este momento -de hecho, cada vez escribe más guiones para cine-. Porque Belén Gopegui, a pesar de su procedencia social acomodada, o quizá precisamente por eso, es disidente, milita contra el modelo político y económico que tenemos y que se tiene ya prácticamente en todo el mundo, contra el hecho de que alguien tenga que trabajar para otro alguien, y siendo esa lucha su prioridad las novelas se las plantea como vehículos para hacernos llegar sus ideas.
Eso no quiere decir, ni mucho menos, que descuide la escritura, ni la trama ni la poesía.
Partiendo de premisas muy interesantes -por ejemplo, alguien pide a sus dos mejores amigos un millón de pesetas, y luego no puede o no quiere devolverlo-La conquista del aire-; un grupo de amigos deposita sus esperanzas en la formación de un grupo de teatro que representa, a domicilio, los sueños o fantasmas de sus clientes -Tocarnos la cara-; con el trasfondo del referéndum de la OTAN, seguimos las peripecias laborales de un joven trepa -recuerdo especialmente el bello personaje de su hermana-, comentadas por un peculiar coro como salido de una tragedia griega, que pondrá el oportuno contrapunto a cada paso -Lo real-.
Ahora, Gopegui vuelve con El padre de Blancanieves, donde, dicen las reseñas, la vida de una profesora de instituto cambia radicalmente a partir del retraso en el envío de una compra del supermercado, y la posterior queja interpuesta. Seguro que será interesante porque esta escritora guerrillera, absolutamente a contra corriente, es muy estricta y meticulosa, y nos hace reflexionar sobre las relaciones basadas en el poder, sobre nuestros vínculos más cotidianos observados desde otro prisma, porque para ella lo individual no existe si no es a través del sentido que le confiere lo colectivo.

JAVIER MARÍAS, CLÁSICO Y MODERNO

Realmente es difícil escribir sobre él, tantas cosas se han dicho ya. Con respecto a su pose o actitud, que tanto le reprochan sus enemigos, os diré que a mí me encanta, hay quien puede permitirse ser petulante o engreído y quien no, y él desde luego forma parte del primer grupo.
Y sobre sus novelas, pues... se cuentan entre las que más me han hecho disfrutar en los últimos años, las pocas que he leído, porque realmente sólo conozco Corazón tan blanco y las dos primeras partes de Tu rostro mañana, aparte de sus artículos de prensa -bien mirado, esto es un privilegio, porque me queda mucho por conocer-.
Aunque él es muy siglo XX en su tipo de erudición y en su rechazo a las nuevas tecnologías, su escritura me parece totalmente contemporánea, a diferencia de esos escritores y escritoras que triunfan hoy con un concepto de la novela decimonónico y extemporáneo, como si fuera posible mejorar Madame Bovary o Anna Karenina o En busca del tiempo perdido.

Las obras de Marías me parecen, sin embargo, vanguardistas y clásicas a un tiempo, como sólo puede permitirse quien posee un sólido conocimiento y una gran inquietud y curiosidad. Giran en torno a conceptos como el olvido, el remordimiento... y la trama, además, puede ser temporalmente apartada para dejar que irrumpa una disquisición, o una investigación histórica real, o un pensamiento que abarca varios capítulos y aunque en la acción propiamente dicha no acontezca nada a nosotros nos puede parecer que ha pasado una vida, repleta eso sí, de ideas y de imágenes, algunas de ellas tan vigorosas que parecen tarantinianas -ese episodio de la discoteca en la segunda parte de Tu rostro... con un individuo bastante cretino amenazado, su cabeza en la taza del váter, y la espada que un enigmático e implacable agente británico hace pender sobre su cabeza..., y mientras, en el club, la señora madura y obsesionada con su atractivo físico pensando si ese día también se encontraba seductora y hasta cuándo iba a resultar eso posible.


Vista, por otro lado, su merecida y extraordinaria repercusión internacional, no me extrañaría, y lo llevo diciendo bastante tiempo, que Javier Marías fuera, en unos años, nuestro próximo Premio Nobel, aunque a mí eso me dé bastante igual. Estos días publica la tercera y última parte de Tu rostro mañana.

AMIGOS DE LARGO RECORRIDO.((Cumplen años Román, viejo amigo y confidente de Ciudad Chanante, y Dominik, a quien conocí con quince y ha entrado ya en los cuarenta, en la Alemania que empecé a querer gracias a él. Y me envía desde la región murciana Juan -cómplice desde la Facultad-, un sobre enorme con sus artículos y entrevistas, que me encantan. Y el jueves salí por ahí con mi Luismi, amiguito y vecino en la época EGB, a quien recuperé hace poco después de un intervalo enorme, y con quien me siento feliz, nada más por el hecho de verle y de estar con él)).

lunes, 20 de agosto de 2007

LEONORA CARRINGTON, DE LA BIBLIOTECA ANGELA CARTER




En los comienzos de nuestra relación JA, al conocer mi apego a la literatura escrita por mujeres, comenzó a regalarme libros o antologías de escritoras, casi todas poco conocidas. Hubo uno en concreto -Niñas malas y mujeres perversas, recopilación de cuentos a cargo de Angela Carter- que se convirtió enseguida en un manual de consulta y en la fuente de descubrimiento de artistas singulares de todos los continentes, clásicas o contemporáneas. Así, a esa colección que poco a poco íbamos conformando con mimo JA la llamó Biblioteca Angela Carter, en homenaje a esta escritora británica totalmente reconocida y admirada en su país -murió en el 92 con sólo 51 años, de cáncer-, una mujer extraordinaria que combinó el periodismo de interpretación con la literatura y el ensayo: en su obra hay futurismo y ciencia ficción, investigación y ruptura, feminismo radical de corte outsider, análisis minucioso de la realidad y fantasía desbordada, erotismo y pornografía deconstruida, horror y ternura. Noches en el circo o La pasión de la nueva Eva -novelas-, La cámara sangrienta -relatos- o La mujer sadiana -ensayo- son algunas de las obras que Angela nos legó y que en España han tenido ediciones de lujo, normalmente en Minotauro o en Edhasa.

Y quizá la adquisición más preciada de la biblioteca Angela Carter fue la también inglesa -escritoras británicas excéntricas las hay a puñados, y suelen ser muy buenas- Leonora Carrington, nacida en South Lancashire en 1917, que actualmente y desde hace mucho tiempo reside en México, aunque hace unos años se mudara temporalmente a Chicago, o al menos eso leí en un periódico.
Conocida quizá más por su pintura que por su literatura, Leonora cabalga a todo trote por el siglo XX y sus convulsiones, que podemos decir se inyecta en vena. Procedente de un medio social privilegiado, estaba llamada a desclasarse enseguida y fugarse del hogar familiar con diecisiete años y en buena compañía, la de Max Ernst, con quien se instala en la ciudad de los amantes -París- que entonces conocía la efervescencia del surrealismo. Al huir de la ocupación nazi recala en España, lugar nada recomendable en aquella época atroz, y es recluida en el hospital psiquiátrico de Santander, en circunstancias que no han quedado claras; de su larga estancia allí quedó un testimonio sobrecogedor, Memorias de abajo, escrito -y dibujado, porque hay croquis y retratos- por ella misma, desde ese lugar recóndito que se sitúa entre la cordura y la alucinación, pero siempre con lucidez cegadora. Muy posterior es su relato largo La puerta de piedra o los distintos cuentos que aquí se publicaron, también en una edición exquisita, en Siruela con el nombre genérico de El séptimo caballo, donde ya da rienda suelta a su imaginería intransferible, inserta en una lógica distinta a la común -la de su obra pictórica, parte de la cual vimos hace poco en el Círculo de Bellas Artes- poblada por hienas que se presentan en las fiestas sociales para chafarlas, criaturas indefinidas que hacen valer sus derechos en historias invertidas, jabalíes rumbosos y arquitecturas sofisticadas que enmarcan su universo personal donde también se desarrollan con soltura los amores diferentes -El pequeño Francis, otro de sus largos relatos-.

Me he acordado a menudo de un propósito que teníamos JA y yo y que al final no pudimos realizar de ir a entrevistar a Leonora, allá donde morara -México o Chicago, la información era confusa- antes de que se nos muriera, y quién sabe si todavía nos propusiéramos realizar ese sueño, aunque no sé cómo estará ella ahora -quizá como la protagonista de un cuento de Clarice Lispector que recuerdo a menudo con mi hermana, una vieja dedicada las veinticuatro horas del día a ser vieja y sin otra ocupación que esa que le absorbe sus días por completo-. Pero sinceramente no lo creo, estoy convencido de que su mundo de hoy sigue siendo si cabe más personal y rutilante que en los días en que la descubrimos y pasó a engalanar, con todos los honores y en una ciudad del mismo país que la internó en un manicomio, la Biblioteca Angela Carter, que es en realidad un castillo de naipes edificado para indagar en el sentido de la vida, para aprehender fugaz y femeninamente sus encantos.
-En las fotos aparece Leonora en dos etapas de su vida, y arriba uno de sus característicos cuadros-.

((Estamos en Madrid, se está bien porque hace fresco por la noche y no demasiado calor, vamos al estanque del Retiro a tomar el sol y yo me quedo leyendo Anna Karenina, tumbado en el césped, mientras José Ángel pasea abajo y arriba con la bici. Fuimos el otro día a ver Tideland, de Terry Gilliam y no nos gustó, aunque Jeff Bridges está inmenso, como acostumbra. Y alquilamos Brokeback Mountain, que yo ya había visto en un cine-forum conducido por Álvaro Pombo, y a JA le ha conmocionado -qué os voy a decir de la película que no sepáis ya, para nosotros -y muchas veces no coincidimos en cine, pero aquí sí- es la más bella historia de amor filmada, sólo comparable con el Breve encuentro de David Lean. Y hablando de conmociones, sólo me queda un capítulo para terminar la última temporada de la serie A dos metros bajo tierra, que reservo para ver en Albacity con mi hermana: estoy, como aquel que dice, al borde de un ataque de serbios.))