LOS GIRASOLES CIEGOS.
D. José Luis Cuerda. Maribel Verdú, Javier Cámara, Raúl Arévalo, Irene Escolar, Martín Rivas. Adaptación relatos Alberto Méndez. Cinesa Proyecciones, Madrid.

Al igual que hiciera con Manuel Rivas y
Qué me quieres, amor para
La lengua de las mariposas, José Luis Cuerda funde en una sola historia varios relatos sobre la guerra y posguerra, en este caso del exitoso y único libro de Alberto Méndez, quien murió poco después de publicarse
Los girasoles ciegos en 2004. Aparte de productor primero de Amenábar, Cuerda merece ser destacado ya como uno de los directores más solventes de nuestro panorama, que firmó además en 1988 una joyita surrealista que no ha hecho sino crecer con el tiempo:
Amanece, que no es poco. -Y algunas de sus películas
menores, como
La viuda del capitán Estrada, merecerían una revisión-.
Conocida es su tendencia a las adaptaciones literarias que se sitúan en Galicia. Y para allá se ha ido otra vez con este oscuro y guerra-civilista drama que nos permite comprobar de nuevo la belleza y madurez de Maribel Verdú, quizá ya la actriz española que más y mejores grandes papeles acumula -en competencia con Victoria Abril y Carmen Maura, ¡pero eso es decir muchísimo!- y que a diferencia de estas dos ha visto reconocida más tardíamente su valía -¿por su faceta sexy?- a pesar de que ya comenzó con muy buen pie siendo apenas una adolescente -
27 horas,
El año de las luces-.
Aquí aparece extraordinaria: nada más por contemplar ese brillo merece la pena acercarse a la sala. Y guapísima, claro, en el estilismo años 40 que tanto le ha favorecido siempre.

Javier Cámara la acompaña muy bien, en su registro a lo José Luis López Vázquez cuando hacía personajes tristes, y Raúl Arévalo confirma ser ya toda una promesa -a la que yo confieso no le presté atención en
Azuloscurocasinegro, porque Quim Gutiérrez acaparó toda mi admiración-: su papel -el de un sacerdote que comienza a oscilar entre el bien y el mal tras conocer los horrores de la guerra civil- es el más complejo y podría haber sido más interesante de lo que en realidad es si Cuerda hubiera optado por explorar la ambigüedad moral que late en los recovecos siniestros del ser humano; en lugar de ello ha preferido un personaje lineal que resta profundidad al conjunto: porque estando bien delimitados los campos opuestos, un
fronterizo -lo que al principio de la película parece va a ser Raúl Arévalo- hubiera dado otro relieve a
Los girasoles ciegos.
Con todo, la película me parece muy digna y contiene varias escenas memorables -¡esa Maribel corriendo por el pasillo!; o Cámara ante el espejo...- Se trata además del último guión del añorado Rafael Azcona.
(Y sólo una pregunta, ¿por qué eligen a todos los niños actores con la misma cara, pelo y voz?).
Reseña de
Los girasoles ciegos en
El mundo del Deme.
THE STRANGERS (LOS EXTRAÑOS).
D. Bryan Bertino. Liv Tyler, Scott Speedman. Yelmo Cineplex Ideal, Madrid.
Películas recientes como
No es país para viejos presentan la figura del Mal en todo su esplendor, sin justificaciones ni causas ni raíces de ningún tipo -aunque las europeas siguen tendiendo a achacar, al mal, una raíz social, que de algún modo subyace en
Funny games y abiertamente en
Caché, también de Michael Haneke-.

Esta cinta se sitúa a medio camino entre esa vertiente y las secuelas de la clásica
La matanza de Texas: la pretensión de
qualité viene además avalada con la elección de Liv Tyler -por cierto, el mozo, Scott Speedman, es bien guapo, ejem-. El cineasta es debutante, aunque parece ser que se trata de un encargo, y su pulso es firme a lo largo de -casi- toda la película, que a mí -aun pasándolo tan fatal como se pasa- me distrajo y sedujo.
La sensación de vahído, de que algo se ha invertido se masca desde el principio, porque la pareja que va a la casa de campo ha fracasado como tal antes de comenzar su andadura. Si os gusta el género, no dejéis de verla.
THE DARK KNIGHT (EL CABALLERO OSCURO).
D. Christopher Nolan. Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal. Cines Renoir Retiro, Madrid.
Al principio pensé que era un
miscasting haber ido a ver esta película a los Renoir Retiro, con sus salas pequeñitas y más propicias al cine reflexivo que al de acción; pero conforme transcurría el metraje cambié de idea, porque esta última entrega de Batman es especialmente
para adultos, en un sentido filosófico.
Heath Ledger se sale, literalmente: qué lejos queda el socarrón
joker de Jack Nicholson.. éste produce pavor, en esa línea de criaturas del averno de que hablábamos en la anterior reseña, sin génesis ni propósito que no sea otro que el gusto por el horror, como demuestra en la quema del dinero o en las distintas y ridículas historias que narra para explicar su sonrisa cicatrizada.. como imagen de ese desvarío enfermo me queda la escena en que se pasea a toda velocidad en el coche de la policía, asomado a la ventanilla..
Un Batman nihilista
Nolan -que ya dio muestras de su gusto por lo enrevesado en
Memento- cree que los extremos se tocan, así no encuentra tanta diferencia entre el atormentado y nihilista Batman y su enemigo Joker.
Parece que algunos cineastas norteamericanos -no sólo los
outsiders tipo Todd Solondtz- compaginan los taquillazos con la exposición de los aspectos menos radiantes de la sociedad en la que están -y estamos- inmersos.
IL Y A LONGTEMPS QUE JE T´AIME (HACE MUCHO QUE TE QUIERO)
D. Philippe Claudel. Kristin Scott Thomas, Elsa Zylberstein, Serge Hazanavicius. Cines Verdi, Madrid.
Lo que empieza siendo una contenida aproximación a los motivos ocultos de una presidiaria -que produce cierto vértigo- acaba con la sensación de haber asistido, después de todo, a un
Estrenos TV de los que antes poblaban la pequeña pantalla: la pretensión de justificar el mal es muy europea y loable, pero no a costa de desleír el sentido que hasta casi el último momento tenía la película.
Kristin Scott Thomas, magnífica.