Sucede a veces que cuando se visiona algo con demasiadas expectativas, estas no se satisfacen del todo. Pero no ha sido ese el caso en absoluto. De hecho, prácticamente desde el comienzo asistí a la proyección -en el Círculo de Bellas Artes- con un nudo en la garganta, absolutamente enfrascado e impactado por lo que estaba viendo, en lo que fue una especie de tour de force sensitivo y emocional -efectivamente-, que me dejó tocado. Ya no es solo el poder contemplar en la pantalla grande a esos mitos de la escena, que me pareció brillaban -en la debilidad de sus personajes- como nunca, sino todo el texto filosófico de Arthur Miller -que se separaba por entonces de Marilyn-, la belleza de las simbólicas imágenes, la tristeza de las generaciones que solo en apariencia quedaron indemnes tras la guerra.
Se cuenta que John Huston estaba tan alcoholizado durante el rodaje que a veces llegaba hasta dormirse; y que el día que apareció más sobrio fue precisamente el que estaba más borracho -en un esfuerzo titánico por que el equipo no se diera cuenta-; que Clark Gable, empeñado en no tener dobles, hizo un esfuerzo físico extraordinario que le llevó a perecer unos días después; que Marilyn estaba ida y absolutamente narcotizada -de hecho se la ingresó en un hospital durante dos semanas-; que Monty superaba sin embargo a todos en niveles de alcoholismo -y también que el día que murió unos años después televisaban The misfits, y le preguntaron si quería verla, a lo que respondió con un tajante Absolutely not-.
Quizá esa vulnerabilidad extrema de los actores -y director- que interpretan a personajes que se hallan efectivamente al límite sea lo que confiere a esta película que fue un fracaso comercial ese carácter tan especial y delicado. Porque sientes que lo que estás viendo en pantalla es verdad de alguna manera... Clark Gable aquejado de vejez y sin aceptar a la Muerte que ya llamaba a la puerta; Marilyn grandiosa en su inconsolable desamparo, en la deriva que ya no tenía solución, más sola que nunca; y Monty consumido prematuramente, gastada su memorable belleza y en una espiral imparable de fracasos y adicciones. -También brillan los otros actores, como la entrañable Thelma Ritter y el sobrio Eli Walach, cuyos papeles son importantísimos-.
Hay escenas gloriosas en su delicadeza, que me producen congoja, por su belleza, por la forma en que subrayan lo insignificantes que somos, y lo que nos necesitamos unos a otros... la casa en mitad del campo, y el escalón que Marilyn instala subiendo y bajando una y otra vez, para sentir por fin que pertenece a un lugar en el mundo...; el baile en esa misma casa la primera noche, y cómo Marilyn, bellísima, se emborracha y tambalea y sale al exterior y se agarra a un árbol...; toda la larguísima escena de la caza de los potros, tan preñada de significaciones...
The misfits es una película única en su singularidad y tristeza, radiante sin embargo porque los seres que retrata son luciérnagas con el alma incandescente... nunca me alegraré lo bastante de haber ido el domingo a verla, en pantalla grande, al Círculo de Bellas Artes.
THE MISFITS (1961), una película de John Huston con Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Thelma Ritter y Eli Walach. Fue estrenada en España como Vidas rebeldes y en Hispanoamérica como Los inadaptados.
TRAILER ORIGINAL DE `THE MISFITS´























