Mostrando entradas con la etiqueta LECTURAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LECTURAS. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de agosto de 2013

EL PLACER DE LOS EXTRAÑOS, EN CONSTANZA

"Al llegar al hotel me apresuré a salir para ver el mar..."

"En lugares estratégicos había situados unos pocos bancos amarillos..."

"Conque quedamos al cabo de un rato para dar un paseo de tarde noche por la larga playa..."

"...el cielo en declive allá arriba y un susurro manso de retirada en la playa..."






Al llegar al hotel me apresuré a salir para ver el mar, que se olía desde la habitación. Afuera encontré un paseo que circundaba una pendiente con espesa arboleda, tras la que relucía, al fondo, una alegre y alargada playa. En lugares estratégicos había situados unos bancos amarillos,  para contemplar desde lo alto a la gente, las olas, las embarcaciones que se agrupaban para celebrar pronto las fiestas de mediados de agosto. Ideal. No sé cuánto anduve enfrascado en mi Montaña mágica, acompañado de los chillidos agudos de bandadas de gaviotas; sí recuerdo que, en un momento dado, una chica rubia se sentó a mi lado, lo que me fastidió un poco, tan a gusto estaba en mi mirador.

La cosa pintaba fea, algo podía haber de equívoco en esa toma de contacto por parte de una mujer pizpireta y también lectora -¡y de Borges!- hacia un extranjero solitario. Por eso, mientras nos embalábamos en los preliminares de lo que parecía podía ser una amistad incipiente, iba calculando mentalmente si debía seguirle la corriente o aducir por el contrario alguna excusa que me parapetara, para perderme rápido en las profundidades del hotel. Pero soy un enamorado de los encuentros fortuitos, y me hubiera parecido descortés salirme por la tangente, así que me lancé a la aventura, aun sospechando que en un momento dado tendría que recoger amarras y soltar la aclaración de mi homosexualidad, que me da tanta pereza. Conque quedamos al cabo de un rato para dar un paseo de tarde noche por la larga playa.

¡Qué maravillosa panorámica! La brisa nocturna me hacía sentir en dulce armonía, encajado en ese recodo pintoresco de la Europa del Este donde había ido a parar, el cielo en declive allá arriba y un susurro manso de retirada en la playa, el olor a brea y a desperdicios esparcidos, la promesa romántica de las rocas y promontorios al fondo. La facilidad con que entre nosotros brotaba la risa me recordó a las amistades pimpantes de la adolescencia, cuando en un momento descubres que compartes todo, y que no hay motivo para no seguir avanzando. Y Luisa, bella en la noche creciente, no tardó en hablarme de su marido, que regresaba de la mar en unas pocas horas, tras recalar en Málaga y en Estambul. Sí, estaba segura de que íbamos a congeniar los tres. Mientras me proponía que al día siguiente su esposo nos llevara a Mamaia –el summer resort de la zona- me acordé con un escalofrío de la película El placer de los extraños... para después seguirme meciendo en la hospitalidad cantarina de mi nueva amiga, que ya recitaba triunfante distintos títulos de Almodóvar.





jueves, 15 de agosto de 2013

CANCIÓN TRISTE DE BUCURESTI





Ya lo hemos hablado: si hay un intervalo en el que se pueden atisbar a lo lejos las imbricaciones del Tiempo, es el del mes de Agosto, con sus recovecos trenzados que dan a un jardín donde se arrebuja un gato perezoso.  

Esta vez, para el fortalecimiento mental he elegido un cuaderno de ruta que en apariencia es de acción, pero que es en realidad contemplativo, con la ayuda inestimable de La montaña mágica, el clásico de Thomas Mann que me recomendó mi hermana y que marca el latido de mi verano. En Bucarest lo he estado leyendo en el Parque Cismigiu, embotado y enardecido a la vez, aspirando fragancias cruzadas.





REPOSO Y DISCIPLINA



En realidad cualquier cambio de aires y de rutina puede funcionar como una cura Incosol en Marbella. La adaptación a los nuevos hábitos es una disciplina provechosa, saludable. En La montaña mágica el joven Hans Castorp acude a visitar por tres semanas a su primo Joachim, en una moderna institución para enfermos respiratorios, situada en lo más alto de Davos. El Tiempo es allí un termómetro sin medición, y ya el primer día de estancia se prolonga de tal manera que su irradiación hiere al lector...





SWEET HARMONY / THE BELOVED
























Embriagado de reposo, camino por las calles que me llevan al sitio de siempre, que ahora alcanzo a otro ritmo. Me he acostumbrado ya a salir con la mochila, aunque no lleve nada dentro, si acaso La montaña mágica, que pesa un quintal. En realidad siempre he vivido en Bucarest. O en Constanza. Parece que Hans Castorp está enfermo, pero no tengo prisa en saberlo...




domingo, 11 de noviembre de 2012

UN CONSEJO DEL SEÑOR IBRAHIM

“-Ça ne fait rien, disait monsieur Ibrahim. Ton amour pour elle, il est à toi. Il t'appartient. Même si elle le refuse, elle ne peut rien y changer. Elle n'en profite pas, c'est tout. Ce que tu donnes, Momo, c'est à toi pour toujours; ce que tu gardes, c'est perdu à jamais!”.

"-Eso no importa, decía el señor Ibrahim.  Tu amor por ella es todo tuyo, eso no te lo quita nadie. Te pertenece. Aunque lo rechace, ella no puede cambiarlo. No lo aprovechará, eso es todo. Todo aquello que des, Momo, será tuyo para siempre; lo que guardes ¡estará perdido para siempre!".

La cita es de El señor Ibrahim y las flores del Corán, la novela corta de Éric-Emmanuel Schmitt, una de las más populares de los últimos años, que leí por obligación como estudiante de francés en la Escuela de Idiomas, y que he vuelto a leer varias veces, porque a su vez yo se la mando ahora a mis alumnos -en español, y les gusta bastante- y porque me encanta.

Omar Sharif y Pierre Boulanger, en la película de François Dupeyron
El señor Ibrahim le aconseja a Momo, un adolescente, cuando éste le relata un pequeño desengaño amoroso. La pureza y sencillez de sus palabras me emocionan.

Y yo añado: ¿no es verdad que el amor entregado es un valor en sí mismo? ¿Por qué las relaciones o intercambios de esta índole han de medirse por criterios mercantiles? No voy a dejar de querer a alguien sólo porque no me corresponda. Nunca he pedido ni pediré exclusividad amorosa, sentimental o erótica a nadie, porque me parece que va contra nuestra naturaleza. Los amores desatendidos son una fuente de energía y vitalidad extraordinaria...

Juan Margallo y Ricardo Gómez en la versión teatral

viernes, 5 de octubre de 2012

BOSÉ EN `TU ROSTRO MAÑANA´

Ya os he comentado alguna vez mi fascinación por la obra de Javier Marías y, muy especialmente, por su trilogía Tu rostro mañana, en cuya tercera parte habito ahora: es una sensación reconfortante, como si fuera un cobertor en el que me acurruco, un cobijo de palabras y reflexiones que me entonan el espíritu -y un placer que he estado aplazando a propósito, pues las dos primeras partes las he leído dos veces cada una-.
Pues bien, uno de los aspectos que más gusta Marías de analizar es lo que él llama el horror narrativo, el miedo que puede tener cualquiera a que su historia personal -como si se tratara de una novela- se tuerza en un momento dado y ya sea solo recordada por un final o una deriva poco noble y no adecuada al conjunto. En concreto hay un cantante imaginario en el libro, Dick Dearlove, aquejado sobremanera de ese miedo que nos afecta a casi todos. También se habla de Jayne Mansfield, la actriz pechugona de final atroz -con la cabeza rodando en una carretera- o John F. Kennedy como ejemplos de personas notorias cuyo desenlace se impuso a todo lo demás -yo, a otro nivel, pienso en nuestra actriz Luisa Sala, ya no se habla de ella pero seguro que algunos la recordaréis, hizo mucha televisión: y tuvo la mala fortuna de morir atragantada por un hueso de pollo-.
Luisa Sala

La confianza, la traición, son quizá los ejes en torno a los cuales gira sobre todo Tu rostro mañana. Porque una modalidad de este horror narrativo es el pararte a pensar cómo será la faz de tu amigo, de tu amante, en un mañana en el que no está en absoluto asegurado ni su amor ni su lealtad a nosotros: hay miles de ejemplos en torno a ello, si nos paramos a pensar en esas luchas encarnizadas entre parejas que antaño se adoraron o creyeron hacerlo. Y trasladado eso al plano Dick Dearlove, es decir, al de los artistas, quién te garantiza que tu ídolo no vaya a hacer o a representar en un futuro justo lo que a ti te reviente más, habida cuenta de que no son solo ellos los que van cambiando, sino nosotros.

El síndrome de Dick Dearlove

Esta noche volvía Miguel Bosé al Palacio de los Deportes de Madrid, en la presentación capitalina de su gira Papitwo. Tiempo atrás yo hubiera estado nervioso esperando que llegara el magno momento de su aparición en escena. Ahora, ni me he molestado en adquirir un boleto. Tuve bastante el otro día con la lectura de su última entrevista para El País Semanal, donde realizó un  despliegue de soberbia tal que me dejó anonadado. ¿Qué queda del cantante al que tanto quise, del que debutó en televisión en mis últimos años de colegio, del que siempre sonreía, del que irradiaba modernidad, de mi héroe a seguir, del inquieto, inconformista y a pesar de todo humilde artista?

¿Tanto daño le hizo el bulo sobre su supuesto sida en los años 90? ¿Se debe a eso su arrogancia, su desprecio monumental a tantos periodistas? Porque cabría recordarle que en general la profesión se ha portado siempre maravillosamente con él, pocos personajes tan respetados y admirados y reflejados en las últimas décadas españolas. ¿Por qué se cree ahora tan trascendente, ahora precisamente que no hace sino vivir de las rentas?  ¿A qué viene tanto rencor, si debería estar agradecido, al público, a la prensa, a la vida, a su familia?

Curiosamente, el nivel de exigencia musical de sus producciones comenzó a retroceder con aquel desafortunado Sereno (2001), coincidiendo con el momento de eclosión absoluta del movimiento LGBT en España. O acaso es que perdió el norte, condicionado por las circunstancias. Poco antes, había tenido la oportunidad de hablar de una vez sin tapujos para la portada del número cero de la revista Zero, ocasión que por supuesto no aprovechó como después harían otros, y en la que volvió a sus en su momento atrevidos pero ya gastados y cansinos argumentos de ambigüedades -y pensar que en 1978 tuvo el coraje de decir para la Super Pop que le daba igual que le llamaran homosexual, nunca ningún cantante español había dicho eso hasta entonces-.
Pero veinte años después, ¿cómo iba a seguir estando en vanguardia de nada, en un momento en que tantos seguidores gays suyos daban la cara, la venían dando ya durante años, en la familia, en el trabajo, en todos los órdenes, mientras él seguía jugando a la gallinita ciega? A pesar del arrollador éxito de Papito -que no fue sino nostalgia, algo de lo que él siempre había huido- Bosé nunca volvió a recuperar el pulso musical -y lo que es peor, su propio pulso narrativo, la imagen que proyectaba de avance y desenfado-, y se dio además sonoros trastazos -esa Velvetina grandilocuente-, si bien Cardio fue un más que digno intento, pero que le llegó ya con el tempo cambiado.

Y es que la cara, y la música, son el espejo del alma.

Y hoy que Bosé vuelve a actuar en Madrid recuerdo mohíno esas tantísimas otras veces que he acudido a verle infatuado, y compruebo que de eso solo queda el recuerdo, porque ni curiosidad he tenido aún de escuchar este Papitwo, a pesar de que soy -lo sabéis- un fan de lo más leal con mis ídolos. Pero tanta soberbia y empecinamiento me han hecho, finalmente, desistir.

Ya he visto tu rostro mañana, Miguel, y no lo he reconocido.

martes, 2 de octubre de 2012

PASADO Y DESEO EN LOS AÑOS DE LA RUINA

El pasado 19 de agosto el escritor Félix de Azúa publicaba un artículo extraordinario en El País. Me acuerdo de él a menudo, y por eso he querido compartirlo con vosotros.
 
 
Fotografía de D. Umbert
Cada generación ha conocido un mundo
más puro que el de la siguiente
 
Estamos condenados a amar lo que ya
ha sido, solo porque ya no es
 
Debemos ser conscientes de que el pasado deseado en forma de futuro es una ficción, un poema, un arte
 
Todo lo que nos parece significativo de nuestra infancia no es sino proyección de los deseos que no pueden cumplirse en la madurez y en la vejez
 
Llegará un día en que los años de la ruina sean aquellos en los que algunos vivieron lo mejor de sus existencias
 

sábado, 18 de agosto de 2012

WE DIED AT SUCH A PLACE

-¿Qué es lo que no puede ser, Emilia?
-No puede ser que Matilda se haya muerto.
(...)
-Desgraciadamente sí se ha muerto, Emilia. Entiendo lo que quieres decir: que parece imposible. A mí también me parece imposible a veces. Pero se ha muerto.
-Pero decían que no...
-¿Quién decía que no?
-Los curas, la Iglesia. Siempre se ha dicho eso, que la muerte... no es lo que parece. Parece que todo se acaba pero no es verdad, dicen. La resurrección, se habla de la resurrección, ¿no?
-¿Tú crees en la resurrección?
-¿Yo? ¿Qué más da lo que yo crea? Digo lo que dicen. Si Jesucristo resucitó, también los demás, también Matilda. Explícame la resurrección. Porque no puede ser que Matilda se haya muerto del todo...

Ordet -La palabra-, de Carl Theodor Dreyer
Hablar sobre la vigencia de la resurrección no es algo que se suela hacer hoy en día, aunque los personajes de Álvaro Pombo incurran en ello con frecuencia. A mí me fascina, cuando aparece esta temática en sus novelas... no sólo en La fortuna de Matilda Turpin -de donde está extraído el diálogo de arriba-, en El temblor del héroe dos de los protagonistas se enzarzan en una conversación apasionante sobre la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino...

Es por la noche. Es de noche. Es la noche noctámbula que abre la conciencia del noctámbulo y que, a la vez, la cierra y la comprime. Es ahora el entrecejo de la noche, lo malo de lo noche. Pasadas ya las doce, más allá del bien y del mal. Y hay en Madrid, en otoño, un aire deseante, un dios deseante que no satisface ningún deseo de satisfacción. Un dios que es cruel y que oprime la conciencia hasta convertirla en una nada, en una insignificante conciencia del deshonor y de la culpa.

Una novela durísima, esta última de Pombo, en la que se cuela el mismísimo Diablo -un `sin por qué´, un jeta para el que no cuentan los demás- en forma de profesor jubilado que se desliza en skateboard por las calles. Absorbente y soberbia, como todas las suyas, y profundamente moral. El escritor sigue indagando a la busca de una ética actual que no deseche sin más nuestro legado cultural y filosófico... y lo hace, además de con hondura, con gracia y con su inconfundible estilo -ahora estoy enfrascado en Virginia o el interior del mundo, que es alucinante sin más, leo a Pombo sin parar, no puedo parar, no puedo parar, como Santiago Segura cuando el anuncio de la Schweppes, jajaj..-.

¿QUÉ SE HIZO DEL JUICIO FINAL?

El caso es que Pombo no es el único autor contemporáneo que se preocupa por el devenir de las grandes creencias cristianas, como pueda ser la resurrección o... el Día del Juicio Final. Porque parece que ya ni el Papa ni -creo yo- los obispos suelen hacer mención del mismo, como si se hubiera diluido su importancia -aunque nadie lo haya puesto en entredicho tampoco, que yo sepa-. Ya sabéis, es el Día en que toda la Humanidad, todos los hombres y mujeres y niñas y niños y ancianos serán juzgados por sus obras, no sé si precedidos de un son de trompetas o por los jinetes del apocalipsis... el día en que todas las injusticias serán reparadas y las buenas obras eternamente recompensadas.

Sobre ello escribe Javier Marías unas páginas magistrales en la segunda parte de su trilogía Tu rostro mañana, la denominada Baile y sueño. Para ello utiliza como estribillo el We died at such a place shakesperiano, fabulando cómo los distintos finados defienden su causa ante el Altísimo, Morimos en tal sitio, comienzan exponiendo, para luego desarrollar su historia personal intercalada con disculpas, ruegos, medias verdades y suposiciones -del rostro del Hacedor ante semejante e interminable despliegue ya se hizo una idea Miguel Ángel en la colosal creación que hizo para la Capilla Sixtina-.
La conclusión de Marías es que, a pesar de lo sobrecogedor y tremendo de tamaño juicio, había algo en tal creencia que consolaba a todos, no sólo el sentido de justicia, sino la sensación de que nuestras vidas eran así trascendentes, contempladas, mesuradas.

Esa ensoñación narcisista de tantos contemporáneos, llamada a veces "conciencia", tal vez no sea sino un sucedáneo de la antigua idea o vago sentido de la omnipresencia de Dios, que con su ojo vigilaba y estaba atento a cada segundo de la vida de cada uno, era muy halagador en el fondo, y un alivio pese a las contrapartidas, es decir, al elemento implícito de amenaza y castigo y a la aterradora creencia de que nunca era nada ocultable del todo a todos y para siempre; sea como sea, tres o cuatro generaciones de duda o incredulidad dominantes no bastan para que el hombre acepte que su trabajosa y no solicitada existencia transcurre sin que nadie asista ni la contemple ni se asome jamás a ella; sin que nadie la juzgue ni la desapruebe.

Quizá por eso se acude a los programas de televisión aireando intimidades, o se vocea hablando por el móvil en los vagones de tren, o pasamos el tiempo maquillándonos en las redes sociales, o se escribe -tan bien como Javier Marías, que yo percibo como una conciencia que me acuna, y al leer sus libros siento como si me arrojara en sus brazos para que me arrope su pensamiento, sus reflexiones, es una experiencia sensorial-, para dejar impreso en un universo inaprehensible en el que las ideas de Resurrección y de Juicio Final se han volatilizado, algún chispazo, por ínfimo y superfluo que sea, de la esencia que nos hierve por dentro, y que antes llamaban espíritu, o alma. Para decir que somos yo y que nos pasan cosas -y en este sentido esta mañana he tenido un claro ejemplo, en una sala de espera una señora se ha pasado dos horas enteras hablando, hemos sabido lo que ha desayunado, detalles sobre toda su prole, preferencias, manías.. como si temiera que alguien la fuera a desenchufar como al Hal 9000 de 2001... y le corriera prisa dejar constancia de su travesía mortal-.



domingo, 17 de junio de 2012

DIARIO DE CRISIS



Infiltrado en el campus
Días atrás he formado parte de un Tribunal de Selectividad, y contra todo pronóstico la experiencia ha resultado estimulante. No es sólo que durante varias jornadas haya cambiado de ambiente, chapuzándome en la Ciudad Universitaria -que amo-, sino que he contemplado a los jóvenes candidatos con suma curiosidad, porque me parecía que estaban siendo sometidos a uno de los escasos, o quizá ya al único, ritual de iniciación a la vida adulta. Compartíamos un aula magna y pomposa, con bancadas en pendiente, y la primavera se colaba a cada momento por los ventanales de la sin embargo húmeda estancia. Los chicos y chicas rellenaban sin parar folios y folios, nerviosos y concentrados, ávidos de futuro, en lo que era un contraste absoluto con mi indolente realidad cotidiana en las aulas: sin ellos saberlo componían una imagen bellísima de conjunto. Para completar el estado de exaltación en los intervalos me refugiaba debajo de un árbol a leer a Fiodor Dostoievski, concretamente dos novelitas cortas, las Noches blancas -el retrato del soñador arquetípico- y el Diario de Raskolnikov, una especie de esbozo de la colosal Crimen y castigo.
Por cierto que como quiera que en una de las redacciones que corregí me hablaban de la personalidad de Ricardo Gómez, el Carlitos de Cuéntame, me ha dado por pensar si no habré corregido su examen, ya que los correctores sólo tenemos códigos, no sabemos si los ejercicios son de chicos o chicas, de humanoides..

El lugar de los hechos

La primavera, exultante








 

 GODDESS ON A HIGHWAY / MERCURY REV

Esperando a Mercury Rev
 Espero como agua de mayo -en junio- la cita de la semana que viene en el Matadero de Madrid con un más que buen plantel de músicos, entre ellos The Raveonettes, James Blake, La Casa Azul, Love of Lesbian, Twin Shadow, Sr. Chinarro, Mendetz o -lo que me hace más ilusión de todo- Mercury Rev, que interpretarán al completo su ya mítico Deserter´s songs, el disco que les dio a conocer a finales de los 90. -Yo les vi hace unos años, en una sala madrileña ya desaparecida, cerca de La Riviera-. ¡Y estoy entusiasma-do! como decía aquel dibujo de cuando entonces, que no recuerdo bien cuál era.
Y es que la música es libre y grande y variada como decía mi amado Luqui. Y digo esto porque el último concierto al que asistí hace unas semanas fue el del grandísimo Raphael en el Teatro de la Zarzuela, con las 40 canciones que nos cantó de una tacada, jaja.. entre ellas las nuevas de Manuel Alejandro. Eso que llaman amor que ya llega cuajado de llamas nadie sabe lo que es, ni los científicos que lo han reducido a una fórmula. And I know it ain´t gonna last...


No es el opio del pueblo
Claro que estoy viendo los partidos de la Roja, aunque hasta ahora los dos me hayan resultado, por distintos motivos, bastante accidentados. Pero geniales. Aunque sólo fuera por mirar a mi Casillas, merecería la pena. Echo de menos a Villa, eso sí. El fútbol no es el opio del pueblo. El opio es el enfrentamiento y división artificiosa a que nos pretenden someter y someten los aparatos de los dos partidos políticos principales, haciéndonos creer que existen grandes diferencias entre ellos y que a un lado están los buenos y al otro los malos. Que se callen ya, ellos y los nacionalistas. Y que formen un Gobierno de unidad -como sí supieron hacer los alemanes hace bien poco- y estén a la altura de las circunstancias y de su pueblo.


Debut europeo de Lana Perales Soto
No encuentro el calificativo para calificarlo, valga la redundancia, este debut en el Sónar -siempre un paso por delante de los demás festivales-, así que dejo a los expertos tan ardua tarea. ¡La expectación de los fans se masca desde aquí! No hay nada comparable a ese fervor... Yo lo que la veo es que tiene menos expresividad en escena que José Luis Perales, José Manuel Soto y Víctor Manuel juntos.

 BLUE JEANS / LANA DEL REY al comienzo de su actuación en SÓNAR 2012

Lana del Rey Sónar Barcelona vídeo en El Blog de Ripley


Firma de Pombo Pombero
Foto de Miguel Sanfeliu
Soy pombiano hasta la médula, porque el mundo me ha hecho así -¡por cierto, que Jeanette reaparece para el Orgullo!-. Y aprovecho cualquier feria, conferencia o cine-fórum -de hecho vi Brokeback Mountain gracias a él- para acercarme a su lado. En esta ocasión el ilustre escritor me firmó Virginia o el interior del mundo y El temblor del héroe. Me gusta cogerle las manos, apretárselas fuerte y mirarle a sus ojos halagados y sorprendidos al reconocer esa admiración pura. "En sus libros -le dije- hay siempre alguien inocente que es traicionado, que no puede hacer frente a esa traición, que no la asume y le desborda para siempre, porque alguien a quien quiere y en quien confía ha estado maquinando a sus espaldas, aprovechándose de esa querencia, y de que posee más información." Se me quedó mirando Álvaro y mientras firmaba la novela me dijo, "en El temblor del héroe es al contrario, hay una persona que no quiere traicionar y no traiciona, y le va mal precisamente por eso. Es una historia muy dura".
¡Hasta otra, mi Pombo!




Carmen es antes que Pedro
 Qué poco tacto el de Agustín Almodóvar -y el de su hermano, que habrá dado el visto bueno- al responder a Carmen Maura por unas declaraciones en las que ella dijo que Pedro era tenso en sus rodajes o algo así con un -"Tranquila, no pensamos llamarte"-. Personalmente creo que ciertas películas son redondas no sólo por el director sino por algunas actrices que las convierten en obras maestras. Y Almodóvar nunca ha vuelto a encontrar una Carmen Maura, sencillamente porque no la hay. Por mi parte, y por primera vez, me voy a plantear el ver o no su futura película, porque otro rodaje con la Penélope sangre de horchata Cruz me parece ya un poco too much, por mucha Terremoto de Alcorcón que salga.

Tu crisis, mi crisis (¡Sálvame!)
(Estoy abatido, por todo lo que está pasando. Hay quien me dice: "Si a ti no te afecta, eres funcionario", y me da risa el oírlo, porque ya nadie se siente seguro en su puesto, sea o no funcionario. Y porque aunque asi fuera, ocurre como cuando la era del sida, puede ser que no tuviéramos VIH pero estábamos abatidos, por los amigos que sí lo tenían, por cómo todo aquello entristeció nuestras vidas. No, no se puede vivir ajeno a lo que acontece, estamos todos conectados.
Si acaso viéramos que de todo esto puede surgir algo nuevo, y bueno... decidme que puede ser así).

SAVE ME / SILVER CONVENTION (1975)

Son el trío de Fly, Robin fly.. que por cierto eran alemanas, jeje..