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miércoles, 3 de julio de 2013

LA ÚLTIMA NOCHE QUE PASÉ CONTIGO...

Detalle de Desnudos en la playa (1922), de José de Togores
...quisiera olvidarla, pero no he podido. La lástima es que a veces sí se olvidan, por el simple hecho de que cuando las vivimos no sabemos que van a ser las últimas. En su reciente y precioso libro, La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero reflexiona sobre algo parecido, en relación a la vejez y la muerte: no sabemos cuándo es la última vez que tenemos un encuentro sexual, la última que nos bañamos en la playa, la última vez que te doy un beso.

Cuando las parejas se van deshilvanando, como si fueran un jersey de lana que empieza a tener descosidos, la frecuencia de determinadas costumbres se emborrona hasta alcanzar un límite impreciso. ¿Cuándo fue la última vez que me llamaste loco de contento, por el simple hecho de oír mi voz, y proyectar tu vitalidad en la mía? O la última en que, al verte en la esquina donde habíamos quedado, se me iluminó la sonrisa más alegre del mundo.

¿A ti te gusta abrazar, por la noche, o prefieres ser abrazado?

Yo prefiero abrazar a mi amado, recogerle bien en mí, abarcarlo todo para que la negrura de la noche y su vacío no puedan alcanzarle nunca. Y ese intervalo alargado en que los abrazos se espacian para acabar precipitándose por un desagüe voraz me asusta, y me hace desear eso de que el tiempo no sea un concepto lineal, para que la unión radiante y limpia permanezca creadora, incólume, ajena a la erosión y el silencio. Para querernos siempre tanto, y de la misma manera.

miércoles, 29 de junio de 2011

LA PLUMA ES BELLA


De las columnas que leemos no sabemos cuál recordaremos al cabo del tiempo, porque este género no es tan perecedero como en principio pudiera parecer.
Y así, recuerdo una escrita por Rosa Montero para El País hará más de veinticinco años, que se llamaba Maricón. En ella la periodista abogaba por los derechos no ya sólo de gays y lesbianas en general, sino de mariquitas en particular, por quienes manifestaba preferencia; las locas, los más afeminados, aquellos a quienes se ve venir desde lejos, casi siempre desde la infancia, con ademanes de princesita y contoneos de bailarina; las campanillas del grupo, que usualmente han servido a la tribu de regocijo y de escarnio, el ejemplo hilarante de lo que no debe ser un mozo que se precie a sí mismo.
Rechazados desde el principio, zarandeados real o simbólicamente muchas veces desde su entorno más íntimo -el familiar-, pueden ser supervivientes que han intentado camuflarse en una piel de acero, aunque también los hay que se valieron del impulso de la diferencia en positivo o que, al contrario, se volvieron insidiosos y maledicentes, acomplejados.
Pero en general decía la Montero que suelen ser los más valientes, y me lo creo, y como ejemplo de héroe literario siempre nos quedará el maravilloso Molina de El beso de la mujer araña.

Me acuerdo de ellos, de mis mariquitas, porque si yo estuviera en las comisiones organizadoras del Orgullo propondría que se les dedicara una edición -a ellos y a las marimachos, por supuesto, lo que ocurre es que esa panorámica la conozco menos-.
Yo no me autositúo en esa categoría, al menos ahora -aunque zarpazos he recibido, los suficientes para empatizar al máximo-, pero siempre he querido y respetado y me he paseado orgulloso con mis amigos de mucha pluma -a no ser que fuera pura afectación, claro, que esa es otra historia, que tampoco rechazo, pero hay que tener mucho arte-.
Mas con el tiempo y la madurez he dado un paso más: no sólo es que a muchos de ellos quiera, es que también los deseo. Me seduce un hombre femenino, delicado, amanerado, me he librado del estereotipo machirulo como único y obligatorio objeto de deseo y he abierto la puerta a otros indescriptibles goces sensuales...

Os digo esto porque estoy literalmente hasta las narices -a estas alturas- de los gays de fuera o dentro del armario -o de puerta entornada- que lo primero que te dicen en persona o escriben en sus perfiles virtuales es que no tienen pluma, que no quieren pluma, que fuera la pluma, que ellos no, que gente de fuera del ambiente, que son normales, masculinos, que locas no.

Pero ¿qué os pasa? ¿No será que aún os tenéis miedo a vosotros mismos? ¿Cómo queréis que os respeten si no sois solidarios con los más especiales de la casa? Estáis más pasaos que la Charito -y no sé quién era tal señora, pero suena a muy antigua-.

Y en cuanto a la motivación sexual, ¿es que no sabéis que los extremos se tocan, y que la virilidad es a menudo sólo una apariencia, y la vulnerabilidad otra?

(En las fotos, Manuel Puig y Rosa Montero. ¡Feliz Semana del Orgullo, amigas y amigos!)


martes, 1 de febrero de 2011

PINCELADAS



De Eneko, en 20 Minutos

1 de 4.696.600 / Rosa Montero

Henos aquí rompiendo la barrera del sonido de personas en paro. Las cifras de desempleo producen un vertiginoso repeluco: ¡doblamos la media de la UE! Son 4.696.600 parados, un chaparrón de gente, un número tan grande de afectados que cuesta imaginarlos individualmente. Pero ahí están, 4,7 millones de zozobras distintas, de historias diferentes. Como la de Daniel Castillejo, un arquitecto de 35 años que, tras pasar ocho trabajando de falso autónomo en estudios y Ayuntamientos, acaba de quedarse sin nada. El miércoles pasado se apuntó al desempleo y luego fue al centro de salud para arreglar su cobertura sanitaria.
Como autónomo, Daniel había cotizado en una mutua privada y no en la Seguridad Social, porque al ser arquitecto podía hacerlo y le salía más barato; así que explicó su situación y le contestaron: "No hay problema, le atenderemos como si fuera un inmigrante por no haber estado nunca en la SS". Daniel sintió un pequeño vértigo, un vahído, un conato de rebeldía que le impelía a explicar que él era español y que había pagado todos sus impuestos durante esos años, pero al final se calló, porque el paro te va comiendo el ánimo desde el primer momento. Así que fue a la ventanilla en la que tenía que registrarse como inmigrante y de pronto recordó que tuvo una tarjeta sanitaria cuando un Ayuntamiento le contrató seis meses. En efecto, dijo la empleada, en Andalucía estaba cubierto con esa tarjeta. ¿Y si, por ejemplo, iba a Madrid a ver a su hermano (bioquímico, doctor, también en paro)? Ah, esos problemas los debería hablar con el trabajador social. O sea que este arquitecto que fue falso autónomo se acaba de enterar a los 35 años de que es un falso inmigrante y de que necesita la orientación de un asistente social para sobrevivir a un país tan ineficiente y chapucero que tiene a uno de cada cinco trabajadores en el paro.

Publicado hoy en El País.

martes, 5 de mayo de 2009

UN CABRILLEO DE AGUA Y SOL


Hace apenas unos días que hablaba con el amigo Senses en su blog sobre Pablo Lizcano, a propósito de su pasada relación con Massiel y de la presente y longeva con Rosa Montero, la escritora madrileña que yo leo y quiero desde que hace seis lustros apareció su novela primera.
Con ella he coincidido personalmente en varias ocasiones a lo largo de los años, encuentros breves, pero del calado suficiente como para que aumentara mi estima hacia su persona: desde la entrevista que le hice en mi época universitaria para una revista imaginaria -en un momento de esplendor, eufórica e idealista con la aparición de su Te trataré como a una reina, mimada por todos en la redacción de su periódico, donde me recibió, yo amedrentado con grabadora en mano, ella con un vestido que dejaba la espalda al aire- hasta la vez en que, ya a principios de esta década, me enviara a domicilio el único libro suyo que me faltaba, Temblor, o más tarde se ofreciera a ayudarme en una situación comprometida-.


Hoy me he enterado de que Lizcano ha fallecido a los 58 años, tras una enfermedad. No deja nunca de asombrarme lo raro que es todo. Ahora veo desde mi ventana a los operarios argelinos que arreglan la fachada de la buhardilla.. cómo llenos de vida bromean entre ellos, se afanan y componen sin saberlo una sensual estampa al sol de la tarde que empieza a decaer. Después, quién sabe, quién podrá dar fe de que este instante que me inunda existió alguna vez..



Juan Cruz ha publicado un obituario en El País que me ha parecido sincero y emocionante, sobre todo cuando rememora el espíritu de los años en que el periodista Lizcano despegaba profesionalmente:
"...Decía de coña Gabriel García Márquez que ahora se muere gente que antes no se moría. Lo cierto es que Lizcano pertenece a una generación, la que ahora cumple las canas de los sesenta, que se hizo en un país cuya alegría repentina parecía convertirlo en un país feliz e inmortal; la de Pablo es una generación que creó muchas alamedas por las que transitó de todo, desde Pedro Almodóvar a Miquel Barceló, fue la época en que parecía que el cine, la televisión, las artes, iban a transitar por alamedas abiertas, de generosidad y de calidad. Después este país ha sido como cualquier país, pero Pablo fue uno de los que con más ahínco lucharon por hacerlo distinto, hasta que quizá se dio cuenta de que este amor por la elegancia de ayudar a que se viviera mejor era una pasión inútil, y regresó a esa melancolía que transfiguró sus ojos de chiquillo en los ojos de un hombre que usaba la inteligencia sobre todo para extrañarse de que el mundo no fuera lo que una vez soñamos."

Y es que la década 1975-85 fue en España genuina en su frescura y efervescencia -quizá a otros países les tocó antes, o después- y no creo que tenga esta sensación porque esos años coincidieran con mi adolescencia o primera juventud. Después, casi todo ello se ha ido yendo al garete, fuera por la llegada del progreso material, del desencanto político o de las apestosas televisiones privadas. Y no soy nostálgico, hay aspectos en los que hemos mejorado, pero en general...

En su habitual columna de los martes, Rosa se ha despedido así de su compañero:

UNA VIDA / ROSA MONTERO

Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho.

Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.

Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes.

Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.

La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.

Y también el desamor: un agujero.

Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.

Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.

La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.

Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.

La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.

Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio.

Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve.

Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.

Un cabrilleo de agua. El último chispazo.

Esta poca cosa, o esta enormidad, es una vida.


(Mi testimonio de cariño a Rosa Montero, y al recuerdo de Pablo Lizcano).

((El cuadro de apertura, la célebre Impresión. Salida del sol, de Claude Monet -1874-.))

martes, 17 de junio de 2008

¡AY RICARDO, CORAZÓN! -DE LEÓN-



Rastreo información sobre Ricardo Corazón de León, porque desde que me embarqué en la lectura de las historietas de Príncipe Valiente, la obra maestra de Harold Foster y uno de los must de la historia del cómic -una saga que abarca desde los años 30 del siglo XX hasta los 70- y desde que leí La cuadratura del círculo, de Álvaro Pombo, me interesan las historias de caballerías y cruzadas, de héroes y antihéroes de la Edad Media, aunque más que en epopeyas rimbombantes me fije en los dilemas morales asociados a ellas y, claro, en los usos y costumbres, especialmente amorosos y eróticos.

MAMÁ LEONOR Y LA CORTE DEL AMOR




















Y La historia del rey transparente de Rosa Montero, me aguijoneó la curiosidad en torno a este personaje -al que ella presenta absolutamente idealizado, nimbado de belleza y ambigüedad- sobre el que tantas veces hemos oído hablar de pasada sin saber en realidad -por lo menos yo hasta ahora- nada de él.
Nacido en Oxford, a orillas del Támesis, en 1157, tercer hijo del rey Enrique II y de Leonor de Aquitania, noble francesa que ha trascendido asociada al romanticismo, a la propagación de costumbres emancipadoras y placeres hedonistas -la suya fue la Corte del Amor, opuesta a la corriente oscurantista del momento, representada por el predicador belicoso Bernardo de Claraval; mujer inquieta, con una vasta historia que incluye romances y murmuraciones de todo tipo, rebeliones promovidas por ella, encarcelamientos sufridos por orden de su esposo y peregrinaje a avanzadísima edad por los Pirineos hasta su muerte en la célebre abadía de Fontevrault a los 82.


Con una madre con semejante currículo, ¡quién no toma partido por ella y repudia al padre que la increpa y la molesta!
(Freud aún no había hablado del complejo de Edipo, pero éste ya existía, si nos fijamos en todas las crónicas de la época, que sitúan esa relación en la órbita casi de infatuación de madre e hijo predilecto).
Y tomar partido por Mamá Leonor fue lo que él hizo sin dudar a los dieciséis, alma sensible y despiadada a un tiempo, que habría de regir, al doblar esa edad, los destinos de su país. Un destino que parece descuidó -llegó a decir que si encontrara comprador vendería Londres- embarcado como estaba en la Cruzada de la Cristiandad contra Saladino, rey de Siria, Egipto y Palestina -¿os suena?-, y con compañías tan memorables como la del emperador alemán Federico I Barbarroja, que murió ahogado en uno de estos tremebundos episodios.

Intentar desentrañar los misterios de su personalidad con el manojo de valores de hoy es labor imposible, porque ni a los dieciséis entonces se era adolescente, sino hombre hecho y derecho, ni tan siquiera haber acometido directa o indirectamente exterminio se puede medir con nuestra escala, aunque, claro, nos horrorice saber la cantidad de personas que cayeron batidas bajo el mando de este, dicen, aguerrido e intrépido caballero a cuyo carisma -parecen coincidir todos los cronistas, y no sólo los que realizan panegíricos, no había cristiano que se resistiera-.

GOZADOR Y LASCIVO POLIVALENTE

Fue un hombre con una regular educación, compuso poesía en francés y en occitano, también se decía que era muy atractivo, con cabello rojizo y rubio, ojos claros y complexión pálida. Aparentemente tenía una estatura mayor a la del promedio, pero dado que sus huesos se perdieron durante la Revolución Francesa, no se conoce su estatura exacta. Hacia el fin de su vida tuvo sobrepeso: así es descrito en la página Último reducto.

Pero miremos a su sexualidad. Si en la novela de Montero se decide a tirar los tejos nada menos que a Bernardo de Claraval y posteriormente se le atisba clamando amargamente al cielo para que perdone sus pecados contra-natura, es verdad que ya casi nadie niega -ni siquiera la Enciclopedia Británica- lo que parece es evidente, que Ricardo, como mínimo, profesaba conductas y actos amorosos en plural.
Sobre ello hay una interesantísima disquisición en el blog Berenguela de Navarra -que fue su esposa-, donde se llega a la conclusión de que fue menos pedófilo que su padre, bisexual, gozador y lascivo polivalente, lo que contrasta algo con la imagen angelical que a veces se ha propagado de él; claro que, en el extremo opuesto, también le han calificado de caníbal homosexual quienes aseguran que se comió la cabeza de un sarraceno hervida y aderezada con azafrán.

Entre su LISTA DE AMANTES conocidos o supuestos:


Sancho VII de Navarra, el Fuerte -que por cierto devastó Soria y Almazán, os podéis hacer una idea de cómo se las gastaba viendo esa ilustración suya al ataque-, pasa por ser uno de sus amantes iniciales. La cosa no tendría mayor trascendencia de no ser porque Sancho era hermano de Berenguela, esposa de Ricardo que, dicen, estuvo enamorada hasta las trancas de su guapo esposo, la pobre -aunque no está claro que éste no la correspondiera, al menos fugazmente y aunque no tuvieran descendencia, porque ella era también bella e inteligente; pero no sabemos de qué modo habría de ser esa supuesta correspondencia, ya que en el currículo negro de Lionheart figuran también, aparte de episodios de violencia antisemita, una serie de violaciones, suponemos que a mujeres-.

-Pero antes, en su primera juventud, en Francia -dónde si no- se habla de un príncipe gallardo, Philippe, que quizá le introdujo en las artes amatorias. Ah, la jeunesse!

-¡El sultán Seljuk Saladino!
Su rival.
Con lo que la historia tiene -o tendría, de ser verdad, bemoles-. Lo que sí parece cierto es que hubo intercambio de cariñosos regalos entre ambos, a raíz de una dolencia estomacal de Ricardo, quien correspondió al sultán de seductores ojos negros con el presente de una gata arrebatadora.

-En la III cruzada, cuentan en la página Historia conocida -donde se define a Richard como mal hijo, mal esposo, mal rey, pero galante y bravo soldado- se habla también de la compañía de un tal Humphrey, noble franco-sirio algo afeminado que fue muy cercano.


-Mucho se ha especulado también sobre hasta dónde llegó su entendimiento con el rey de Francia, Felipe Augusto, aunque según el completo estudio que leemos en el blog Berenguela de Navarra, no podemos atenernos a la literalidad de determinadas expresiones que se transcribieron; de ser así, también fueron amantes el padre de Ricardo y uno de sus hijos, claro que ¿a quién le extrañaría?

En 1199, Ricardo moría en Limousin a los cuarenta y dos años, diez después de haber sido herido en el hombro por una flecha envenenada durante un asedio.
Poco podría imaginar entonces que, muchos siglos después, se siguiera fabulando tanto sobre su ardor guerrero y amoroso como sobre su condición política y moral.

((Información biográfica e ilustraciones recogidas de distintas páginas, no sólo Wikipedia; Berenguela de Navarra, Vidas de fuego, Biografías y vidas, Enkidunmagazine, Bolsa de noticias, Ricardo Corazón de León, Reyes y Piratas, El caballero y la espada, Ciudad Tudela, Historia de Vascos y Vascones, El Mundo Magazine, creo que no me dejo ninguna, pero hay imágenes que no sé de quién son, como la que encabeza la entrada. Eso sí, los bonitos dibujos de Leonor de Aquitania son obra de Tom Tierney)).

viernes, 9 de mayo de 2008

UNA BALLENA EN EL SARDINERO


Mis abuelos paternos se conocieron en el tumulto subsiguiente a la aparición de una gran ballena en la playa del Sardinero de Santander.
Esto, que ocurrió en un año ya impreciso de finales del XIX, es un hecho real que a menudo ha disparado mi fantasía: cómo sería la primera aproximación entre los dos, de qué manera aprovecharían la anécdota del ballenato varado para trabar el acercamiento, cómo es que se verían luego -recordad que aunque no hubiera messenger ni sms ni cams ni móviles la gente se las apañaba para quedar y encontrarse-, y cómo se iría desdibujando o no la aventura de la ballena en su memoria, conforme transcurrieran los años.

Nunca pude preguntárselo, porque cuando nací ya hacía tiempo que los dos habían fallecido, y si en casa conocimos esta historia tan peculiar, siendo mi padre como era poco hablador, es gracias a una querida tía cantarina que narraba con desparpajo las historias familiares. Pero el caso es que, literalmente, yo debo mi presencia en este mundo a esa ballena remolona del Cantábrico, al cetáceo que desvió su ruta y encontró el fin de sus días en loor de multitudes, admirado en su último estertor por los bañistas del momento. Para él o ella fue el acabóse, para mí la génesis.

A estas alturas no hará falta que os diga que estoy totalmente a favor de las ballenas.



Y me indignan por supuesto las cacerías sanguinolentas de las últimas que nos van quedando, y me pregunto cómo se puede llevar a cabo algo así que yo considero un crimen contra la Humanidad, contra uno de los testigos más sabios del comienzo de todo, un animal sensato que seguro maneja mejores claves que nosotros sobre las incógnitas que nos desvelan desde el principio de los tiempos.
El otro día una amiga me contaba su viaje a Canadá, y cómo había tenido la oportunidad de ver a una de ellas, y la impresión tan viva que le causó, y yo aproveché, claro, para referirle mi anécdota de la ballena del Sardinero que cuento a todo el mundo, y recordé también la experiencia que tan bien transmitió Rosa Montero en su libro La loca de la casa, y que os transcribo a continuación:

Una de las experiencias más hermosas que jamás he vivido ocurrió en la Costa Oeste de Canadá, cerca de Victoria. Fue a principios de un mes de septiembre, hará más de diez años. Un par de alemanes, Pablo y yo nos subimos a una pequeña Zodiac con capacidad para seis personas y salimos al Pacífico a otear ballenas. Es una actividad turística que se ha hecho famosa en esas aguas, y al parecer últimamente el mar está tan atiborrado de gente que los cetáceos apenas si se arriman a la costa. Por entonces, sin embargo, estábamos solos. Navegamos durante cierto tiempo hasta colocarnos entre unos islotes; allí el encargado apagó el motor y nos quedamos quietos, mecidos como bebés por un mar manso. Era una mañana tibia y luminosa, los islotes brillaban de verdor en el horizonte y el silencio se posaba sobre nuestros hombros como un velo, magnificado por el lamido del agua contra la Zodiac o el pasajero chillido de una gaviota. Estuvimos así, sin movernos y sin decir palabra, durante más de quince interminables minutos. Y, de pronto, sin ningún aviso, sucedió. Un estampido aterrador agitó el mar a nuestro lado: era un chorro de agua, el chorro de una ballena, poderoso, enorme, espumeante, una tromba que nos empapó y que hizo hervir el Pacífico a nuestro alrededor. Y el ruido, ese sonido increíble, ese bramido primordial, una respiración oceánica, el aliento del mundo. Esa sensación fue la primera: ensordecedora, cegadora; e inmediatamente después emergió la ballena. Era una humpback, una corcovada, una de las más grandes; y empezó a salir a la superficie a nuestro mismo lado, apenas a dos metros de la borda, porque los cetáceos son seres curiosos y quieren investigar a los extraños. Y así, primero emergió el morro, que enseguida volvió a meter debajo del agua; y luego fue deslizándose todo lo demás, en una onda inmensa, en un colosal arco de carne sobre la superficie, carne y más carne, brillante y oscura, gomosa y al mismo tiempo pétrea, y en un momento determinado pasó el ojo, un ojo redondo e inteligente que se clavó en nosotros, una mirada intensa desde el abismo; y después de ese ojo conmovedor aún siguió pasando mucha ballena, un musculoso muro erizado de crustáceos y de barbudas algas, y al final, cuando ya estábamos sin aliento ante la enormidad del animal, alzó en todo lo alto la gigantesca cola y la hundió con elegante lentitud en vertical; y en todo este desplazamiento de su tremendo cuerpo no levantó ni la más pequeña ola, no produjo la menor salpicadura, no hizo ningún ruido más allá del suave siseo de su carne monumental acariciando el agua. Cuando desapareció, inmediatamente después de haberse sumergido, fue como si nunca hubiera estado.

Impresionante, ¿verdad?
No dejéis nunca de defender a las ballenas, por favor.

(Fotos recogidas de las páginas Vivecuador, Historia y arqueología marítima, Last dragon, la cueva del último dragón. Muchas gracias)


((En la barra de vídeo La Prohibida y su Amor eléctrico; esta noche Fangoria en el festival Forward en Madrid con un cartel de lujo: Underworld, Tiga, Ladytron,.. Seguro que Alaska y Nacho tocan el Flash de la Prohibi, que ahora versionan, tal como nos contaron los alienígenas del Planeta Murciano. Disfrutadlo quienes podáis ir. Muchos besos)).

domingo, 6 de enero de 2008

LOS REYES MAGOS QUE ME FALTABAN

((Lo he leído hace poco, en una revista, valga la redundancia, de tendencias: "Nunca digas esta tendencia no la llevaré". Incluidos los pañuelos palestinos, aunque se los ponga ya hasta Bisbal.
Y es lo que yo me puedo aplicar a día de hoy, en los Reyes Magos, porque mis regalos han sido básicamente ropa de tendencias que yo pensé nunca iba a llevar; y un bolso con calaveras, y -tras ardua busca- mi perfume de esta temporada, que será Tokio, de Kenzo. Aunque si queréis emociones fuertes os recomiendo Kouros, de Ives Saint Laurent, no sólo por su bello nombre sino porque es ideal para ligar a lo bestia: la esencia debe estar compuesta de feronoma de gato en edad de merecer. Me encanta)).


El otro día, ahora que estamos más o menos de balance, trajimos de vuelta al rey Josele Santiago, con su Luna nueva. Hoy completamos el trío de Reyes Magos Musicales, a quienes me confío para 2008, sin dudarlo un momento: los dos son viejos conocidos de esta página, Benjamin Biolay y Neil Young.
El primero ha conseguido su mayor éxito en España con Trash Ye Ye, que le ha traído por aquí en una mini gira, aunque la canción que os presento pertenece a su disco anterior, À l´origin. Por cierto, creo que la dama que susurra el on est tous passés par là es nada menos que Françoise Hardy.
El segundo nos ha puesto la piel de gallina una vez más con su nuevo CD, Chrome Dreams II, sin duda (de) lo mejor del año, como ya se señala en todas las listas especializadas, un disco imprescindible para que sigamos encontrando, en 2008, el camino. La canción que te presentamos va en un clip muy original, es la que cierra el disco y el Coro que acompaña a Neil es el de los Niños Cantores de New York.
Ojalá y que os gusten.





ROSA MONTERO EN NAVIDAD
Y como pensamos que debe haber también una reina maga, pues traemos aquí a Rosa Montero, estupenda e inconformista escritora madrileña, cuya última novela, La historia del rey transparente, me está acompañando en estas fiestas. Es un gozo, os lo aseguro. Y es que ella siempre nos ha tratado, a sus lectores, como a unos reyes.

MON AMOUR M´A BAISÉ / BENJAMIN BIOLAY / MON AMOUR M´A BAISÉ / (On est tous passés par là!)

Mon amour m’a baisé, mon cœur est brisé. Mon air triste, mon âme sœur. Mon amour a biaisé, sa robe est froissée, mon âme pleure, sa police. Ce fut un plaisir, plaisir d’offrir. Mais j’ai mal au ventre, et j’entends vos voix. J’étais pas de la trempe, je faisais pas le poids.

On est tous passés par là. (2)

Mon amour m’a blessé, mon cœur est percé. Quand bien même je m’en sors. Mon amour m’a heurté, mon heure a sonnée. La Lune est pleine, la mer morte. Ce fut un plaisir,
plaisir d’offrir.



Mais j’ai mal au ventre, et j’entends vos voix. Les chansons ça s’invente, mais la vie on peut pas. Mais j’ai mal au ventre, et j’entends vos voix. Mon passé me tourmente, de futur, j’en veux pas.

On est tous passés par là.
On est tous passés par là.
Mon amour m’a baisé,
On est tous passés par là.
Le masque est tombé,
On est tous passés par là.

THE WAY / NEIL YOUNG

The way, we know the way, we´ve seen the way, we´ll show the way to get you back home, to the peace where you belong..
((This road has never been closed, IT´S STILL BRAND NEW!!))