domingo, 21 de octubre de 2007

DORIAN EN HEINEKEN: BELLOS EN FONDO Y FORMA


Dorian en Heineken Madrid, el viernes pasado. Aunque me encantan desde que salieron, nunca les había visto en directo. Mucho mejor un concierto en estas salas de no mucho aforo que en un macroespacio. Me dio la impresión de recogida de cosecha, de la que han ido sembrando con ilusión y paciencia. Son bellos en el fondo y en la forma -tan importante es el continente como el contenido-.

Una canción comprometida de Dorian es, para mí, más valiosa y original y emocionante que toda la discografía de Sabina y de Ismael Serrano juntos, porque no renuncia al impulso estético y a la búsqueda, porque es acorde con su tiempo, y busca fórmulas que no sean viejas antes de nacer.
((Es como el cine social acomodaticio que se hace ahora en España -hablo en general, por supuesto que hay excepciones muy buenas, como, en mi opinión, Isabel Coixet-, películas que no aportan nada, sin el más mínimo deseo de innovar o transgredir, que ya sabes cómo son sin necesidad de ir a verlas, concebidas y rodadas de la manera más convencional que cabe imaginar: que hay paro ya lo sé, abro la ventana todos los días, pero ¿no debería una película que pretende ser progresista -que viene de progreso- preocuparse también de la forma en que realiza su denuncia, que su compromiso se ampliara a lo estético, que su guión no reprodujera los tics de las malas series de TV que se hacen ahora?))

Pero me desvío. Dorian comenzaron con lo que me pareció una versión instrumental de El futuro no es de nadie, que más tarde acometerían con brío. Voy a tener más problemas, La noche espiral -los monstruos de la televisión y sus verdades a medias...-, Tan lejos de ti, Dicen -¡qué buena!-, y la preciosísima Te echamos de menos, momento elegido por Marc -quien llevaba un conjunto muy en su línea, camiseta sin mangas, pantalón a juego con rayas psicodélicas- para bajar del estrado y mezclarse con su público -por cierto, a Belly, la chica que toca los teclados, se la vio muy contenta durante todo el concierto-.

Otros momentos brillantes llegaron con A cualquier otra parte y Al final de la escapada. Y 10.000 metrópolis no sé si fue en los bises o antes, y para mí y para mi chico el momento más emocionante llegó con Solar, la que quizá sea la mejor canción de su corto pero intenso repertorio, uno de esos milagros que a veces se producen, un rayo de belleza y de melancolía, una descarga colorista que condensa lo mejor de varias generaciones pop.
((Ah, los otros dos chicos, Jordi y Bart, muy bien plantados también, y guapetones. Las fotos las hice al principio, llegó un momento que guardé la máquina, porque últimamente me obsesiono con que salgan bien y así no hay quien disfrute de los conciertos. No pudimos ir al Low, donde pinchaba después Marc, aunque era nuestra intención y me hubiera gustado saludarles. Pero la noche nunca sabes lo que te depara: y a nosotros, poco después de salir de Heineken, nos deparó otra cosa. Besos)).