martes, 4 de septiembre de 2007

DEATH PROOF: REINETTE Y MIRABELLE SE VAN A AMÉRICA



Miqui Puig asegura ser fan antes que artista, y lo mismo podría decirse de Quentin Tarantino. Y para todo fan que se precie y haya tenido la suerte de vivirlo, aunque sea en su infancia, es un filón aquella década inconformista en que las sesiones de cine doble mezclaban con desparpajo el cine de autor con el cutrelux de género y el underground; los años en que aparecieron las discotecas, la fiebre de la noche y el sonido Munich, en que los primeros puestos de las listas los ocupaban grupos de rock psicodélico y melódicos con pantalones acampanados, media melena y camisa abierta; cuando todas las actrices y cantantes se vieron obligadas a desnudarse, lo exigiera el guión o no, nuestra Marisol se separaba de Carlos Goyanes confirmándonos que un cambio era al fin posible y supimos -como Alaska, leyendo el Diez Minutos- que se expandía desde Inglaterra un movimiento llamado punk , cuyos prosélitos escupían y llevaban el pelo en cresta: ¡¡los setenta, la década en que se quiso alcanzar todo!!

Death Proof no defrauda a quienes buscamos en Tarantino sobre todo esa faceta suya, que siempre, o por lo menos desde Pulp Fiction ha dejado ver -de manera más sentimental en Jackie Brown, una película a reivindicar-: ya sabéis que no sólo es un homenaje a los slayers o películas atroces y ultra-violentas, sino a las sesiones de cine doble de género: grindhouse, y que ha intentado reproducir, como Robert Rodríguez en Planet Terror, incluso en las características del visionado, con cortes bruscos o rayas en la pantalla.
La película es pues muy del gusto de fans y de fetichistas de toda índole, especialmente de aquellos a quienes les ponga el pie femenino y la disciplina inglesa, y requiere toda nuestra atención para que, al tiempo que no perdemos comba de los diálogos, captemos ciertos detalles de importancia, como la decoración en uno de los bares donde transcurre la acción, repleto de carteles en español de películas de los setenta, una de ellas de Rafael Romero Marchent, con un reparto compuesto por Charo López, Víctor Valverde y ¡Didi Sherman! -una actriz y cantante guapísima, que llegó de ¿Suecia?, se enrolló con Valerio Lazarov y apareció en sus programas zoom : yo fui uno de los compradores de su single Ahora te puedes marchar, versión de un clásico pop anglo, I only wanna be with you-.
Pero aparte de la imprevisibilidad del guión -algo que bien llevado es siempre una gozada- y de la fuerza obscena de las imágenes -inenarrable la escena del juego del mástil en el capó del coche-, están las chicas Tarantino, un prototipo rompedor, y la amenidad de sus diálogos que, en esta ocasión, rozan una suerte de perfección endemoniada que genera una lógica que nutre de sentido a su cine, consiguiendo que su estética no se quede ni en mera nostalgia ni en apoteosis gore.
Aunque como los extremos se tocan, a mí estos diálogos me han recordado a los de Eric Rohmer -ya octogenario, supuestamente en las antípodas del tarantinismo, y que estos días estrena también película en España-, especialmente a los de su film Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle, excentricidad suma que el maestro francés se permitió, una de cuyas principales y larguísimas escenas consistía en una discusión de las chicas -una de ciudad, otra de pueblo- con un camarero a causa de que en el bar no disponían de cambio, y en otra de ellas no recuerdo si Reinette o Mirabelle entablaba una discusión moral con una mendiga de estación al descubrir su pequeño fraude, ya que el dinero que imploraba no era para coger el tren como decía.
Y quizá esa sea la señal última de la modernidad de Tarantino, la prueba de su distinción y de que la mezcla indiscriminada de géneros que preconiza aúna lo comercial con lo intelectual al hacer compatible el slasher y el cine de efectos, la estética de videoclip y el cine freak a lo Kevin Smith con la nouvelle vague francesa y europea: algo parecido a lo que han hecho otros creadores, cada uno a su estilo, como Almodóvar o Cronenberg, reflejando que de la sobreinformación a que estamos expuestos y de la fragmentación de las realidades universales ya no puede esperarse un arte compacto que exponga verdades incuestionables ni refleje credos o tendencias cerradas, sino sólo un puzzle inverosímil y laberíntico -Lynch- que por su misma incertidumbre no hace sino aumentar nuestra fascinación.

lunes, 3 de septiembre de 2007

INTERLUDIO SEPTEMBRINO


Enseguida volvemos. You´ll only have to wait for some hours. Je sais que vous êtes au bord de vous impatienter, mais maintenant on est a la rentrée, on doit travailler..

PRONTO EN KORADOR:
La reseña de Death Proof: vuelve el tarantinismo ilustrado, más fan fatal que nunca.
Fiesta Flor de Pasión de Radio 3 en Siroco: se reanuda la temporada musiquera.
La Corte de Faraón, en el Teatro Circo de Alba-City: ¡viva la zarzuela!
Frank Borzage acampaba en Brokeback Mountain: una mirada a nuestra película favorita de los últimos tiempos.
Los amados protagonistas de Six Feet Under, desde nuestro prisma.

Besos a todo el mundo, sobre todo a quienes os incorporáis estos días al lavoro.

jueves, 30 de agosto de 2007

ESTRELLA MORENTE SÓLO LLENÓ MEDIA LUNA


El martes por la noche fui con mi madre y hermana a la Plaza de Toros de Albacity, a la que hacía siglos que no acudía, a presenciar un concierto de Estrella Morente . La última vez que fuimos los tres en comandita a una actuación fue en la Caseta de los Jardinillos, casi al lado de la plaza, donde vimos y escuchamos un recital vibrante de Carlos Cano, aproximadamente un año y medio antes de su muerte: el entrañable artista granaíno siempre fue muy solicitado en la ciudad, por lo menos vino seis o siete veces a la Feria de septiembre, pero mi madre era la primera vez que lo veía, y para nuestra total sorpresa no paró de soltarle, arrebatada, piropos a lo largo de toda la gala, exclamaciones que él escuchaba perfectamente -porque estábamos muy cerca del escenario-, una de los cuales fue el requiebro más bonito que yo nunca haya oído decir, por parte de una admiradora, a un cantante: "¡¡Contigo sale el sol!!".
Así supimos de sopetón que nuestra madre, normalmente reservada en este tipo de cuestiones, no sólo gustaba de la voz de Carlos Cano y de sus cantares, sino de su planta y su actitud entera, y es que ciertamente él lo merecía. Al término del concierto, y aunque el paso al camerino estaba bien resguardado, el propio cantante dio aviso para que nos dejaran pasar, y mi madre tuvo así la ocasión de felicitarle personalmente.

La noche del martes era perfecta para un concierto de las características del que vimos: la luna, totalmente llena; la brisa, suave y acariciadora. Artísticamente, sin embargo, nos dio la impresión de que la luna menguó de llena a media, sugirió pero no colmó expectativas. Es verdad que ninguno de los tres somos verdaderos seguidores de esta artista también granaína, hija de notables cantaor y bailaora, porque no la habíamos oído demasiado, aunque yo tenía una muy buena intuición, guiada quizá por su físico imponente, que en cierta medida me recuerda al de Rocío Jurado -aunque Rocío permanece a todos los niveles, y nos vamos dando cuenta cada vez más, como una figura de versatilidad irrepetible, un auténtico milagro de la escena y el espectáculo-.
El recital nos supo, pues, a poco -aunque el gusto por estar juntos los tres en una noche así ya era más que suficiente-, nos dejó a medio gas en todos los sentidos, también por su escasa duración, y porque dio la impresión de que ella no se empleó a fondo -hubiera bastado un gesto de su parte para que el público se volcara, pero ese gesto no llegó-. A mí lo que más me gustó fue su belleza, su finura y su elegancia, que las tiene y a raudales. Con respecto al estilo, me dio la impresión de que todavía no lo tiene definido, o de que no llega con soltura a ninguno de los palos -flamenco, tango,..- que aborda.
Yo no soy un experto ni un máximo entendido, a lo mejor me estoy equivocando porque ella es muy ensalzada allá donde va, pero opino sobre esto -con el máximo respeto- porque llevo escuchando flamenco y copla y canción ligera -que era como se decía antes- desde que nací, y veo a Estrella Morente identificada con esta generación de nuevos flamencos que a mí y a mucha gente no nos dicen nada. Y es que pareciera que el supuesto mestizaje parapeta en general una falta de preparación suficiente y de talento, o una incapacidad de abordar y de enriquecer realmente el género, como sí hizo el maestro Camarón: no, no me gusta el flamenquito, y no es porque piense que haya que guardar las esencias de nada, pero observo que en el camino que va de Paquera de Jerez a Niña Pastori se ha perdido el alma, el criterio, la autenticidad y el buen gusto.
Y aún así pienso que en este panorama Estrella Morente tiene bastantes posibilidades, puede mejorar mucho si encuentra el repertorio adecuado -que no lo tiene-, si consigue dar con un estilo que me temo no pasa mucho por el flamenco clásico -la tesitura de su voz no es la más idónea, me parece-, y si logra hacer acopio de un mayor caudal de emoción para transmitir al público -en definitiva, si evoluciona como artista y no se confía con los cantos de sirena que debe estar escuchando a todas horas-. El resto, que es muy importante -presencia, fotogenia, cultura, elegancia, relaciones, saber estar- ya está en su haber.

martes, 28 de agosto de 2007

JOSELE SANTIAGO, TODO UN HOMBRE




Llevo unos días escuchando el último disco de Josele Santiago, Garabatos, que no me había comprado hasta ahora.
Hace tres años su primera obra en solitario -Las golondrinas, etcétera- me arrebató de tal manera que fui a verle a cuatro conciertos casi seguidos, tres en Madrid -en el mítico Johnny, un colegio mayor de la Complutense, en el Centro Cultural de la Villa y en la explanada del Reina Sofía- y uno en Albacity -en la Feria, con un sonido pésimo-. Josele en aquellos días estaba espléndido -y lo supe desde que lo vi en los conciertos de Radio 3 en la 2 comenzar a entonar, guitarra en mano, Con las manos vacías, la versión que hace de un temazo de Chavela Vargas: un tiarrón como él gritando dolido nada más empezar que el amor es mentira, jugándose todo a una carta, exponiéndose desnudo, de esa manera, ante su audiencia, vulnerable, vivido y expectante, con tantas cosas que ofrecer, todas ellas en su punto justo. Yo, que nunca he sido de Los Enemigos -no por nada, simplemente no es mi estilo, ya sabéis que me tira más, en general, el pop y el tecno- me enamoré de Josele ipso facto, porque me pareció que ese hombre que iba desgranando un repertorio ciertamente notable, de cuya calidad creo que ni él mismo era en ese momento consciente -el disco tiene cuatro patas vigorosas que lo sostienen: Ole papa, Mi prima y sus pinceles, Tragón y Con las manos vacías, pero hay otros temas en apariencia menores que van creciendo hasta asemejarse a sus hermanos mayores: Serrín, Cuatro días, Feliz big bang, Mierda de mago, Rompes mi canción, que era enorme en directo- se encontraba en un momento irrepetible de su vida, hacía acopio de todo lo aprendido pero no para rentabilizarlo desde el sofá de casa con el mando a distancia -que es lo que se suele hacer en el friso de los cuarenta- sino para tomar impulso y acometer un salto totalmente nuevo e incierto.
Daba gloria ver a Josele lleno de vigor, consciente de sus limitaciones pero sacando el máximo partido de la vida, de sus amigos -qué bien supo además rodearse, también en su segundo disco: Pablo Novoa, Nacho Mastretta y más músicos excelentes-, fumando y dejando de fumar, fichando otra vez en nuestra Malasaña imaginaria y siempre mutada, con sus mismos principios, con más ironía y autoparodia, compaginando lo individual y lo compartido: a ese Josele yo nunca lo cambiaría por dos de veinte, sería como rechazar a Corto Maltés para irte con Zipi y Zape, y yo a estas alturas sé valorar lo que vale un hombre de verdad, a los pocos que hemos ido encontrando desde que Alaska comenzara a buscarlos en los ochenta, un hombre que tiene prestancia y templanza, cuya virilidad consiste en saber estar y proceder en cada momento y situación, que es educado y caballeroso y que nunca te va a dar la espalda sin un motivo suficiente, el tipo de persona a la que nos arrimaríamos si prendiera un incendio o hubiera que desalojar precipitadamente una montaña rusa en el parque de atracciones, o el pretendiente al que concederíamos gustosos la mano de nuestra hija si estuviéramos en la edad media y siguieran en boga esas costumbres.

El disco y la gira fueron, pues, emocionantes, y permanecerán en mi memoria musical y mitómana para siempre -en mitad de todo ese proceso me topé con Josele un día al lado de mi curro, en la plaza de Benavente, y le abordé aturullado, yo iba con un bocadillo a medio comer, tuvo que pensar que era un freak absoluto y mañanero, le dije que le había ido a ver varias veces, que me encantaba,.. estuvo muy correcto, por supuesto, en su línea- , pero por esas cosas que suceden no ha sido hasta ahora que me he hecho con el Garabatos, que salió el año pasado, ni he ido a verlo en esta gira -estoy deseando pillar algún concierto, espero que repita pronto en Madrid-. Lo he escuchado cuatro o cinco veces entero, sin pausa, y la sensación que me está transmitiendo es muy buena, Josele se afianza como juglar hispano con un repertorio absolutamente lírico, menos roquero que el anterior pero muy sugerente: los textos son extraordinarios, me sigo viendo reflejado en su particular mirador -quizá es porque somos, año arriba o abajo, de la misma generación y espíritu, y en ese sentido me llegan particularmente canciones como la hermosa Luna nueva-, y en las sorpresas que nos depara como la versión del Buonanotte Fiorellino de Francesco di Gregori que también hiciera Miguel Bosé en 1980. En fin, que de su estampa siguen saliendo por lo menos dos o tres nubes que me encantan, y que me dejo llevar donde haya que llegar, faltaría más. Enhorabuena, Josele.

((Ayer en noche de gala visionamos el último capítulo de Six feet under mi hermana, mi madre, JA y yo. Todo fue muy ceremonioso, incluso apagamos las luces del salón, dejando encendida la del pasillo para evitar que la lámpara se reflejara en la pantalla. A mí me encantó el desenlace. Ya volveremos a ello: un beso muy fuerte, y en la videoteca, cómo no, Josele Santiago y su himno a nuestros amigos politoxicómanos: Tragón)).

viernes, 24 de agosto de 2007

¡TWO DAYS UNDER!...




Se aproxima la noche -fijada en principio para el 26 de agosto, fecha hermosa para nosotros- en que, a modo de gran gala, en la casa familiar de Albacity veremos el último capítulo de la última temporada de Six feet under, A dos metros bajo tierra. Será una ocasión ciertamente especial, porque llevamos embarcados en la serie varios años, desde que la 2 empezó a emitirla -luego la seguimos viendo en Fox, y finalmente ante el escaso interés de ambas cadenas en programarla en condiciones razonables (¡la 2 ni siquiera la emite en VO con subtítulos, y eso que pasa por ser una TV cultural!), comenzamos a comprar los paquetes de las siguientes temporadas-, y ha sido un seguimiento de veras apasionado; ya he comentado alguna vez que a mí es la serie que más me ha fascinado desde Pippi Calzaslargas, y ya había llovido un rato desde entonces.
Volveremos a ella durante estos días, porque sé que en Korador tiene predicamento, y habrá que pensar bien cómo hacerlo para no herir sensibilidades de quienes no la hayáis terminado de ver. Únicamente os advertimos de que al final nadie va a comer perdices, pero qué os voy a contar, ya sabéis que esta casa de la pradera de la posmodernidad nunca ha sido de hacer concesiones. Y lo mejor de todo, aparte de haber disfrutado de esta maravilla de ficción durante estos años, y de haber conocido a un estupendo grupo de actores y actrices, es que gracias a ella hemos recuperado, y de qué manera, la fe en la cultura audiovisual norteamericana, en el talento y sensibilidad de sus artistas, que ahora parece se vuelca más en la televisión que en el cine, por lo menos en cuanto a las historias para adultos se refiere. En fin, una gozada que además nos ha proporcionado un buen número de conversaciones con familiares y amigas.

((Con cuatro meses ya en cartel en Madrid, fui a ver La Môme, la película que reconstruye la vida de Edith Piaf, y me gustó sólo a ratos, me conmovió mucho la alucinación que ella tiene cuando su amor ha muerto, pero en conjunto la vi acartonada y excesivamente melodramática; eso sí, el trabajo de Marion Cotillard en el papel protagonista es muy bueno.
Y en casa revisé Kika, una de mis películas favoritas de Almodóvar, algunos de cuyos diálogos -entre Rossy de Palma y Verónica Forqué- me aprendí de memoria en su momento, así como la entrevista que hace Francisca Caballero, madre de Pedro, a Peter Coyote como conductora de un programa literario. Me volvió a gustar muchísimo, creo que de todas sus pelis es la más cómic, me parece que el cine de Almodóvar gana al verlo sin la presión del momento, porque parece que le exigimos todo en cada película que haga, y a pesar del linchamiento en toda regla al que entonces le sometió la prensa española, conservo todavía las portadas y los números que a Kika dedicaron las dos revistas de cine más prestigiosas de Europa, Cahiers du Cinema y Sight and Sound, repletas de elogios -¡los británicos, que no suelen mirar más allá del mundo anglo, le llamaban maestro, mientras El País emprendía una campaña desaforada y sañuda en su contra, con artículos de opinión incluidos!-.))

En la videoteca os dejo un clip estupendo de El Cuarteto de Nos, un grupo uruguayo muy experimentado -se formaron en el 80- que vimos el año pasado en Madrid y que nos encanta. Son frescos, inteligentes, divertidos, originales, potentes. La canción la habréis oído muchos: Yendo a la casa de Damián, cuya letra -no tiene desperdicio, puro spanglish- os dejamos también. Un beso fuerte.

Yendo a la casa de Damián / El Cuarteto de Nos

Yendo un weekend a lo de Damián
tenía urgencia de hablar con el man
caminé porque pinché mi van
vi a una mina de la que soy fan
una que sale por el canal Sony
en una serie que está con un pony
y en mi casa del barrio Marconi
siempre la veo tomándome un Johnie

La saludé pero me echó flee
porque el programa era en MTV
hacía un spot de care free
y un jingle de los jeans lee
le dije que a mí me gusta el rock
pero quedó en estado de shock
cuando escribí en una hoja de block
que era más fea que el señor Spok

Y sé que se rellena el sutién
con corned beef y chow mien
y a pesar de que usa Channel
toma un cocktail con nafta de shell
el security se puso heavy
era malo pero usaba levis
y me estrelló desde la limousine
en el ojo un vaso con gin

Ah, ah, ah, ah, yendo a la casa de Damián
Ah, ah, ah, ah, camino por el Boulevard
Ah, ah, ah, ah, yendo a la casa de Damián
No se si es que ya no veo o que ya no entiendo
Porque me cuesta tanto llegar

Cruzando la calle quedé de flash
cuando vi 2 niñas fumando hash
escuchaban trash y The Clash
jugaban a quien tomaba más splash
y como una vez en un vernisage
me dió un ataque de surmenage
cuando dijeron por 10 pesos cash
haciamos juntos los tres un menage.

De los nervios me vino un tic
en el fondo siempre fui un freak
les di fuego con el yesquero bic
pero me pareciò poco chic
que transaran por una crush
con un nerd de medias de plush
que les pintó los labios con rouge
y yo le escupí su t-shirt de Bush

Con mi gargajo en la cara de George
se subió con las chicas a un Porsche
se pensaba que era un tipo VIP
masticando una papa chip
empezó a hacer un strip
y cuando quedaba solo en slip
me clavó en el ojo un clip
y me dijo en tu tumba va a decir RIP

Ah, ah, ah, ah, yendo a la casa de Damián
Ah, ah, ah, ah, camino por el Boulevard
Ah, ah, ah, ah, yendo a la casa de Damián
No se si es que ya no veo o que ya no entiendo
Porque me cuesta tanto llegar

Era Happy hour en el cabaret
era fashion y tenía moquete
como un pub, cool y con pool
el dueño es hincha de Liverpool
y después de un breve impasse
entré a ver el show con free pass
de un master que tocaba Jazz
a pesar de tener un by pass

Me entró a hablar uno medio gay
yo ponía stop y el ponia play
le gustaba el big mac y tupac
vendía crack y tomaba Prozac
y gritó escupiendo un snack
el master hace play back
lo destriparon como hacía Jack
sin poder terminar su cognac

Pero cayeron desde un Pent-house
en mi ojo un teclado y un mousse
ciego y perdido por el stress
peor que un secuestro express
yo que en ingles solo se decir “yes”
pensé en el libro de Heman Hess
grita soy un looser como un boy scout
Y de la vida me declaré out

Ah, ah, ah, ah, yendo a la casa de Damián
Ah, ah, ah, ah, camino por el Boulevard
Ah, ah, ah, ah, yendo a la casa de Damián
No se si es que ya no veo o que ya no entiendo
Porque me cuesta tanto llegar

lunes, 20 de agosto de 2007

LEONORA CARRINGTON, DE LA BIBLIOTECA ANGELA CARTER




En los comienzos de nuestra relación JA, al conocer mi apego a la literatura escrita por mujeres, comenzó a regalarme libros o antologías de escritoras, casi todas poco conocidas. Hubo uno en concreto -Niñas malas y mujeres perversas, recopilación de cuentos a cargo de Angela Carter- que se convirtió enseguida en un manual de consulta y en la fuente de descubrimiento de artistas singulares de todos los continentes, clásicas o contemporáneas. Así, a esa colección que poco a poco íbamos conformando con mimo JA la llamó Biblioteca Angela Carter, en homenaje a esta escritora británica totalmente reconocida y admirada en su país -murió en el 92 con sólo 51 años, de cáncer-, una mujer extraordinaria que combinó el periodismo de interpretación con la literatura y el ensayo: en su obra hay futurismo y ciencia ficción, investigación y ruptura, feminismo radical de corte outsider, análisis minucioso de la realidad y fantasía desbordada, erotismo y pornografía deconstruida, horror y ternura. Noches en el circo o La pasión de la nueva Eva -novelas-, La cámara sangrienta -relatos- o La mujer sadiana -ensayo- son algunas de las obras que Angela nos legó y que en España han tenido ediciones de lujo, normalmente en Minotauro o en Edhasa.

Y quizá la adquisición más preciada de la biblioteca Angela Carter fue la también inglesa -escritoras británicas excéntricas las hay a puñados, y suelen ser muy buenas- Leonora Carrington, nacida en South Lancashire en 1917, que actualmente y desde hace mucho tiempo reside en México, aunque hace unos años se mudara temporalmente a Chicago, o al menos eso leí en un periódico.
Conocida quizá más por su pintura que por su literatura, Leonora cabalga a todo trote por el siglo XX y sus convulsiones, que podemos decir se inyecta en vena. Procedente de un medio social privilegiado, estaba llamada a desclasarse enseguida y fugarse del hogar familiar con diecisiete años y en buena compañía, la de Max Ernst, con quien se instala en la ciudad de los amantes -París- que entonces conocía la efervescencia del surrealismo. Al huir de la ocupación nazi recala en España, lugar nada recomendable en aquella época atroz, y es recluida en el hospital psiquiátrico de Santander, en circunstancias que no han quedado claras; de su larga estancia allí quedó un testimonio sobrecogedor, Memorias de abajo, escrito -y dibujado, porque hay croquis y retratos- por ella misma, desde ese lugar recóndito que se sitúa entre la cordura y la alucinación, pero siempre con lucidez cegadora. Muy posterior es su relato largo La puerta de piedra o los distintos cuentos que aquí se publicaron, también en una edición exquisita, en Siruela con el nombre genérico de El séptimo caballo, donde ya da rienda suelta a su imaginería intransferible, inserta en una lógica distinta a la común -la de su obra pictórica, parte de la cual vimos hace poco en el Círculo de Bellas Artes- poblada por hienas que se presentan en las fiestas sociales para chafarlas, criaturas indefinidas que hacen valer sus derechos en historias invertidas, jabalíes rumbosos y arquitecturas sofisticadas que enmarcan su universo personal donde también se desarrollan con soltura los amores diferentes -El pequeño Francis, otro de sus largos relatos-.

Me he acordado a menudo de un propósito que teníamos JA y yo y que al final no pudimos realizar de ir a entrevistar a Leonora, allá donde morara -México o Chicago, la información era confusa- antes de que se nos muriera, y quién sabe si todavía nos propusiéramos realizar ese sueño, aunque no sé cómo estará ella ahora -quizá como la protagonista de un cuento de Clarice Lispector que recuerdo a menudo con mi hermana, una vieja dedicada las veinticuatro horas del día a ser vieja y sin otra ocupación que esa que le absorbe sus días por completo-. Pero sinceramente no lo creo, estoy convencido de que su mundo de hoy sigue siendo si cabe más personal y rutilante que en los días en que la descubrimos y pasó a engalanar, con todos los honores y en una ciudad del mismo país que la internó en un manicomio, la Biblioteca Angela Carter, que es en realidad un castillo de naipes edificado para indagar en el sentido de la vida, para aprehender fugaz y femeninamente sus encantos.
-En las fotos aparece Leonora en dos etapas de su vida, y arriba uno de sus característicos cuadros-.

((Estamos en Madrid, se está bien porque hace fresco por la noche y no demasiado calor, vamos al estanque del Retiro a tomar el sol y yo me quedo leyendo Anna Karenina, tumbado en el césped, mientras José Ángel pasea abajo y arriba con la bici. Fuimos el otro día a ver Tideland, de Terry Gilliam y no nos gustó, aunque Jeff Bridges está inmenso, como acostumbra. Y alquilamos Brokeback Mountain, que yo ya había visto en un cine-forum conducido por Álvaro Pombo, y a JA le ha conmocionado -qué os voy a decir de la película que no sepáis ya, para nosotros -y muchas veces no coincidimos en cine, pero aquí sí- es la más bella historia de amor filmada, sólo comparable con el Breve encuentro de David Lean. Y hablando de conmociones, sólo me queda un capítulo para terminar la última temporada de la serie A dos metros bajo tierra, que reservo para ver en Albacity con mi hermana: estoy, como aquel que dice, al borde de un ataque de serbios.))

viernes, 17 de agosto de 2007

GONZALO CANALE VS AGOSTO



El calendario Dieux du Stade del equipo de rugby Stade Français Paris es otra manera de percibir que cada etapa del año tiene sus encantos y sus peculiaridades, que hay que descubrir o por lo menos admirar. Ya compartimos, al comenzar la andadura del blog el gusto por Geoffroy Messina, y durante este tiempo ha habido otros jugadores colosales, cada uno en su estilo. Lo que sucede es que, como hay tres posters por mes, pues nos vemos en la obligación de hacer un casting mental estresante: ¿cómo distribuimos a estos chicos, proporcionalmente, cada uno diez días, o en función de la impresión que nos produzca su imagen, o sus imágenes si vemos el DVD -que os recomiendo encarecidamente-; si nos gusta uno muchísimo lo plantamos todo el mes y dejamos a los otros dos fuera o... si ponemos a los dos principales no se nos helará el corazón al pensar en la ilusión que puso el otro jugador en la sesión de fotos para luego ser descartado sin miramientos y no presidir ni un día la pared de nuestro dormitorio?
En fin, that´s the way it goes, pero lo peor de este calendario y de los demás, sobre todo si son eróticos -yo he tenido de bomberos, de jugadores de voleibol de Almoradí, el histórico de Raoul Bova en el año 2000...pero desde que descubrí los Dieux ya no lo cambio por ninguno- es cuando llega el mes de agosto, porque como es cuando solemos irnos de vacaciones, al volver nos percatamos con pavor de que se han pasado los días que estaban fijados para algún radiante deportista que ya no podremos mirar: habrá que ir empezando a pensar en empaquetar a los dioses del estadio con nosotros, vayamos a playa o ciudad, simposios internacionales o acampadas rurales.

Y es que Gonzalo Canale, dieux de los quince primeros días de agosto, lo merece. Este jugador, que goza de gran prestigio, nació en la Córdoba argentina en noviembre del 82, está afincado en Italia -en cuya selección nacional juega-, y fichado en la actualidad por el club francés de Clermont Auvergne -en el calendario tambíén aparecen invitados, que no son del Stade Français-. Es un mozo de aspecto extremadamente simpático y agradable, con unos ojos que chisporrotean alegres y curiosos, y un poco tímidos. Mide 1,81 m y pesa 95 kilos, aunque el peso, como siempre, oscila, pero ése es el dato más actualizado que he encontrado, y se parece un poco al cómico Ben Stiller pero en guapo -aunque he de confesar que a mí Stiller me gusta un poco-.
Yo ya le tenía medio fichado desde que lo vi -en el DVD del making-of del calendario- desnudarse y comer espagueti con otro jugador, Guillaume Bousses -nunca pensé que comer un plato de pasta pudiera llegar a ser tan sexy-, pero ahora ha llegado el momento de elevarle a la categoría de héroe del estío, tras ver su propio vídeo con detenimiento, sobre todo cuando se sienta en la silla con la pelota de rugby, momentos después de haberse acariciado el pecho como si se estuviera duchando, los ojos semicerrados en trance. Sólo podemos decir lo que dicen los técnicos en el DVD: ¡amazing!
Como se fue su turno sin que le sacáramos partido, le compensamos con esta entrada en la que damos testimonio de su gallardía y afabilidad y fotogenia, y si os gusta buscadlo en la web, tiene una página propia en la que escribe su diario y cuelga, entre otras cosas, fotos de sus vacaciones en Formentera. Desde aquí le deseamos, cómo no, toda suerte de éxitos deportivos y personales, y le agradecemos su sesión de fotos y de vídeo, que ya ocupa un lugar en nuestra memoria del verano.

Y nos despedimos con la sección más kitsch de la página, el top Korador donde se reflejan las localidades más adictas a esta bitácora, según los datos estadísticos a mi alcance. A la izquierda colocamos la situación que se ocupaba en el mes anterior, y a la derecha el número de meses en lista.

1 1.- Madrid (2)
- 2.- Berlín (1)
- 3.- Málaga (1)
5 4.- Valencia (2)
- 5.- Las Palmas de Gran Canaria (1)
- 6.- Lima (1)

Aprovecho la ocasión de que esté Lima en la lista para enviar un abrazo enorme a todas las peruanas y peruanos que lean esta entrada, con nuestra solidaridad y cariño por la tremenda tragedia sufrida. Besos a todo el mundo.