En Febrero 2011 Luz Casal reapareció en concierto tras meses de silencio debidos al segundo episodio de un cáncer de mama. Había mucha expectación por volver a verla y el recinto elegido fue el Madrid Arena, un mega-pabellón inhóspito ubicado en la Casa de Campo, que se llenó a rebosar.
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| Relativity, de M.C. Escher |
Aquella experiencia fue la peor que nunca he tenido en lo que se refiere a organización de un concierto. La estructura de aquel edificio, que parece ideado por Escher, ya es de por sí descorazonadora. Pero el caso es que llegamos con tiempo de antelación -a pesar de que no es fácil encontrar el sitio por la noche y a la abierta intemperie- y pasamos alrededor de media hora intentando que alguien nos explicara dónde demonios se hallaban nuestros asientos -butacas es mucho decir, eran una especie de gradas-, puesto que había múltiples puertas, laterales y subdivisiones; y cuando por fin se divisaba a lo lejos a alguien de la organización -un chico o chica jovencísimos y desbordados por la situación- se hacía evidente que haría falta mucha paciencia hasta poder llegar hasta ellos.
Cuando al fin uno de estos querubines nos indicó nuestros lugares correspondientes, que se avistaban a lo lejos -antes hubo otras intentonas, equívocos, vueltas atrás- mi novio prefirió quedarse donde estaba, detrás de una especie de valla, por miedo a que se produjera algún episodio de semi-avalancha en el camino -no os estoy exagerando-. Yo por entonces ya estaba indignado y opté por intentar encaminarme a los sitios que nos habían asignado. El espectáculo de alrededor era tremendo: montones de personas de edad -tened en cuenta que era un concierto benéfico, y al público habitual de Luz se sumaron socios de la lucha contra el cáncer- apiñadas, atrapadas en pasillos o abriéndose paso a gritos... yo nunca había visto nada igual.

Momentos antes de que empezara el recital a una señora entrada en años le dio un ataque de histeria y comenzó a chillar enloquecida que le condujeran a su asiento... en ese clima y con mucha gente sin colocar apareció de repente Luz, que suele ser muy puntual, allá al fondo, en escena... un atronador abucheo del público fue la respuesta, durante unos minutos... no sé lo que la cantante pensaría, pero tras saludar con cara de sorpresa, empezó a cantar, con lo que la protesta se sofocó enseguida...
Leyendo ahora una
crónica de entonces, parece ser que se llegó a pensar en la parte
vip del concierto que el abucheo iba dirigido al Príncipe Felipe y a Letizia, que acababan de llegar... nada más lejos de la realidad, al público de este concierto
amable jamás se le hubiera ocurrido semejante cosa... el caso es que me extrañó muchísimo que en las reseñas de prensa del día siguiente no se hiciera referencia a este estropicio organizativo, en el que hubo, según leo ahora, venta de entradas sin sector, entradas duplicadas, con la consecuencia de que mucha gente se quedó sentada en escaleras...
Pocos trabajadores y mal pagados
Era evidente, además, que los chicos y chicas que trabajaban de azafatos eran insuficientes en número y estaban desbordados por la situación... a saber la mierda que le pagaron a los pobres... Al parecer, el Madrid Arena está gestionado por una empresa municipal -ya tiene narices que haya
empresas municipales- que alquila el pabellón a otras empresas para la organización de eventos en los que, seguro, los currantes de turno no rozan ni de lejos las condiciones establecidas en el Estatuto de los Trabajadores.
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| Fotos de Efe |
La noche de Halloween en Madrid ha sido una pesadilla, con tres chicas muertas y otras dos graves por aplastamiento durante una fiesta electrónica que ha tenido lugar en Madrid Arena.
La empresa municipal que alquila a otra empresa el mega-pabellón ha salido enseguida a decir que se cumplieron todos los requisitos legales, de número de entradas y de seguridad. Yo no me creo nada. La empresa que organizó la fiesta aún no ha dicho esta boca es mía. La alcaldesa ha aseverado que es un día de duelo para los madrileños y que hay que acompañar a las familias, pero ni una palabra se sabe sobre su voluntad de que se esclarezcan los hechos.

Ante este apresuramiento por consagrar como desgraciado accidente lo que tiene trazas de poder haber sido más bien producto de una negligente y pésima gestión que podría haber ocasionado una catástrofe de una envergadura inimaginable, espero que los ciudadanos EXIJAMOS que se investigue a fondo todo lo concerniente a la organización de este trágico evento. Hay decenas de chicos y chicas que ya están ofreciendo determinados datos: un pabellón atestado hasta muchísimo más de lo razonable; entrada indiscriminada -previo pago, claro- de todo el mundo, menores incluidos, sin previo registro de bolsos o mochilas; salidas de acceso blindadas a excepción de una; insuficiente personal sanitario y de emergencia; descompensación total entre público instalado en las gradas y en la pista...
Claro que uno no sabe lo que es peor, que se lleve a cabo o no la investigación. Porque todo pudiera ser que se descargara la responsabilidad sobre uno o varios cabezas de turco que a lo mejor sean simplemente los que dan la cara... porque no me cabe duda de que este nefasto entramado responde no sólo a una mala gestión sino a una cuestión de filosofía política y llega hasta lo más alto de la responsabilidad municipal, porque es consecuencia de un modelo desalmado de entender lo que es la atención a la ciudadanía y la gestión del bien común y de los servicios públicos.