
Como han venido invitados, nos hemos mudado a la habitación de la cama pequeña.

(CHICA ROHMER)
Son siete franceses, vienen de París, guapos y guapísimas, una de ellas procede de Casablanca. Salimos a cenar a La Latina, donde nos reunimos con un cupo extra de amigos franceses -suyos, como los demás- entre ellos Sandrine, que desde el primer momento me pareció genuina y encantadoramente rohmeriana -si nosotros tenemos la chica almodovariana, que es ya un prototipo universal, en Francia está la chica Rohmer: yo las capto enseguida, esta mañana otra de sus amigas también distinguí que lo era, y mucho -Nadia, aunque no sea francesa ni conozca al veterano director-: algo habrá en el gesto, en la desenvoltura, en la conversación y en el tipo de dilema moral que con frecuencia afrontan y en la forma de resolverlo, y también en las disquisiciones sobre las ciudades. Sandrine se adapta bien a Madrid, pero dice Paris me manque, la France me manque como sólo puede decirlo una chica de su delicada especie, que campa en sociedad en avanzado estado de evolución.

(CHICA ALMODÓVAR)
Pero fue ventajoso: aparte de escuchar las alegres idas y venidas de los franceses al cuarto de la ducha, hemos compartido el lecho más pequeño, le petit lit, porque cumplimos cuatro sábados y así es más fácil abrazarle toda la noche, tous le temps, encajados sin dejar que se distancie ni querer él hacerlo aun en la fase de sueño profundo, y de vez en cuando al despertar levemente le cubro de besos y percibo mejor su aroma y su grata complacencia y es que en la pequeña cama todavía sobra espacio, nos basta con ese mínimo imprescindible.
MADRID NOUS AIME
En la mañana del domingo la ciudad estaba tan radiante y soleada que parecía una tarjeta postal con la gente paseando segura e ingenua por calles y rotondas.
Es como si conocedora de nuestro amor por ella hubiera querido, caballerosa, correspondernos: "Sí, ya sé que han venido vuestros amigos y que celebráis cuatro semanas de connaissance, os voy a mostrar hoy mi mejor faz, la que enamora a los extranjeros cuando vienen y dicen que la actividad febril que se respira en Madrid, el culto alegre a la calle que se profesa, no tiene parangón con ningún otro lugar del mundo", me pareció en un momento que me decía.

Y fuimos hasta el Reina Sofía, la parte hospital y la parte Jean Nouvel y el ascensor con vistas, la exposición de Nancy Spero in crescendo -la imagen de apertura es suya- y las salas Miró- Picasso hasta el Guernica, que en esta ocasión me ha producido escalofríos, por:
-la reverencia casi eléctrica que se palpa siempre al acceder a su entorno, como cuando entras en una iglesia y hay una imagen especialmente adorada, es algo solemne, difícil de explicar con palabras.
-porque he percibido como nunca que se trata del principal compendio de los horrores que el siglo XX nos ha legado, y he sentido una compasión infinita al contemplar la madre con el niño, y sobre todo al caballo retorciéndose: produce un dolor insoportable contemplar esas figuras cubistas que Picasso nos legó -símbolo de progreso cultural- rabiando de impotencia amarga y retroceso, en un indecible pozo de vacío.


Y tras el Guernica hemos visitado una sección con dibujos y fotografías impresionantes de nuestra desgraciada guerra civil -Horacio Ferrer, Antonio Rodríguez Luna, Robert Capa (foto de arriba)-: al percatarse de la congoja que me ha llevado a abandonar la sala, una de las amigas francesas, la bella marroquí, me ha dicho: "He visto el horror y la tristeza en esas fotografías, pero también la esperanza, l´espoir, en los rostros de la gente".
Después hemos caminado hasta Lavapiés, con las terrazas repletas de gente en bullicio -tan repletas que hemos vuelto a Cuatro Caminos, donde comenzó todo, y allí me he reafirmado en mi vocación de dominguero contumaz, ya que me compenetro con este día, sobre todo si dispone de una hora extra, y es que el domingo generoso permite, si se siente comprendido, que exprimamos de él un zumo jubiloso, inigualable-.

(Mujer sentada acodada, Pablo Picasso. Colección Museo Reina Sofía).
Más domingos Korador:
El domingo ha de ser radical

























