lunes, 4 de enero de 2010

ESTAMBUL EN BLANCO Y NEGRO





Viví el Estambul de mi infancia como las fotografías en blanco y negro, como un lugar en dos colores, oscuro y plomizo, y es así como lo recuerdo. Eso se debe en parte a que, a pesar de haber crecido en la penumbra triste de una casa-museo, era muy aficionado a los espacios interiores. Las calles, las avenidas y los barrios lejanos me parecían, como en las películas de gángsteres en blanco y negro, lugares peligrosos. Siempre me ha gustado más el invierno que el verano en Estambul. Me gustan las noches que llegan temprano, los árboles sin hojas temblando al viento del nordeste, contemplar a la gente volviendo a casa a toda velocidad por los callejones con sus abrigos y chaquetas oscuras en los días que unen el otoño al invierno. Los muros de los viejos edificios de pisos y de las mansiones de madera derruidas alcanzan, gracias a la falta de cuidados y de pintura, un color específico de Estambul y despiertan en mí una amargura y una apetencia por la observación que me agradan mucho. El blanco y negro de la gente que regresa a casa las tardes de invierno después de que caiga la oscuridad prematura despierta en mí la sensación de que pertenezco a esta ciudad, de que comparto algo con ellos. Siento como si la oscuridad de la noche fuera a cubrir la pobreza de la vida, las calles y los objetos, y que, mientras respiramos tranquilos por fin en casa, en nuestros cuartos, en nuestras camas, nos entregaremos a sueños y fantasías hechos de las antiguas riquezas, las construcciones desaparecidas y las leyendas de ese Estambul ahora tan lejos. También me gustan las frías noches de invierno porque la oscuridad, que desciende como un poema sobre los desiertos suburbios a pesar de las pálidas farolas, cubre la pobreza de esa ciudad de la que tan lejos estamos y que nos gustaría ocultar de la mirada de los extranjeros, de los occidentales.



De vez en cuando se me viene a la mente esta fotografía de Ara Güler porque muestra la mezcla que había en mi infancia entre edificios de cemento y casas de madera (luego fueron derribando poco a poco las casas de madera, y los bloques de pisos que, hasta cierto punto, son su continuación siguieron provocándome la misma sensación en la misma calle, en el mismo lugar), porque la luz pálida de las farolas no ilumina nada y porque refleja muy bien ese sentimiento de blanco y negro nocturno que para mí convierte Estambul en lo que es. Lo que me liga a esta fotografía (tanto como los adoquines, las aceras de losa, las rejas de hierro de las ventanas y las frágiles casas de madera vacías de mi infancia) es que, aunque la noche no ha caído del todo, en la calle ya se vive una hora tardía, y que esas dos personas que regresan a casa seguidas por sus sombras parezcan estar trayendo con ellos la noche a la ciudad.



(...)
En parte, esa sensación de blanco y negro tiene que ver, por supuesto, con la pobreza de la ciudad y con que, en lugar de exhibir lo que tiene de hermoso e histórico, todo esté viejo, descolorido, caído en desgracia y tirado a un lado. En parte también tiene que ver con la modesta simplicidad de la arquitectura otomana, incluso en sus tiempos de mayor pompa y esplendor. Tanto la amargura de ser los supervivientes de un gran imperio como el que, comparados con los europeos, no tan alejados geográficamente, los estambulíes estén condenados a sufrir una especie de pobreza opresiva como quien padece una enfermedad incurable, alimentan también ese espíritu introvertido de la ciudad.



Para comprender mejor ese ambiente en blanco y negro recreado una y otra vez, que acentúa el sentimiento de amargura inherente a la ciudad y que es compartido por todos los estambulíes como un destino común, hay que venir a Estambul en avión desde una rica ciudad de Occidente y sumergirse de inmediato en las atestadas calles, o ir un día de invierno al puente de Gálata, el corazón de la ciudad, y ver cómo la multitud pasa por allí con una ropa de colores indistinguibles, descolorida, gris, sombría. Al viajero que viene de fuera le parece en un primer momento que los estambulíes de mi edad,que al contrario que sus ricos y orgullosos ancestros se visten raras veces de colores brillantes, rojos, verdes y anaranjados deslumbrantes, prestan un cuidado especial en no llamar la atención con su ropa, como si fuera una obligación moral secreta. Por supuesto, no existe tal obligación moral secreta, pero sí hay una intensa sensación de amargura que sugiere una moral de humildad. El sentimiento de derrota y pérdida que ha ido cayendo lentamente sobre la ciudad en los últimos ciento cincuenta años, la pobreza y los restos del desplome pueden verse en todo, desde en los paisajes en blanco y negro hasta en la ropa de los estambulíes.



ORHAN PAMUK. Párrafos del libro Estambul, ciudad y recuerdos (2003), editado por Mondadori con traducción de Rafael Carpintero.

Todas las fotografías son obra del también turco ARA GÜLER.

(Por lo poco que haya podido ver en estos días, creo que este escritor dibuja extraordinariamente el alma de la ciudad, al margen de que en los últimos años esté surgiendo un rebrote de esperanza incierta -y de que por supuesto haya aterrizado Zara and company, con la consiguiente homologación de vestuario juvenil.
Eso no quiere decir, ni mucho menos, que Estambul carezca de encantos, mas bien al contrario, no sólo porque la belleza del paisaje está en su amargura -cita de Ahmet Rasim al comienzo del libro-, sino porque, mucho más allá de gustar o no, la antaño denominada Constantinopla -la Reina de las Ciudades-, Bizancio o Nueva Roma, capital de los imperios romano, bizantino, latino y otomano, sobrecoge al viajero, provocándole emociones y sobresaltos estéticos y espirituales dignos de su rancio abolengo.)

11 comentarios:

marichuy dijo...

Juto

La fotografía en blanco y negro es, por mucho, mi favorita. Esas imágenes de Estambul rezuman pura melancolía. Hermosas y nostálgicas al mismo tiempo; tanto como parece la historia contada por Orhan Pamuk.

Hay cuatro sitios que preciso conocer antes de morir (deberían ser muchos más, pero con estos me conformo): Lisboa, Samarkanda, la Bretaña Francesa y Estambul. No me quiero ir de este mundo, sin haber visto las cúpulas de Santa Sofía y mirado el Bósforo.

Un beso

Champy dijo...

que bello texto y que bellas imagenes.... confieso que al principio me descoincertaste...diej: Y este? Desde cuando nació en Estambul!!!
Estambul es uno de mis decretos, así como tu Chueca.
To en orden y coordinadamente.

2046

@ELBLOGDERIPLEY dijo...

Qué envolvente y bonito el texto de Pamuk. Pues he pensado lo mismo que Marichuy, no sé porqué he pensado un poco en Lisboa, más en plan oriental, más en plan brecha de culturas y así...¿Sigues ahí o estás ya en la capi?
Yo no la conozco, Lisboa y la Bretaña francesa sí...espero que no me dé una "pasión turca" (tipo la Anabella Lamb Belén), y conocerla así, como tu, en plan tranqui. A mí turkish people me mola (si he de decir verdá, como diría una copla), lo que pasa que tb en Alemania, tiene que haber guapísimos. Si sigues ahí , porfi, ya sé que hay muchos gatos y te gustan pero...ese hombre de Turquía...de allí, de Ankara, de Constantinopla..., no me creo yo que no hayas hecho un publi(répor)...
Ayyy que toy de goteras salvajes, mañana creo que me ponen un andamio y todo, y cambiarán una bajante los del este (y el otto) "tipo Hiscos"(el de las pelis)...puro siglo XIX (ésto es de "La Concejala").
Besotes, guapo.

Xim dijo...

Una vez me recomendaron leer a Pamuk y todavía lo tengo en la lista de pendientes, ahora con estos ejemplos me está picando el gusanillo... Las fotos estupendas, y más en blanco y negro... Besotes, estupendo post!!!

Xim

pe-jota dijo...

Asuntos pendientes, no se por qué, pero aún sigue siendo así, me atrae tanto como luego no adquiero un libro suyo, siempre se interpone algo, creo que es una experiencia que a todos los lectores nos ha pasado. Los motivos? un misterio irresoluto. Lo mismo me pasa con Haruki Murakami

senses or nonsenses dijo...

si has acabado el año en Estambul viviendo una pasión turca (aunque la llevaras de casa) y has entrado allí en el 2010 no puede ser un mal año. fijo.
madre mía, las fotos de Ara Güler son una pasada. me han encantado. sobre todo la que o.pamuk describe tan bien.
feliz año nuevo, con un poco de retraso, espero que se cumplan tus mejores deseos, y deja alguno para el 2011... no abuses, Aida, bonita.

un abrazo.

pon dijo...

Hya ciudades, y mujeres, que en blanco negro están mucho más guapas. Estambul y Rita Hayworth, por ejemplo. Nueva York, Ingrid Bergman.......

Uno dijo...

Preciosas fotos. Cada una cuenta una historia en si misma. Pasé muy deprisa por un Estambul nevado. Ya es hora de volver.

Justo dijo...

Marichuy: conociendo no sólo Estambul, sino Lisboa y la Bretaña -como bien sabes, que ya sé que recuerdas a mi guía turístico, jeje- te recomiendo que lleves a la práctica ese sueño. Y si quieres, a Samarkanda vamos los dos juntos.

Chueca te está esperando, Champy.. y yo también.

Ay los bajantes, Rip.. el hombre turco es MUY guapo, claro, pero no estamos descubriendo América al decir eso -además, a mí me gustan de todas las etnias y nacionalidades-. No habrá reportaje como otras veces centrado en chicos, porque se me han ido los ojos con los gatos y, sobre todo, porque voy con mi noviete y no es que él lo vea mal, es que soy yo el que se corta, aunque algunas fotillas he hecho, jeje.. a un vendedor del Gran Bazar que posó amablemente, a uno de los camarerazos que nos atendió en Nochevieja, a nuestro amable anfitrión en el restaurante gay, que era un cielete... las pondré, claro que sí.

Xim y Pe-Jota, os recomiendo a Pamuk vivamente, yo lo acabo de descubrir, pero realmente merece la pena...

Muchas gracias por el augurio, Senses... te deseo lo mismo... puff no creo que abuse, con estas edades en las que voy entrando lo que más pido ya es salud para mí y los míos, como las folclóricas.

¿Pon en blanco y negro? También tiene que estar muy bien. En Estambul dicen que nieva mucho, Uno.. yo pillé bastante lluvia.

Besos a todos, ahora desde Albacete y en breve desde mi habitual Madrid

Cabriola dijo...

im-pre-sio-nan-tes !!!

JOSÉ ÁNGEL HIDALGO dijo...

Lo que no entiendo es que te vayas a Estambul teniendo aquí Lavapiés. Seguro que Genet me entendía (y Goytisolo, Juan).
Un abrazo.