Una de las sorpresas más gratas que puede depararte un libro -o una película- es la de acometer, en un recodo cualquiera, un rumbo inesperado. Porque qué puede haber mejor que, cogidos de la mano de un autor, adentrarnos en una jungla ignota, sin previo aviso... es lo que me ha pasado leyendo A handful of dust -Un puñado de polvo, en español-, de Evelyn Waugh, distinguido novelista británico de las primeras décadas del XX. Quizá nunca hubiera llegado a prestar atención a este escritor -porque no vi la versión televisada de su Retorno a Brideshead, ni entraba en mi punto de mira-, de no haber tenido un novio que entusiasmado me insistió en que me iba a encantar, que era muy yo.
Volvíamos en avión de Hungría, él devorando las últimas páginas de la novela, y yo terminando también con fruición Mi idolatrado hijo Sisí, de Delibes, cuando observando ambos la pasión del otro, le propuse que al acabar intercambiáramos los libros. El caso es que a día de hoy yo he cumplido mi trato y él no, pero es igual... estoy tan contento de haber realizado esta inmersión que haré la vista gorda con su incumplimiento...
Estando como estaba Waugh recién convertido al catolicismo militante cuando escribió esta novela en 1934, no se me ocurre ninguna otra en que el afán ejemplificador sea menos evidente...
Tony Last y Brenda son un joven matrimonio modelo que ven pasar los días en Hetton, su aristocrática y decadente villa, alejada del mundanal ruido. Allí se dedican a recibir visitas, a no hacer nada, a supervisar la educación de su único hijo... Un fin de semana se presenta, prácticamente autoinvitado, John Beaver, un joven indolente, cuya única ocupación consiste en acudir a recepciones en las que se le admite de mala gana, pues su prestigio social en el Londres casquivano es cercano al cero. El matrimonio le aloja en la habitación peor, reservada a aquellos que no se quiere que repitan visita -todas las estancias tienen además nombres relacionados con el ciclo artúrico-... pero sucede algo que no estaba en el guión: Brenda siente atracción hacia quien se supone es la persona menos interesante de su entorno...
Con una parte final endiablada y que por supuesto no voy a desvelar -en la que tienen reservado un papel fundamental todas las novelas de Dickens-, A handful of dust se inscribe en la tradición irónica y distanciada de contar la vida, tan british, aunque el lector sienta a veces por dentro el fuego que los personajes parecen rehuir... ha sido un placer inmiscuirme en sus páginas durante un puñado de días, y encontrarme con recovecos que en absoluto esperaba: no quiero libros acomodaticios que repitan lo que yo ya pienso, que afiancen mis prejuicios: deseo un revolcón en toda regla, como éste.
(La imagen del principio es el retrato de Evelyn Waugh a sus 26 años, realizado por Henry Lamb).
































