Mostrando entradas con la etiqueta ÁLVARO POMBO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ÁLVARO POMBO. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de agosto de 2012

WE DIED AT SUCH A PLACE

-¿Qué es lo que no puede ser, Emilia?
-No puede ser que Matilda se haya muerto.
(...)
-Desgraciadamente sí se ha muerto, Emilia. Entiendo lo que quieres decir: que parece imposible. A mí también me parece imposible a veces. Pero se ha muerto.
-Pero decían que no...
-¿Quién decía que no?
-Los curas, la Iglesia. Siempre se ha dicho eso, que la muerte... no es lo que parece. Parece que todo se acaba pero no es verdad, dicen. La resurrección, se habla de la resurrección, ¿no?
-¿Tú crees en la resurrección?
-¿Yo? ¿Qué más da lo que yo crea? Digo lo que dicen. Si Jesucristo resucitó, también los demás, también Matilda. Explícame la resurrección. Porque no puede ser que Matilda se haya muerto del todo...

Ordet -La palabra-, de Carl Theodor Dreyer
Hablar sobre la vigencia de la resurrección no es algo que se suela hacer hoy en día, aunque los personajes de Álvaro Pombo incurran en ello con frecuencia. A mí me fascina, cuando aparece esta temática en sus novelas... no sólo en La fortuna de Matilda Turpin -de donde está extraído el diálogo de arriba-, en El temblor del héroe dos de los protagonistas se enzarzan en una conversación apasionante sobre la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino...

Es por la noche. Es de noche. Es la noche noctámbula que abre la conciencia del noctámbulo y que, a la vez, la cierra y la comprime. Es ahora el entrecejo de la noche, lo malo de lo noche. Pasadas ya las doce, más allá del bien y del mal. Y hay en Madrid, en otoño, un aire deseante, un dios deseante que no satisface ningún deseo de satisfacción. Un dios que es cruel y que oprime la conciencia hasta convertirla en una nada, en una insignificante conciencia del deshonor y de la culpa.

Una novela durísima, esta última de Pombo, en la que se cuela el mismísimo Diablo -un `sin por qué´, un jeta para el que no cuentan los demás- en forma de profesor jubilado que se desliza en skateboard por las calles. Absorbente y soberbia, como todas las suyas, y profundamente moral. El escritor sigue indagando a la busca de una ética actual que no deseche sin más nuestro legado cultural y filosófico... y lo hace, además de con hondura, con gracia y con su inconfundible estilo -ahora estoy enfrascado en Virginia o el interior del mundo, que es alucinante sin más, leo a Pombo sin parar, no puedo parar, no puedo parar, como Santiago Segura cuando el anuncio de la Schweppes, jajaj..-.

¿QUÉ SE HIZO DEL JUICIO FINAL?

El caso es que Pombo no es el único autor contemporáneo que se preocupa por el devenir de las grandes creencias cristianas, como pueda ser la resurrección o... el Día del Juicio Final. Porque parece que ya ni el Papa ni -creo yo- los obispos suelen hacer mención del mismo, como si se hubiera diluido su importancia -aunque nadie lo haya puesto en entredicho tampoco, que yo sepa-. Ya sabéis, es el Día en que toda la Humanidad, todos los hombres y mujeres y niñas y niños y ancianos serán juzgados por sus obras, no sé si precedidos de un son de trompetas o por los jinetes del apocalipsis... el día en que todas las injusticias serán reparadas y las buenas obras eternamente recompensadas.

Sobre ello escribe Javier Marías unas páginas magistrales en la segunda parte de su trilogía Tu rostro mañana, la denominada Baile y sueño. Para ello utiliza como estribillo el We died at such a place shakesperiano, fabulando cómo los distintos finados defienden su causa ante el Altísimo, Morimos en tal sitio, comienzan exponiendo, para luego desarrollar su historia personal intercalada con disculpas, ruegos, medias verdades y suposiciones -del rostro del Hacedor ante semejante e interminable despliegue ya se hizo una idea Miguel Ángel en la colosal creación que hizo para la Capilla Sixtina-.
La conclusión de Marías es que, a pesar de lo sobrecogedor y tremendo de tamaño juicio, había algo en tal creencia que consolaba a todos, no sólo el sentido de justicia, sino la sensación de que nuestras vidas eran así trascendentes, contempladas, mesuradas.

Esa ensoñación narcisista de tantos contemporáneos, llamada a veces "conciencia", tal vez no sea sino un sucedáneo de la antigua idea o vago sentido de la omnipresencia de Dios, que con su ojo vigilaba y estaba atento a cada segundo de la vida de cada uno, era muy halagador en el fondo, y un alivio pese a las contrapartidas, es decir, al elemento implícito de amenaza y castigo y a la aterradora creencia de que nunca era nada ocultable del todo a todos y para siempre; sea como sea, tres o cuatro generaciones de duda o incredulidad dominantes no bastan para que el hombre acepte que su trabajosa y no solicitada existencia transcurre sin que nadie asista ni la contemple ni se asome jamás a ella; sin que nadie la juzgue ni la desapruebe.

Quizá por eso se acude a los programas de televisión aireando intimidades, o se vocea hablando por el móvil en los vagones de tren, o pasamos el tiempo maquillándonos en las redes sociales, o se escribe -tan bien como Javier Marías, que yo percibo como una conciencia que me acuna, y al leer sus libros siento como si me arrojara en sus brazos para que me arrope su pensamiento, sus reflexiones, es una experiencia sensorial-, para dejar impreso en un universo inaprehensible en el que las ideas de Resurrección y de Juicio Final se han volatilizado, algún chispazo, por ínfimo y superfluo que sea, de la esencia que nos hierve por dentro, y que antes llamaban espíritu, o alma. Para decir que somos yo y que nos pasan cosas -y en este sentido esta mañana he tenido un claro ejemplo, en una sala de espera una señora se ha pasado dos horas enteras hablando, hemos sabido lo que ha desayunado, detalles sobre toda su prole, preferencias, manías.. como si temiera que alguien la fuera a desenchufar como al Hal 9000 de 2001... y le corriera prisa dejar constancia de su travesía mortal-.



domingo, 17 de junio de 2012

DIARIO DE CRISIS



Infiltrado en el campus
Días atrás he formado parte de un Tribunal de Selectividad, y contra todo pronóstico la experiencia ha resultado estimulante. No es sólo que durante varias jornadas haya cambiado de ambiente, chapuzándome en la Ciudad Universitaria -que amo-, sino que he contemplado a los jóvenes candidatos con suma curiosidad, porque me parecía que estaban siendo sometidos a uno de los escasos, o quizá ya al único, ritual de iniciación a la vida adulta. Compartíamos un aula magna y pomposa, con bancadas en pendiente, y la primavera se colaba a cada momento por los ventanales de la sin embargo húmeda estancia. Los chicos y chicas rellenaban sin parar folios y folios, nerviosos y concentrados, ávidos de futuro, en lo que era un contraste absoluto con mi indolente realidad cotidiana en las aulas: sin ellos saberlo componían una imagen bellísima de conjunto. Para completar el estado de exaltación en los intervalos me refugiaba debajo de un árbol a leer a Fiodor Dostoievski, concretamente dos novelitas cortas, las Noches blancas -el retrato del soñador arquetípico- y el Diario de Raskolnikov, una especie de esbozo de la colosal Crimen y castigo.
Por cierto que como quiera que en una de las redacciones que corregí me hablaban de la personalidad de Ricardo Gómez, el Carlitos de Cuéntame, me ha dado por pensar si no habré corregido su examen, ya que los correctores sólo tenemos códigos, no sabemos si los ejercicios son de chicos o chicas, de humanoides..

El lugar de los hechos

La primavera, exultante








 

 GODDESS ON A HIGHWAY / MERCURY REV

Esperando a Mercury Rev
 Espero como agua de mayo -en junio- la cita de la semana que viene en el Matadero de Madrid con un más que buen plantel de músicos, entre ellos The Raveonettes, James Blake, La Casa Azul, Love of Lesbian, Twin Shadow, Sr. Chinarro, Mendetz o -lo que me hace más ilusión de todo- Mercury Rev, que interpretarán al completo su ya mítico Deserter´s songs, el disco que les dio a conocer a finales de los 90. -Yo les vi hace unos años, en una sala madrileña ya desaparecida, cerca de La Riviera-. ¡Y estoy entusiasma-do! como decía aquel dibujo de cuando entonces, que no recuerdo bien cuál era.
Y es que la música es libre y grande y variada como decía mi amado Luqui. Y digo esto porque el último concierto al que asistí hace unas semanas fue el del grandísimo Raphael en el Teatro de la Zarzuela, con las 40 canciones que nos cantó de una tacada, jaja.. entre ellas las nuevas de Manuel Alejandro. Eso que llaman amor que ya llega cuajado de llamas nadie sabe lo que es, ni los científicos que lo han reducido a una fórmula. And I know it ain´t gonna last...


No es el opio del pueblo
Claro que estoy viendo los partidos de la Roja, aunque hasta ahora los dos me hayan resultado, por distintos motivos, bastante accidentados. Pero geniales. Aunque sólo fuera por mirar a mi Casillas, merecería la pena. Echo de menos a Villa, eso sí. El fútbol no es el opio del pueblo. El opio es el enfrentamiento y división artificiosa a que nos pretenden someter y someten los aparatos de los dos partidos políticos principales, haciéndonos creer que existen grandes diferencias entre ellos y que a un lado están los buenos y al otro los malos. Que se callen ya, ellos y los nacionalistas. Y que formen un Gobierno de unidad -como sí supieron hacer los alemanes hace bien poco- y estén a la altura de las circunstancias y de su pueblo.


Debut europeo de Lana Perales Soto
No encuentro el calificativo para calificarlo, valga la redundancia, este debut en el Sónar -siempre un paso por delante de los demás festivales-, así que dejo a los expertos tan ardua tarea. ¡La expectación de los fans se masca desde aquí! No hay nada comparable a ese fervor... Yo lo que la veo es que tiene menos expresividad en escena que José Luis Perales, José Manuel Soto y Víctor Manuel juntos.

 BLUE JEANS / LANA DEL REY al comienzo de su actuación en SÓNAR 2012

Lana del Rey Sónar Barcelona vídeo en El Blog de Ripley


Firma de Pombo Pombero
Foto de Miguel Sanfeliu
Soy pombiano hasta la médula, porque el mundo me ha hecho así -¡por cierto, que Jeanette reaparece para el Orgullo!-. Y aprovecho cualquier feria, conferencia o cine-fórum -de hecho vi Brokeback Mountain gracias a él- para acercarme a su lado. En esta ocasión el ilustre escritor me firmó Virginia o el interior del mundo y El temblor del héroe. Me gusta cogerle las manos, apretárselas fuerte y mirarle a sus ojos halagados y sorprendidos al reconocer esa admiración pura. "En sus libros -le dije- hay siempre alguien inocente que es traicionado, que no puede hacer frente a esa traición, que no la asume y le desborda para siempre, porque alguien a quien quiere y en quien confía ha estado maquinando a sus espaldas, aprovechándose de esa querencia, y de que posee más información." Se me quedó mirando Álvaro y mientras firmaba la novela me dijo, "en El temblor del héroe es al contrario, hay una persona que no quiere traicionar y no traiciona, y le va mal precisamente por eso. Es una historia muy dura".
¡Hasta otra, mi Pombo!




Carmen es antes que Pedro
 Qué poco tacto el de Agustín Almodóvar -y el de su hermano, que habrá dado el visto bueno- al responder a Carmen Maura por unas declaraciones en las que ella dijo que Pedro era tenso en sus rodajes o algo así con un -"Tranquila, no pensamos llamarte"-. Personalmente creo que ciertas películas son redondas no sólo por el director sino por algunas actrices que las convierten en obras maestras. Y Almodóvar nunca ha vuelto a encontrar una Carmen Maura, sencillamente porque no la hay. Por mi parte, y por primera vez, me voy a plantear el ver o no su futura película, porque otro rodaje con la Penélope sangre de horchata Cruz me parece ya un poco too much, por mucha Terremoto de Alcorcón que salga.

Tu crisis, mi crisis (¡Sálvame!)
(Estoy abatido, por todo lo que está pasando. Hay quien me dice: "Si a ti no te afecta, eres funcionario", y me da risa el oírlo, porque ya nadie se siente seguro en su puesto, sea o no funcionario. Y porque aunque asi fuera, ocurre como cuando la era del sida, puede ser que no tuviéramos VIH pero estábamos abatidos, por los amigos que sí lo tenían, por cómo todo aquello entristeció nuestras vidas. No, no se puede vivir ajeno a lo que acontece, estamos todos conectados.
Si acaso viéramos que de todo esto puede surgir algo nuevo, y bueno... decidme que puede ser así).

SAVE ME / SILVER CONVENTION (1975)

Son el trío de Fly, Robin fly.. que por cierto eran alemanas, jeje..

miércoles, 26 de octubre de 2011

UNA SEÑORA POMBIANA


--- Le Petit París, el mejor sitio. Mira, Alicia, mi sobrina, que se casó por cierto por la tarde, fuimos a Le Petit París y lo encontré estupendo, las mayonesas exquisitas, recién hechas que hoy en día hay que mirar la mayonesa mucho... Lo que no sé es si tendréis sitio. Porque, mira, mi sobrina Alicia, que se casó en junio, tuvieron que en octubre reservarlo, fíjate tú cómo está el sitio. Lo que pasa es que los padres de él, de Antonio Alberto, son amigos del jefe de mesas. Y como eran pocos les pusieron en otro saloncito más pequeño que tienen, mucho más acogedor, frente por frente... Tiene la entrada así de mármol, bueno, éste es el salón grande el que te estoy hablando, pero el pequeño también, unas estatuas como griegas, ya te digo, aparente, aparente. Y sobre todo, mira que sabes que lo que te dan es de fiar. Porque hoy en día, yo la ensaladilla rusa no la como más que en casa, porque se han envenenado ya hasta treinta y cinco niños juntos de una primera comunión por el mal estado de las mayonesas... Y yo lo que digo, para una vez que se casa una en la vida, bueno, tú dos, yo ni siquiera una, lo menos que te pueden dar es las dos salsas, las dos frescas, no se puede pedir menos... Y en Le Petit París lo tienen todo recién hecho. ¿Cuántos vais a ser?

De Los delitos insignificantes, una novela de Álvaro Pombo (Anagrama, 1986)

(Tengo que escribir algún día sobre Pedro Mata, escritor madrileño de novelas verdes de principios del siglo XX que adoro. También podía haber ilustrado la entrada con una portada de Manuel Puig: a ambos les veo intersecciones con el gran Pombo cuando se pone coloquial, aunque las señoras pombianas sean tan tan genuinas e intransferibles. Que se lo digan a Celia Cecilia Villalobo, protagonista de una de sus historias.
Los delitos insignificantes, que estoy leyendo ahora, aborda la relación entre Ortega, homosexual de mediana edad y escritor fracasado, y Quirós, un joven inquieto pero desocupado, que de momento se ha dejado llevar. Puede ser un apunte de su colosal y feroz Contra natura (2005), una de las mejores novelas que he leído en los últimos años.)

domingo, 8 de noviembre de 2009

YO SOY LO QUE TÚ LLAMAS BELLÍSIMO




LA TENTACIÓN

-¿No te gusto ya? Seguro que te gusto ahora más que antes, más que nunca. Vámonos ahí detrás y me haces lo que quieras. Deberías pensar que eres casi la primera persona, la única persona a quien me ofrezco gratis. Yo soy lo que tú llamas bellísimo, yo soy tu maravillosa belleza, la sombra del amor que en ti existe soy yo. No te engañes, nunca me olvidarás, y si esta noche me dejas ir sin usarme, nunca me olvidarás. Te perseguirá mi recuerdo, mi imagen, mi falsa ternura, te perseguirá mi frialdad y mis burlas. Vámonos, Paco, ahí atrás, y nos lo hacemos. ¿Tú descapullas bien? ¿Sabes que a mí me operaron de fimosis? Me quedó una polla muy bien hecha, me dijo el médico-psiquiatra, dos enfermeras se reían, fue asqueroso, anduve un mes con la verga vendada, en carne viva, ¿quieres verla?, ahora está bonita, vámonos, Paco, vámonos ahí detrás. Haz lo que deseas hacer conmigo, siempre has deseado conmigo lo que yo ahora te ofrezco hacer conmigo, tócame aquí mismo, ahora nadie nos ve, estoy muy excitado por mis propias palabras excitantes. Déjame que te toque yo, por una vez en la vida voy yo a tocarte y no al contrario, deberías sentirte maravillado y honrado, como si te la mamara Jesucristo.




LA PROFECÍA

-¿Lo ves? Estás contento contigo mismo y presientes que lo seguirás estando hasta el final de tu vida: tendrás cientos de chicos intercambiables unos por otros, todos te amarán bastante, a todos los amarás un poco. Serás, al final, un viejecito lascivo y quizá, a la vez, pulcro que en parte paga a sus jóvenes acompañantes con dinero y en parte les paga con dosis moderadas de filosofía hedonista y poesía homoerótica: te veo en la vejez, Paco Allende, como alguien encantador, engordarás, tendrás quizá un bonito pelo cano o una calvicie mona y redonda, usarás tonos cálidos, colores crema para tus trajes, tus jerseys, tus camisas blancas: olerás a colonia añeja, usarás un buen after shave, Old Spice quizá. En fin, serás envidiable gracias, sobre todo, a tu bonhomía. Tendrás muchos chavales que te costarán algo de dinero, pero no mucho, porque sabrás dosificarte. Tu bonhomía, por cierto, no será del todo verdadera, no serás, quiero decir, un hombre bueno, pero serás simpático, muy simpático, complaciente con los demás, porque serás complaciente contigo mismo. Procurarás, sobre todo, que nada llegue a los extremos, que nada te haga sufrir. En fin, llegarás quizá a ser un hombre libre que ha hallado el justo medio en todas las cosas. Habrás renunciado a la grandeza...

ANTOINE GESSON by ELVIS DI FAZIO


-Con león, conejito, racimo de uvas... ¿no te apetece mirar?


((El impactante reportaje fotográfico y el vídeo se llaman The lion and the bunny y son obra de Elvis di Fazio. El chico, francesito, cosmopolita y humanitario, es Antoine Gesson. Todo lo he sabido gracias a una página de arte que tengo enlazada, Guapo Magazine, que aglutina a algunos de los mejores fotógrafos que se inspiran con la belleza sobre todo masculina, pero también femenina.
Los textos, sí, vuelven a ser de Álvaro Pombo, pero es que, aunque acabo de comprar su última novela corta, de aventuras y otra vez en Anagrama -La previa muerte del lugarteniente Aloof-, sigo enfrascado con su Contra natura, que cada vez me entusiasma más, y no puedo evitar seguir compartiéndolo con vosotros...-.))

lunes, 26 de octubre de 2009

EL EVANGELIO HOMOSEXUAL SEGÚN POMBO



(...)

Cuando llegó la primavera (april is the cruelest month), Carlos Mansilla perdió un buen día pie: aquella tarde de sábado habían salido Carlos y Salazar a dar una vuelta por los acantilados (un paseo común que los novicios solían dar entre cuatro y seis de la tarde). Desde el paseo se podía bajar a las playas rocosas sin gran dificultad. En estas playas había un buen número de cuevas. Aquel día bajaron los dos, Carlitos y Salazar, a la playa por una senda de quebrantas embarradas, que se resbalaban. Las margaritas lucían su rostro amarillo, enmarcadas en su diminuto alzacuellos blanco. Y las amarillas flores de grillos y las moradas florecillas sin nombre, y el aire sin nombre, circundaban a Carlitos Mansilla como púas, como anzuelos, como garras, como zarzas, como cepos, como incisivos dientes del rosal de la Virgen María. Aquella tarde no había bajado con ellos al paseo Paco Allende porque se había quedado a repasar su traducción de La guerra de las Galias para la clase de latín del siguiente lunes, así que, por desgracia, bajaron los dos juntos, solos, Carlitos y Salazar. Era una tarde de marea baja, y el mar, que estaba lejos, había dejado húmeda la arena y tranquilas las cuevas verdeoscuras que en el aire de abril resplandecían, interiores, tras haber sido submarinas, aéreas, atravesadas por el aire fresco del mar con gritos de gaviotas, tras haber sido súcubas, bajo el peso del agua semoviente como un animal extensísimo, sin alma y sin forma, que cancela todos los circuitos del mundo inteligible, hasta volvernos a todos ondulantes, mutantes, como el cielo oleaginoso de los deseos al atardecer, del amor al atardecer, el inmanente amor sin salida: pero ahora, que eran transitables, eran húmedos lugares exaltados, oscuras cavernas del sentido, analogías rutilantes y confusas de los versos de San Juan de la Cruz y sobre todo del alma exaltada y acongojada de Carlitos Mansilla.

-Vamos a subirnos ya, que hace aquí frío -declaró Salazar nada más poner el pie en la playita de bajamar.

-A veces se puede querer a una persona tanto, que se te seca la boca al hablar. Vas a hablar y se te ha secado el paladar, y con la boca seca no se puede hablar, eso pasa, de puro a una persona que la quieres.

-No te enrolles, Charles Boyer -gruñó Salazar.

-Siéntate aquí un momento que te tengo que decir una cosa un minuto.

-¿Qué me tienes que decir? Dímelo mientras subimos. -E hizo ademán de empezar a subir.

Y dijo Mansilla:
-Te quiero. Sólo te quiero a ti y no quiero a nadie más. Sólo pienso en ti. En ti pienso todo el día y también por la noche, día y noche. ¿A que no te has dado cuenta?

-No. No me he dado cuenta. Y menos mal que no. Si me llego a dar, te doy un puñetazo que te rompo los dientes. ¿Qué es eso de que me quieres, qué tonterías son esas?

Era tan ácida y tan baja la voz de Salazar, que Carlos Mansilla sintió un sudor frío, un goterón de sudor espalda abajo. Como un animalillo, una gusana blanca. Y entonces dijo:
-Si no quieres, no te digo nada. Pero no puedo sin decírtelo vivir. No puedo. Te veo en clase o en el patio o jugando al fútbol, o te veo en la capilla de perfil, te veo comulgando, y cierro los ojos y te veo en pijama, en el dormitorio.

-Eres un guarro tú, eso es lo que eres. ¡Que me ves en pijama, tú! ¿Cuándo me has visto en pijama? Eres un maricón y un anormal, tú estás enfermo. Si piensas eso, estás enfermo.

Y Carlos Mansilla se había quedado quieto, contemplando a su amado, que quedaba un poco más alto que él, sobre una roca no muy alta.

-No me hables así. El quererte no se puede remediar. Yo no lo puedo remediar. No es nada malo.

-¿Que no es nada malo? Es pecado mortal para empezar, pero sobre todo estás enfermo. Eres repugnante. O sea, ¿que eso son la mierda de poesías que recitabas? ¡A ti hay que darte una paliza, chico, raquítico, miserable...!

Salazar giró en redondo. Empezó a subir la cuesta arriba, y Carlos Mansilla le siguió detrás y se le echó encima y cayeron los dos a un lado, en la hierba. Y Carlos Mansilla le abrazaba y le decía: Abrázame mi amor, y: Abrázame, mi vida. Quiéreme, por favor, abrázame. Y llegó a besarle en los labios, un beso pegajoso, lacrimoso, de niño. Salazar logró zafarse y se puso en pie y emprendió el camino senda arriba a buen paso, y se volvió y gritó: ¡Esto lo vas a pagar caro, maricón, muy caro!


(...) CONTRA NATURA / ÁLVARO POMBO


Javier Salazar -el mal homosexual, maduro y desabrido triunfador, vacunado contra los afectos y contra el compromiso- conoce en el Parque del Oeste madrileño a Ramón Durán, un lolito ingenuo que trabaja de camarero y se encuentra, como se decía antes, en busca de protección. A partir de ahí se ponen en marcha una serie de resortes impredecibles que implicarán también a un antiguo compañero de seminario de Salazar y al primer amor de Ramón, un mediocre entrenador deportivo en crisis de identidad sexual.

Álvaro Pombo (Santander, 1939), vecino ilustre del barrio madrileño de Argüelles, es un escritor cautivador, prodigioso, inabarcable. Sus obras son sencillas en su enorme complejidad, porque son accesibles y dicharacheras a pesar del caudal de su prosa exuberante, del calado de sus referencias filosóficas, éticas, morales, poéticas, que siempre impregnan sus textos.
Este escritor juguetón y prolífico es militante rilkeano, y emparenta con Henry James en su sobresalto ante la trampa a que son sometidas las personas puras de alma por otras que poseen una información mucho más contrastada. Lleva años teorizando y novelando sobre el buen homosexual, ideado a partir de su concepción cristiana de la vida, a pesar de que no se cansa de criticar la praxis de las iglesias, de las que él se siente muy alejado.
En la época de la dictadura fue enchironado en la comisaría de la calle Luna por reconocer ante un policía camuflado -en la Plaza de España- que era maricón, en un amago fallido de ligue. El episodio fue breve, pero lo suficientemente significativo como para que perdiera su empleo de docente. Después llegó el autoexilio londinense, y la vuelta al alegre Madrid de la Movida, donde publicó en Anagrama su excéntrico y sorprendente debut, El héroe de las mansardas de Mansard -1983-, primer eslabón de una carrera a partir de entonces imparable.



Le sigo con devoción -así, si me entero de que va a un acto allí que voy, por lo que ya tengo libros firmados, fotos, de todo; gracias a él visioné Brokeback Mountain, que no pensaba ver por prejuicios anti-óscars, y luego es una de las películas que más me han gustado.. él la presentó en un cine fórum-. Aunque aún me falta alguna novela suya por leer -las de Planeta, fundamentalmente- si tuviera que destacar títulos optaría por El metro de platino iridiado (1990) y la increíble La cuadratura del círculo (1999), su coqueteo iconoclasta con el género de novela histórica.

Y, sin duda, Contra natura (2005), en cuya lectura estoy enfrascado ahora, y que me tiene embebido y emocionado, de la que podría haber entresacado en realidad cualquier extracto... Es esta novela, que se publicó el año en que se aprobaron en España los matrimonios entre personas del mismo sexo, un retrato acerado de los homosexuales de dos generaciones en España, quizá el más prolijo y desprejuiciado que se ha novelado en estas décadas, no apto para reduccionistas del nuevo catecismo gay, que suelen atacar al escritor por no ceñirse al corsé de sus preceptos partidistas. En su novela hay homosexuales buenos, malos y regulares, en función de los actos que desempeñen una vez iluminada la conciencia; de la relación que establezcan con los demás, de la capacidad de empatía, de la compasión que profesen, de la energía positiva o negativa que desparramen.


¡Qué pedazo de escritor que tenemos, Álvaro Pombo!

((El cuadro de apertura es Der Wanderer über dem Nebelmeer -1818-, del romántico Caspar David Friedrich.¡Ah! Y luego tenemos a Pombo saliendo, o mejor metiéndose de nuevo, en el armario, que es lo que dijo, irónicamente, hace poco, que teníamos que hacer todos los gays de nuevo, meternos en el armario como señal de protesta... Pero se lió la marimorena, claro, porque parece ser que la lectura entre líneas, el doble sentido, la sutileza, es algo que no se estila o no se entiende ya entre quienes ocupan la primera plana del escaparate político y social. Y la última foto, en el jardín de su casa, es de Antonio Heredia)).

miércoles, 5 de marzo de 2008

CLANDESTINOS DE FAMÓBIL




CLANDESTINOS: Fantasía libre y desbocada
Director: Antonio Hens. Con Israel Rodríguez, Merhoz Arif, Hugo Catalán, Juan Luis Galiardo, Antonio Dechent, Luis Hostalot, Pablo Puyol, Inma Cuevas. Cine Luchana, Madrid.


Tras el celebrado corto En malas compañías -rodado en los servicios del Eroski de Málaga-, Antonio Hens debuta en el largometraje con esta película gay por los cuatro costados que sin ningún tipo de complejos mezcla en un turmix disparatado e iconoclasta el nacionalismo radical vasco, la inmigración, las atracciones fatales entre jovencitos y gays maduros y la delincuencia juvenil.
Con una estética tan cercana al ahora valorado Eloy de la Iglesia como al cómic gay underground de los setenta, Clandestinos consigue su objetivo, que es divertir, entretener y centrar la atención en la figura de jóvenes actores peculiares y fotogénicos como el fibroso Israel Rodríguez, que podría así ser rescatado de las fauces televisivas.

Él y los demás chicos -acompañados de actores tan solventes como Juan Luis Galiardo, que también produce, Antonio Dechent o Luis Hostalot-, están muy bien en este juego frivolón y muy poco realista, en el que hacen el papel de madelmans de barrio o de chicos famóbil, y en el que hay escenas bien graciosas como la del derrumbe de la bandera de la madrileña plaza de Colón; y los críticos pesados que digan lo que quieran: está claro que Clandestinos tiene más vocación de Pepi, Luci, Bom o de Navajeros... que de Barrio o Días contados. ¿Cuál es el problema? ¿Por qué ha de ser todo tan trascendente?
Os la recomiendo: aunque la distribución ha sido pésima, no sé si seguirá ya en algún cine.





UN FIN DE SEMANA DE DOBLES -O TRIPLES- ELECCIONES

Elecciones generales en España, elecciones en Andalucía,.. y elección de la canción que representará a España en Eurovisión, que visto el panorama es casi lo que nos da más miedo.
¿Sabéis ya a quién votar el domingo? Yo todavía estoy dudoso, aunque en el Senado una de mis cruces irá para Álvaro Pombo, eso seguro. Pero vamos con algunos comentarios post-segundo debate.

-¿Os distéis cuenta de que Olga Viza se rió de la niña de Mariano Rajoy? No me digáis que no. Contra todo pronóstico -por el despiporre previo-, el candidato del PP se despidió nuevamente con su ya entrañable Rajoydi, y con esta apelación evocativa: "En mi cabeza está la niña, esa niña". Un segundo después la cámara enfocó a la moderadora Olga Viza -que a mi juicio lo hizo bastante mejor que el envarado Manuel Campo Vidal- quien a duras penas pudo contener, durante unos instantes, la risa abierta.

-A mi juicio lo más obsceno llegó cuando después se entrevistó a Esperanza Aguirre, quien no pudo contener la euforia que la embargaba ante la certeza de que Rajoy había perdido el debate. ¿De verdad piensa que una candidatura encabezada por ella puede ganar en España? Pues entonces es que no hace pie en la realidad.
Ni ella ni Fernando Sánchez Dragó, quien, en su cortijo de Telemadrid -y con un montón de caspa en la solapa, por cierto- expresó con vehemencia que si Mariano Rajoy no gana tampoco en esta ocasión debe retirarse, haciendo el escritor-presentador campaña abierta y prematura por su querida presidenta de la Comunidad de Madrid, compañera en lo ultraliberal y generosa proveedora de puestos de trabajo a pelotas recalcitrantes como él.

-Pero el PSOE haría bien también en mantener en un segundo plano -igual que hace el PP con Acebes o Zaplana- a figuras cada vez más antipáticas e impopulares para su propio electorado como José Blanco o el demagógico y sectario Pedro Zerolo, quien cada vez que habla la pifia.

Y de Eurovisión, pues.. hasta que no veamos la puesta en escena no se puede saber, pero de momento esto es lo que pienso:


Mis favoritos hasta ahora son Marzok Mangui y su Caramelo y La Casa Azul con La revolución sexual.
En la zona templada sitúo a Lorena C y Piensa gay y Bizarre y Si pudiera.
No he logrado escuchar, aunque lo intenté a Ellas, Innata y D. Vine.
Y en la zona glacial: Arkaitz y Un olé -¿se le ha votado en serio o en broma?-, Coral y Todo está en tu mente y el Chikilicuatre, que, me temo, tiene muchas posibilidades de ganar por la campaña desaforada de Buenafuente y de la Sexta. El sábado veremos. No descarto cambiar totalmente de opinión cuando vea las actuaciones.

Por cierto, ¿no se ha presentado Merche Llobera, la chica que llegó a la final del pasado año? Porque hubiera sido un puntazo.

Besos.

viernes, 1 de febrero de 2008

ÁLVARO POMBO, EL BUEN CANDIDATO


Él siempre ha dicho que el protagonista de su novela El cielo raso, Gabriel Arintero, es el buen homosexual. Porque sus gays de ficción no son perfectos, algunos incluso se impulsan hacia abajo, como el Gonzalito de El metro de platino iridiado. Lejos de la pacatería de lo políticamente correcto, Álvaro Pombo cree sin embargo que el hecho de ser homosexual o lesbiana o transexual debería comportar una nueva ética, o al menos una búsqueda inconformista -como también defendía el recién fallecido Paco Vidarte, teórico y activista queer-. Pero las realidades son a veces tristonas y feas, o por lo menos vulgares, y lo cierto es que yo me percato ahora, descorazonado, de que algunas cosas importantes se van dejando de lado en este camino integrador, y le doy la razón, con retraso, a Pombo, cuando se mostraba crítico ante la nueva realidad LGTB.


Seductor y extravagante, este literato que escapa a cualquier tópico combina en su estilo una exuberancia a veces incontenible con la precisión poética; travieso y observador, rilkeano filosófico y comprometido, Álvaro Pombo es también un outsider del cristianismo, y académico puntilloso que se rebela contra el uso de la palabra matrimonio para designar nuestras uniones o de mariliendre para referirse a nuestras amigas.

Es mi escritor vivo predilecto en lengua española.


Le admiro tanto que casi le profeso devoción, y así una de las veces que acudí a que me firmara un libro le besé en la mano como si fuera un obispo. Y eso que él no aparece nada trascendente, y aún le recordamos en esas mesas camilla televisivas con Manuel Hidalgo reivindicando el festival de la OTI y apasionado por las reverberaciones del crimen de los Urquijo, o explicando lo que eran las navidades olfativas para los gatos.



No he leído aún toda su obra -aunque pienso hacerlo, porque es un goce- pero sí buena parte de ella, lo suficiente para opinar que el asunto que mejor resuelve Pombo en sus libros, o al menos el que más le preocupa, es el de la inocencia violentada, o la traición a la confianza, o lo que es lo mismo la desazón moral que se siente ante el abuso hacia una persona que no posee tanta información como las demás sobre algún hecho concreto -un poco en la línea de las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, o de casi todas las novelas de Henry James, pero en su estilo particularísimo y contemporáneo, claro está-.

Así, Pombo nos sobrecoge al ir desvelando la vil peripecia a que se ve sometida la entregada Celia Cecilia Villalobo por su ídolo de la tele -Jesús Hermida- en esa novela supuestamente menor, Telepena de Celia Cecilia... o la tristeza infinita de la heroína de Donde las mujeres al resolver el puzzle de sus relaciones familiares, o el desamparo descarnado de María, el ángel familiar de El metro de platino iridiado en una cena de jardín en la que descubre en una instantánea de la mente que está siendo relegada, que a sus espaldas se ha ido tejiendo una realidad horrible que la empuja a un lado, a pesar de que todos se apoyan con impudor sobre ella...

Y por supuesto la culminación de La cuadratura del círculo , ambientada en época de cruzadas épicas y religiosas, cuando el lozano Acardo conoce el verdadero rostro del farsante miserable Bernardo de Claraval, que con su elocuencia dogmática ha arrastrado a miles de personas inocentes a la muerte y la sinrazón y entonces Acardo pronuncia la blasfemia que más me ha impresionado leer en ningún libro, porque está cargada de significado, ya que con ella expresa todo el horror y el vacío, toda la rabia impotente de quien ha sido estafado y denigrado en lo más profundo, al haber entregado su valiosa vida entera a una impostura, y no poder hacer nada ya para remediarlo.

Qué grandioso Pombo, que combina con acierto lo superficial y divertido y verborreico, porque él es una persona alegre y vital, no enfadada con el mundo como muchos de sus colegas -ay sus personajes de mujeres mayores estrafalarias, habladoras y andariegas, ya desde sus mansardas de Mansard, qué identificables que son- con lo más trascendente y profundo y misterioso.
Y luego está la experimentación narrativa, las disrupciones de todo tipo, los personajes melancólicamente disparatados a lo James Purdy, la tradición kitsch reciente que nos dejara en legado Manuel Puig, la divagación filosófica, el no querer concluir o redondear el relato, lo imprevisible que, como la experiencia copro en El cielo raso, nos deja de repente de piedra.

MI HOMBRE PARA EL SENADO

Y esta persona que venero se presenta a las elecciones generales de marzo como senador para Madrid, en la candidatura del nuevo partido Unión para el Progreso y la Democracia.
Y aunque con el panorama de mensajes ramplones y simplificadores que nos acecha -y de medios de comunicación gritones y serviles- no he decidido aún mi voto para el Congreso, en el Senado tengo claro cuál será uno de los candidatos que voy a elegir, el primero de todos ellos: Álvaro Pombo, poeta, novelista, filósofo, ciudadano, hombre centrado políticamente porque practica la empatía y rehúye el sectarismo, homosexual confeso y represaliado en su momento -aunque nunca ha profesado rencor por ello-, que piensa que gays, lesbianas, transexuales y bisexuales tenemos que predicar con el ejemplo y buscar una ética nueva y transgresora, una manera distinta de configurar las sociedades.

Sería una forma de que el Senado empezara a servir para algo. Y prefiero ser iluso y alegre con mi Pombo a demasiado realista y pragmático o sombrío con otros candidatos que oscurecen mi ánimo, y que amparan y representan sin recato a los bernardos claravales del momento.

((La fotografía segunda la he conseguido en el blog del fotógrafo Jorge Ontalba; imagino que está tomada en la casa de Pombo en el madrileño barrio de Argüelles, donde habita hace años -le pega muchísimo-, y que dicen está repleta de barcos que le recuerdan a su Santander natal)).

sábado, 1 de diciembre de 2007

PROUST Y LA GIMNASIA DE LA INDIFERENCIA


Por lo menos una vez y media he llevado a la práctica la gimnasia de la indiferencia de la que habla Marcel Proust en las páginas de su clásico universal À la recherche du temps perdu.
Se trata de luchar contra la enfermedad amorosa en aquellos momentos en que sabemos que ya no resta sino despeñarnos en picado: es entonces cuando se puede iniciar, como terapia, una especie de recuento de los días que vamos superando sin ningún tipo de noticias, ni acercamientos, a la persona amada y que no nos corresponde y nunca va a hacerlo. Son días en el vacío que se van amontonando con dolor, una suma lúgubre de jornadas que, sin embargo, tienen en nuestro arrebato algo de victorioso, porque queremos imaginar que la persona en cuestión nos echa de alguna manera en falta y estaríamos perpetrando así una especie de venganza sentimental.

Al final del túnel llega el momento en que la cifra de la suma de los días concluye con una victoria definitiva, que es nuestra indolencia, aunque al comenzar la gimnasia no queramos ni pensar en que se pueda sobrevivir con la ausencia de la persona amada, porque eso significa la muerte, la pérdida de todo sentido.
Hay que tener, sin duda, mucha determinación para llevar esta gimnasia a la práctica, mucha más de la que hoy hace falta para ir al gym y pasarse horas haciendo abdominales.
No creo que nadie haya deconstruido la pasión-desesperación amorosa con la obsesión minuciosa que lo hizo Proust.
Aunque yo todavía tengo la obra a medio, la voy leyendo despacio y a intervalos por la noche, estoy acabando la parte de los Guermantes y pronto iniciaré Sodoma y Gomorra. Antes de A la busca del tiempo perdido, me leí Jean Santeuil, que pasa por ser una especie de esbozo imperfecto, pero que a mí me deslumbró sobremanera, por el estilo sublime que yo entonces descubría y por algunos pasajes emocionantes que desde entonces conservo en la memoria:

-Jean discute fuertemente con sus padres y almacena todo el rencor de que es capaz, pero al quedarse solo por la noche y abrir el armario ropero, percibe de súbito la fragancia que emana de un abrigo de su madre, y entonces la identifica con la esencia de ella, que penetra así de alguna manera en su alma, y al hacerlo rompe en lágrimas y se reconcilia con la madre que adora y cuyo espíritu ha sido capaz de distinguir a través de un olor característico.

-Jean está en un bar algo aturdido y de repente irrumpe un amigo bastante nuevo y de posición social superior -los juegos sociales de poder son vitales en la obra proustiana, tanto que a veces cansa- pero con quien ha surgido una complicidad incipiente, y éste, al ver a Jean, para acceder antes a él acorta impaciente el camino pasando por encima de dos o tres mesas de la taberna, ante el estupor general, deseoso de llegar cuanto antes, de expresar así el júbilo que siente al identificar y reconocer a su amigo, lo más importante y puro en su vida en ese momento en que confluyen sus caminos y sus intereses.
(Posteriormente leyendo À la recherche.. me he percatado de que la visión de Proust de la amistad no es nada idealizada, es más bien cruel -en realidad sus disecciones suelen ser siempre crueles- pero ese momento mágico de exaltación y alegría en el Jean Santeuil es inigualable).

No hace mucho se ha puesto a la venta en España el primer tomo -Combray- de la adaptación al comic de Á la recherche.. que ha llevado a cabo Stéphane Heuet. Lo he leído y me ha parecido una maravilla de delicadeza, que os recomiendo vivamente. Es muy fiel al libro, y sin embargo no deja de ser una historieta: en este primer episodio conocemos a Marcel, sus miedos infantiles y la dependencia con su madre, la negativa a compartirla que marcará su posterior historial amoroso y erótico.

Y por supuesto conocemos a su tía Léonie, la que le ofrece la magdalena, un personaje valetudinario que decide encerrarse primero en su casa, después en el dormitorio, para luego ya no salir de la cama, que puede espeluznar a algunos pero que es fascinante a los ojos de Marcel y a los nuestros -es un tipo de mujer mayor rodeada de liturgias que acostumbra a reflexionar en voz alta, un molde muy querido también por nuestro gran Álvaro Pombo-.

((Como siempre, besos)).