


Recuerdo a menudo una muestra que vimos en la Tate Modern de Londres el verano pasado, Exposed, a la que por cierto el amigo Uno dedicó una de sus estupendas entradas. Era en realidad una exposición de exposiciones, gigantesca, dividida en espacios temáticos y con trabajos de numerosos artistas, siempre en torno al límite borroso entre dónde empieza y dónde acaba el derecho a mirar a los demás y a mostrar después aquello que se ha mirado -y atrapado con la cámara- a quien lo quiera ver -sin haber pedido permiso a la persona o personas objeto de la mirada-. Ya la imagen que se utilizó para el cartel es muy expresiva: se trataba de Greta Garbo rechazando con la mano a los paparazzi acosadores.


Traigo esto a colación porque como bloguero que gusta de fotografiar a intrusos por la calle y como voyeur impenitente esa discusión ética me interesa -a veces surgen dudas incluso con las imágenes prestadas de cauces oficiosos: por ejemplo, en una entrada de hace tiempo utilicé las fotos, muy eróticas, de un modelo retozando desnudo con un enorme peluche; el chico, que era francés, me escribió un comentario rogándome que retirara las fotos porque le habían ocasionado un serio problema con su madre: para mi horror, porque leí el comment mucho después y la verdad es que me acongojé, ya que era una especie de SOS, pero ¡luego descubrí que las fotos de la sesión las tenía colgadas en su página de red social! -a la vista incluso de los no agregados, y donde por cierto también se encuentra esta otra que os adjunto-. Y además estaban hechas para un fotógrafo de renombre, o sea que se me borraron los escrúpulos de golpe.
TIEMPODESPACIO.- JAVIER ÁLVAREZ


En el caso que nos ocupa, el de las fotos que hicimos de los mozos del cambio de guardia del Parlamento Griego, lo que me llama la atención es que la profesión de los mismos pareciera ser, simplemente, estar exposed full time, es decir, expuestos a la curiosidad popular permanentemente, y por supuesto a las mil y una fotos y vídeos de turistas, actividad agobiante que han de sobrellevar sin un pestañeo. Me pareció, con todo lo arcaico que pudiera parecer este ritual, rabiosamente moderno por eso precisamente, por esa manera de asumir que hay que mostrar al completo lo que debería ser reservado, ya que concierne a asuntos de defensa -aunque ya sé que, como en Londres, quizá la mayor y única razón de que perviva esta vetusta y vistosa tradición sea esa exposición al público, ese gesto cuyo único objeto ahora es ser contemplado y quizás admirado-.




