
Hay autores que cuando estrenan película ni me planteo no acudir a verla; me siento en la obligación de fichar, al margen de que en alguna ocasión el resultado no estuviera a la altura que pudiera esperarse. Entre ellos se encuentra, sin duda, el prolífico Woody Allen.
De sus películas prefiero las que adoptan un tono de comedia -casi todas- y dentro de éstas aquellas en que aparece como actor; no comparto la tesis extendida de que a partir de Match Point no ha conseguido superarse: en esa línea argumental prefiero Delitos y faltas y después creo que ha firmado películas brillantes con la etiqueta de menores, como Scoop, Whatever works o esta You will meet a tall dark stranger (Conocerás al hombre de tus sueños).

Sin embargo esta opinión mía no es la más habitual, ya lo sé; de hecho el día que fuimos al cine a casi nadie le gustó, y no pude evitar acordarme de una frase que dijo hace tiempo Pedro Almodóvar, más o menos así: "No sé lo que espera la gente cuando va a ver mis películas, parece que me lo pidieran todo, no sé qué darles, cómo puedo responder a esa expectativa". Con Woody Allen ocurre algo parecido, poco más o menos se pretende que nos descubra el sentido de la vida en cada una de sus películas... quizá por eso hay quien se siente defraudado.
¿Qué le pide el público a Woody Allen, qué le pedís vosotros?

Yo no sé lo que le pido, pero lo que quiera que sea me lo da con creces. Creo que hay muchas cosas valiosas en este Conocerás al hombre de tus sueños. Para empezar está la dirección de actores y actrices, excelentes todos: hacía tiempo que no veía tan bien -y tan guapo- a Antonio Banderas, por ejemplo; y hasta el para mí repelente Anthony Hopkins interpreta un papel a su medida. Luego está la historia, muy bien tejida, las miserias de una familia en la que no se libra nadie, narradas en un crescendo jocoso pero dramático a un tiempo -hay dos escenas antológicas de Naomi Watts, una cuando le entra a Banderas y este se hace el sueco, y la otra cuando pierde los nervios con su madre, al final, poniendo de manifiesto la inconsistencia de todas sus relaciones personales, basadas en el intercambio de intereses-.

Y luego Allen vuelve a lo que nos está contando siempre, a sus variaciones sobre la obsesión del sexo y el miedo a la muerte y, de un tiempo a esta parte, su convencimiento de que después de esta vida no hay nada de nada, y todo está regido por la casualidad. Es bajo ese prisma que los dos personajes de la tercera edad -Hopkins y la maravillosa Gemma Jones- se aventuran por distintos caminos en el intento desesperado de eludir el horror, el vacío de la muerte que se avecina: el uno se empeña en creerse joven y vivir a todo trapo como tal, y la otra se aferra a unas extravagantes creencias sobrenaturales y animistas. Los dos hacen un estruendoso ridículo, claro. Pero no menos que el resto de personajes que pueblan esta película implacable, personajes profundamente infelices que no aceptan lo que tienen, sea esto poco o mucho -y hay otra escena hitchcockiana bellísima, cuando Josh Brolin ve desde la ventana a su mujer en su casa, y se da cuenta por un momento de lo fascinante que puede ser a los ojos de un extraño..- Y todo aderezado con el humor alleniano, que chisporrotea a lo largo de todo el film -¡la escena con el amigo en coma, cuando Brolin va a visitarle al hospital!-...
¿Qué más se puede pedir a una película? ¿Qué más queréis de Woody Allen? Yo nada más, ya me dio todo... me levanto de la butaca y le aplaudo, con todas mis ganas.
You will meet a tall dark stranger. D. Woody Allen. Naomi Watts, Josh Brolin, Anthony Hopkins, Gemma Jones, Antonio Banderas, Freida Pinto, Lucy Punch. Vista en Renoir Cuatro Caminos, Madrid.


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