Llegaron a puñados en los años setenta, los cantantes italianos que grababan en español canciones desgarradas y de un erotismo ingenuo y machista, pretendidamente libertario. Era algo distinto a la canción italiana tradicional, la de Volare, San Remo o Canzonissima, y se acompasaba bien con el momento que vivía la sociedad española que, todavía muy reprimida, manifestaba una ansiedad exorbitada en lo concerniente al sexo, como si nunca lo hubiera conocido. 
Mi pubertad coincidió con esa adolescencia entera de un país que se sorprendía porque en los quioscos hubiera revistas con desnudos de mujeres, y que parecía no vivir para otra cosa: todo era desconocido y extremadamente morboso.
((Leí una anécdota que ilustra muy bien el ambiente del momento: la actriz Verónica Forqué, que entonces hacía sus pinitos, acudió a un casting, como se dice ahora, en el que lo primero que le pidieron fue que se desnudara: ella lo hizo porque lo veía, entonces, natural, porque era lo que se demandaba, porque se consideraba que había siempre que hacerlo)).

Estos nuevos juglares tenían aquí su campo abonado, y sonaban machaconamente en los programas de discos dedicados que en la radio predominaban y que yo oía al volver del colegio o más tarde del instituto, con chicas que mandaban peticiones interminables desde los pueblos.
Fausto Leali, Gianni Bella, Sandro Giacobbe, Lucio Battisti, Richard Cocciante, Claudio Baglioni.
Y tantos otros a los que habría que rendir homenaje, por su participación decisiva en nuestra educación sentimental.
A mí me gustaban todos. De hecho, recito aún de memoria sus canciones.
Y uno de los que más éxito alcanzó en España fue Franco Simone.
En la actitud distaba algo de sus compatriotas, él era más dulce y zalamerete, su erotismo atenuado y romántico. Se hacía querer. Franco nos engatusó durante un tiempo, se coló entre nuestros apuntes de clase y nuestras incertidumbres quinceañeras, aunque tras demandarnos un espacio propio se marchara de nuestra vida sin contemplaciones, y sin despedirse siquiera.

Pero algunos sentimentales no llegamos a olvidarlo del todo, y por eso hoy lo rescato para ti, con todo su esplendor, en un programa grabado en Chile en el 81, es decir algo después de su éxito aquí.
¡Qué frase aquella la de "te tomo poco a poco hasta el punto donde muere tu deseo más profundo"! ¡No será que el chico no era sutil!
TÚ, SIEMPRE TÚ
Está lloviendo,
quieres dar un paseo
hasta casa..
Piensas tú que me cuesta
mucho esfuerzo ir del brazo contigo,
caminar junto a ti.
Esperaba
el momento de hablarte
y explicarte
que eres muy importante.
Ciertamente, te agradezco que existas y
te amo, te amo, te amo, te amo, te amo.
Te tomo poco a poco hasta el punto donde muere tu
deseo más profundo.
(Tú, tan sólo mía)
Las sombras, el silencio y las raíces de tu mundo dan
origen a mi mundo.
(Y que así sea)
Si ahora todo se me derrumbase ni cuenta me daría;
el juego más dulce ha vuelto a mi vida.
Y tus ojos me sonríen cansados,
luminosos, mientras busco tus labios...
Mis palabras más que hablar te suplican y
te amo, te amo, te amo, te amo, te amo.
Te amo cuando tú nublas mi mente, cuando ruego,
cuando sufres y te entregas
(Tú, tan sólo mía)
También amo esta lluvia que cae sobre los cristales
regalando sensaciones
(Y que así sea)
A quién he amado,
quién te ha tenido no lo recuerdo ya
Yo quién he sido,
qué es lo que he hecho antes de ti, sin tu amor.
ANDREA MARCATO, LA ENERGÍA SE TRANSFORMA
Y como regalo extra, otro italiano que ya nos ha visitado y que os gustó mucho, porque se trata de un fauno que ofrenda en los altares de Apolo y de Dafne a un tiempo, un pequeño dios de Treviso que requiere ser mirado con detenimiento, y en cuya mirada traviesa se refleja, desnuda, la vida.
Claro que él no es de los setenta, es de ahora mismo y se llama Andrea Marcato, jugador de rugby. Ecco qua. Bravissimo.

Mi pubertad coincidió con esa adolescencia entera de un país que se sorprendía porque en los quioscos hubiera revistas con desnudos de mujeres, y que parecía no vivir para otra cosa: todo era desconocido y extremadamente morboso.
((Leí una anécdota que ilustra muy bien el ambiente del momento: la actriz Verónica Forqué, que entonces hacía sus pinitos, acudió a un casting, como se dice ahora, en el que lo primero que le pidieron fue que se desnudara: ella lo hizo porque lo veía, entonces, natural, porque era lo que se demandaba, porque se consideraba que había siempre que hacerlo)).

Estos nuevos juglares tenían aquí su campo abonado, y sonaban machaconamente en los programas de discos dedicados que en la radio predominaban y que yo oía al volver del colegio o más tarde del instituto, con chicas que mandaban peticiones interminables desde los pueblos.
Fausto Leali, Gianni Bella, Sandro Giacobbe, Lucio Battisti, Richard Cocciante, Claudio Baglioni.
Y tantos otros a los que habría que rendir homenaje, por su participación decisiva en nuestra educación sentimental.
A mí me gustaban todos. De hecho, recito aún de memoria sus canciones.
Y uno de los que más éxito alcanzó en España fue Franco Simone.
En la actitud distaba algo de sus compatriotas, él era más dulce y zalamerete, su erotismo atenuado y romántico. Se hacía querer. Franco nos engatusó durante un tiempo, se coló entre nuestros apuntes de clase y nuestras incertidumbres quinceañeras, aunque tras demandarnos un espacio propio se marchara de nuestra vida sin contemplaciones, y sin despedirse siquiera.

Pero algunos sentimentales no llegamos a olvidarlo del todo, y por eso hoy lo rescato para ti, con todo su esplendor, en un programa grabado en Chile en el 81, es decir algo después de su éxito aquí.
¡Qué frase aquella la de "te tomo poco a poco hasta el punto donde muere tu deseo más profundo"! ¡No será que el chico no era sutil!
TÚ, SIEMPRE TÚ
Está lloviendo,
quieres dar un paseo
hasta casa..
Piensas tú que me cuesta
mucho esfuerzo ir del brazo contigo,
caminar junto a ti.
Esperaba
el momento de hablarte
y explicarte
que eres muy importante.
Ciertamente, te agradezco que existas y
te amo, te amo, te amo, te amo, te amo.
Te tomo poco a poco hasta el punto donde muere tu
deseo más profundo.
(Tú, tan sólo mía)
Las sombras, el silencio y las raíces de tu mundo dan
origen a mi mundo.
(Y que así sea)
Si ahora todo se me derrumbase ni cuenta me daría;
el juego más dulce ha vuelto a mi vida.
Y tus ojos me sonríen cansados,
luminosos, mientras busco tus labios...
Mis palabras más que hablar te suplican y
te amo, te amo, te amo, te amo, te amo.
Te amo cuando tú nublas mi mente, cuando ruego,
cuando sufres y te entregas
(Tú, tan sólo mía)
También amo esta lluvia que cae sobre los cristales
regalando sensaciones
(Y que así sea)
A quién he amado,
quién te ha tenido no lo recuerdo ya
Yo quién he sido,
qué es lo que he hecho antes de ti, sin tu amor.
ANDREA MARCATO, LA ENERGÍA SE TRANSFORMA
Y como regalo extra, otro italiano que ya nos ha visitado y que os gustó mucho, porque se trata de un fauno que ofrenda en los altares de Apolo y de Dafne a un tiempo, un pequeño dios de Treviso que requiere ser mirado con detenimiento, y en cuya mirada traviesa se refleja, desnuda, la vida.
Claro que él no es de los setenta, es de ahora mismo y se llama Andrea Marcato, jugador de rugby. Ecco qua. Bravissimo.










































