La popular revista española TP (Teleprograma) publicaba en los años de mi infancia fotonovelas por capítulos, que alimentaban el gusto por la colección y lo folletinesco, tan de la época. Lo característico de las mismas era su gusto por el morbo, de modo que en todas había algún elemento misterioso, paranormal o insano -e imagino que buenas dosis de moralina, aunque yo no me percataba- que rodeaba a la pareja de amantes en cuestión.
De todas ellas, sólo recuerdo con cierta nitidez una: El monstruo de Saint Michel. La protagonista se llamaba Karin -con flequillo a lo Mireille Mathieu-, y ya desde el principio la historia comenzaba con un horrendo crimen, perpetrado con una especie de moho -así lo llamaban- que se arrojaba a la víctima y que se extendía rápidamente por todo el cuerpo, con un efecto espeluznante -pensándolo ahora, era todo muy Cronenberg-.

Yo entonces no sabía ni lo que era Saint Michel... cuando el verano de 2009 visitamos este peculiar enclave -a caballo entre Bretaña y Normandía-, lo que más disfruté fue la visita a la abadía por la noche -se crea un ambiente muy especial, con músicos tocando en salas fúnebres y vacías, y una iluminación ad hoc: ya no es propiedad eclesiástica, es una especie de museo-. Todo el lugar en si es un escenario digno del Marqués de Sade; por si fuera poco, en torno al monte hay peligro real con las arenas movedizas -les sablons mouvants-, fluctuantes como las mareas, que todos los años dan pie a escenas de panique, según nos contaron..
LES SABLONS MOUVANTS
REFUGIADOS EN MISA
Todo en Saint Michel, si se es capaz de abstraerse de la muchedumbre -lo que no es empresa fácil- es salaz y solemne. Imbuidos de esa atmósfera, hasta nos metimos en una iglesia y escuchamos la misa del principio hasta el final, por supuesto oficiada en pomposo francés...
Aunque... no os recomiendo de ningún modo visitar Saint Michel en agosto.. elegid cualquier otro mes, si queréis ir para allá. Y eso que yo soy turistero y no me incomodan las aglomeraciones: pero todo tiene un límite, y el espacio allí es muy limitado.
UN PLACER INIGUALABLE

A pesar de lo singular del paraje y de sus reverberaciones, mi conclusión es que nada reemplaza al tesoro de mi memoria: la fotonovela por entregas del TP de 5 pesetas... como en casa no lo comprábamos semanalmente, el ritual se completaba en verano, en el chalet de mi familia granadina, donde gracias a la fidelidad de mi tía Anita, que adquiría religiosamente sus Teleprogramas y los guardaba para que su sobrino Justito husmeara meses después, yo completaba los rompecabezas...
(En esa entrañable publicación trabajó un tiempo, si no tengo mal entendido, aunque imagino que unos años después -ejem- Uno, amigo de esta casa y de muchas de las vuestras: pues va por ti, hala).
FOTONOVELA / IVÁN
¡Qué bonico!



























