martes, 22 de julio de 2008

ORGULLO 2008: MI ÁLBUM PERSONAL




Sábado 5 de julio, centro de Madrid


ALASKA.- ((Es lo primero que hago cada año, ver dónde se ubica, hacerle fotos, piropearla.. a ella le encantan esas cosas, y hace lo mismo con los demás.


Cada Orgullo tiene su afán, y si en una edición se nos indispuso a mitad del camino -dicen que lo que sube también tiene que bajar...-, en otra -quizá la primera realmente multitudinaria que hubo- se le escaparon las lágrimas al arribar su carroza a la Puerta del Sol, al son del A quién le importa, que suena sin parar en la marcha -por cierto, ¿quién elige el repertorio?; porque podrían variar un poco-.
En 2007 hubo un concierto ambulante de Fangoria con camión propio -que pretendieron boicotear cuatro iluminadas- y 2008 ha sido el año de la Libertad guiando al pueblo; ¡ah! y del simpático quiosquero de la Gran Vía, que la recibió con la pancarta que podéis ver en la foto. Alaska, inmanente.))






















POSARON PARA KORADOR:







CHICO DE LA JORNADA
((Ir en cabecera -como me ha tocado este año, será la primera y la última vez- limita la libertad de circulación, y por eso en la larga primera parte me refugié en la compañía de Petit y en el ojeo de un chico que, mientras vigilaba que todo lo relativo a la seguridad y el orden encajara en su cauce, no era consciente de la belleza y gracilidad inherentes a sus movimientos. Los demás, claro, sí que lo éramos.))

















ANDA Y QUE TE ONDULEN CON LA PERMANÉN..




(Premio Pichi 2008)

--Y SI TE SOFOCAS, TÓMALO CON SELTZ















JORDI, T´ESTIM

De repente se me presentó un señor bajito, humilde (??): "Hola, soy Jordi Petit" (¡¡¡).
¿Y cómo no te iba a conocer, a ti más que a ninguno, después de tantos años, de la referencia importantísima y pionera del Front D´alliberament Gai de Catalunya, del programa con la Milá en el 83 -hoy vamos a entrevistar a un homosexual-, de los artículos noventeros en el MENsual, de, en fin, estas décadas de lucha continuada -y discreta-, audaz, rompedora?
Jordi, qué ilusión compartir contigo esos momentos: para mí fue lo mejor de la jornada.

((Muchísimas gracias a Capri por el honor con que me ha distinguido al concederme uno de sus premios Blog Estrella. Él sí que lo es, una estrella, aunque sea tan discreto como Jordi Petit: sus aportaciones son siempre valiosas en fondo y en forma.

Y despedimos a Camilo Sesto de la barra de vídeo -aunque se queda en nuestro corazón- para recibir a Tiga, recién actuado en los Summercase de Madrid y Barcelona, ¡ah, qué bueno! La canción, You gonna want me, es muy adecuada para escuchar mientras se visualiza esta entrada. Por cierto, que he sabido de buena tinta que en Madrid las bandas urbanas la liaron en el concierto de Sex Pistols, no dejando los punkis de última hornada que las modernas se situaran en primeras filas: ¡quién lo hubiera dicho, a estas alturas!))

ALEGRES, VISIBLES, ORGULLOSOS: no hay vuelta atrás






¡¡Hasta el año próximo!!

sábado, 19 de julio de 2008

ÚLTIMAS PELÍCULAS FRANCESAS QUE HE VISTO



El cine francés actual se basa en la negativa a simplificar los dilemas morales de un mundo en cambio permanente. Carlos Losilla, Cahiers du Cinema España.

LE TEMPS QUI RESTE.
(El tiempo que queda). François Ozon, 2005.
Melvil Poupaud, Jeanne Moreau, Valeria Bruni Tedeschi.
Cine Doré, Filmoteca Española, Madrid
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Segunda parte de una trilogía de Ozon sobre la muerte -tenemos también recientes la extraordinaria Son frère, de Patrice Chèreau, sobre el mismo asunto, y My life without me de la Coixet-, aborda la cuestión sin tapujos y desde el principio.
Un joven profesional de éxito ha de enfrentarse a una sentencia segura de muerte en unos meses, quizá unas semanas.


Este joven -Melvil Poupaud, los adictos a Rohmer os acordaréis de él por el Cuento de Verano; y su madre es aquí Marie Rivière, la protagonista de El rayo verde- es para más señas gay, aparece despojado de sentimientos profundos, inmerso en el entorno cruel de la vida urbanita más trepidante -es como el reverso del buen homosexual del que habla a veces Pombo-.
¿Cómo reaccionará?
Merece la pena descubrirlo en esta película que nos ofrece algunos instantes de oro, como aquellos en los que crepita la vieja y gloriosa Jeanne Moreau, o el ménage à trois con la guapa Valeria Bruni Tedeschi y su maridote. Y la despedida con la hermana: me puse tan nervioso, por no llorar, que me dio un calambre horrible en la pierna.

LES TEMPS QUI CHANGENT.
(Otros tiempos). André Téchiné, 2004.
Catherine Deneuve, Gérard Depardieu, Gilbert Melki, Lubna Azabal y Malik Zidi.
Cine Doré, Filmoteca Española, Madrid
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Penúltima película de este querido director, preocupado por la ambigüedad latente en las relaciones familiares, los conflictos de identidad sexual, los procesos de acogida e integración de inmigrantes, los desiguales recursos emocionales y materiales de que disponen las personas para encontrar su camino.
Es Techiné un director sutil y de matices, pero no intrincado ni cargante, ni efectista. La lectura de sus películas es, a pesar de su rigor, sencilla y agradecida, como beber un vaso de agua fresca teniendo sed.
En esta ocasión juntó de nuevo para la gran pantalla nada menos que a Catherine Deneuve y Gérard Depardieu -los dos fabulosos, nunca le había visto a él tan contenido, lejos del histrionismo en que a veces se ha regodeado-.

Rodada en Tánger -igual que Lejos, donde se lucía nuestro efebo de Los juncos salvajes, Stéphane Rideau-, aborda, entre otros temas, la viabilidad del amor romántico en la madurez o la diferente concepción del sentimiento y el sexo entre europeos y marroquíes -¡atención a la escena con los perros!-.
Muy Téchiné todo -¡tengo aún pendiente la última, Los testigos!-.





LA FILLE COUPÉE EN DEUX.
(La chica cortada en dos). Claude Chabrol, 2007.
Ludivine Sagnier, Benoît Magimel, François Berléand, Mathilda May.
Cines Princesa, Madrid
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El problema es que los tiempos de Una chica y un señor -clasicazo kitsch de la pre-transición donde Pedro Masó dirigió a Ornella Muti- quedaron atrás, y el romance de la todavía casilolita Ludivine Sagnier con el demasiado curtido François Berléand no tiene credibilidad ninguna, por muy intelectual que él aparezca -como no la tiene la mujer sufridora que le ampara, y menos en Francia-.
Me cuesta decirlo -porque sigo a este longevo y personal director y casi siempre me interesa, a veces me maravilla: La ceremonia, sobre todo- pero éste me parece uno de sus films menos destacables, y eso que deslumbra en su interpretación de cretino integral el sexy Benoît Magimel -¡aunque aquí está horrible!, muy a tono con el papel, me recordó al Vincent Cassel de Promesas del Este-.